La solidaridad se convierte en delito: el precio de hablar

Internacionalismo, resistencia y Palestina bajo el peso de la criminalización



La charla, celebrada el pasado 17 de julio en la Sala La Internacional de Valencia y presentada por Olga Carrasco, se desarrolló en un contexto marcado por la situación judicial de Asier Herranz y Youssef Brahim. Ambos fueron investigados, detenidos y puestos a disposición de la Audiencia Nacional española en Bilbao el 16 de junio y posteriormente quedaron en libertad condicional, con retirada de sus pasaportes y obligación de comparecer periódicamente ante los juzgados, a la espera de que avance el procedimiento. El encuentro se planteó como un espacio de solidaridad con ambos, pero también como una oportunidad para abordar lo que los organizadores y el propio Asier consideran una creciente criminalización de distintas expresiones de solidaridad con Palestina y con las fuerzas que identifican como parte del Eje de la Resistencia.

La intervención de Asier Herranz estuvo además condicionada por su propia situación judicial. Con la causa todavía abierta y consciente de que sus declaraciones podían tener consecuencias dentro del procedimiento, explicó que sus abogados le habían recomendado extremar la prudencia. Desde esas circunstancias, su intervención recorre su trayectoria política, su interpretación de los acontecimientos de Asia Occidental y, de manera especial, su lectura del proceso judicial que afronta junto a Youssef. No se trata, por tanto, de una exposición desligada de su experiencia personal, sino de una intervención atravesada por ella: la palabra política, la solidaridad internacionalista y el precio que, según su planteamiento, puede llegar a pagarse por ejercerlas.

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La carta de Youssef Brahim

Youssef Brahim no pudo asistir al acto por motivos laborales y envió una carta que fue leída a los asistentes al encuentro. En ella explica las circunstancias que le impidieron estar presente, pero sitúa su ausencia dentro de una reflexión más amplia sobre el proceso judicial que ambos afrontan. Considera que la causa constituye un intento de criminalizar el internacionalismo y generar miedo entre quienes mantienen su compromiso con Palestina. Desde esa perspectiva, reivindica su decisión de continuar dando voz a quienes considera víctimas de la opresión y expresa su solidaridad con quienes mantienen ese compromiso en las calles, las plazas y las redes. A continuación, su texto íntegro:

Me dirijo a vosotros a través de estas líneas, porque las exigencias de mi realidad laboral que impiden impiden estar físicamente allí. Trabajo en la noche como portero de discoteca, un oficio duro y que no me permite tener noches libres para compartir estos momentos con vosotros. Y no puedo faltar ni un día porque mi madre y mi hermana dependen de mí tanto económicamente como en el ámbito de salud, sosteniendo su salud mental mientras afrontamos también este proceso judicial.

Hoy debería estar sentado con vosotros compartiendo solidaridad y la ardua tarea de dar voz a los que sufren un genocidio. Mi compañero y yo nos enfrentamos a una causa penal que no es más que un montaje policial perfectamente orquestado. Buscan criminalizar el internacionalismo y sembrar el miedo a través del escarmiento, pretendiendo que el silencio sea la norma. Pero se equivocan. La devastación humana y el sufrimiento de la infancia bajo las bombas del sionismo no se pueden borrar con un decreto judicial.

Callar ante el genocidio no era una opción. La neutralidad es complicidad.

Los tribunales del régimen español podrán juzgarme, pero la fiscalía de mi propia conciencia ya me ha absuelto. Al mirarme al espejo veo a alguien que prefirió asumir las consecuencias de la mal llamada justicia antes que la cobardía de la indiferencia. El niño que fui duerme en paz porque su adulto no se acobardó cuando Palestina y el Líbano necesitaban una voz.

Desde mi puesto de trabajo envío todo mi apoyo y fuerza inquebrantable a quienes seguís en las calles, redes digitales y plazas dando voz a los oprimidos. No dejéis de morder, vuestra constancia es el mayor escudo frente a la persecución.

Eskerrik asko. Palestina Libre. Fuerza al pueblo del Líbano.

Para finalizar esta presentación y cederle la palabra a Asier, Ana Carrasco cita a Ghassan Kanafani, activista palestino asesinado por “Israel” en mil novecientos setenta y dos:

Usted utiliza la palabra terrorismo. Yo utilizo la palabra resistencia. ¿Cuál es la diferencia? Depende de quién escribe la historia. La historia es siempre gente débil, luchando contra gente fuerte. Los fuertes escriben los libros controlan los periódicos. Las televisiones dicen que sus soldados son héroes. Dicen que nuestros combatientes son terroristas. Esa es la única diferencia.

La intervención de Asier Herranz

Herranz comienza situando su intervención bajo la presión de la investigación judicial. Explica que no puede expresar libremente todo lo que piensa porque determinadas afirmaciones podrían ser utilizadas en su contra y recuerda que sus abogados le han pedido que actúe con especial cautela. Esa circunstancia no es para él un elemento secundario, sino parte del propio contenido de la charla: su experiencia personal le sirve como punto de partida para reflexionar sobre lo que considera un proceso más amplio de criminalización de la solidaridad internacionalista.

A partir de ahí reconstruye el origen de su trayectoria política. Sitúa uno de los momentos fundamentales en torno a la guerra contra Siria. Tanto él como Youssef, explica, comenzaron a cuestionarse la posición adoptada por determinados sectores europeos ante un conflicto que, desde su perspectiva, no podía entenderse simplemente como una guerra interna. Le sorprendía especialmente que Estados y movimientos que habían recibido en otros momentos el apoyo de sectores de la izquierda y del internacionalismo fueran contemplados ahora desde una posición radicalmente distinta.

En ese recorrido menciona Libia, Siria, Palestina y Líbano, y plantea una cuestión que terminará convirtiéndose en uno de los ejes centrales de toda su intervención: la contradicción que, a su juicio, existe entre defender la causa palestina y rechazar al mismo tiempo a quienes considera parte de la resistencia efectiva frente al ente sionista. Su crítica se dirige especialmente a sectores de la izquierda europea que, según su interpretación, han terminado apoyando posiciones que considera incompatibles con la defensa de Palestina.

La resistencia libanesa ocupa un lugar especialmente importante en ese relato. Asier cuenta que su interés por ella comenzó siendo muy joven, cuando observaba las movilizaciones de solidaridad con Palestina y, al mismo tiempo, echaba en falta una reivindicación de quienes habían conseguido enfrentarse militarmente a “Israel”. Su posterior aproximación a la historia política del Líbano le llevó, según explica, a interesarse por las relaciones entre la resistencia libanesa, sectores comunistas y otras fuerzas políticas del país. La guerra de 2006 aparece en su relato como un momento especialmente significativo para comprender esa relación.

Desde esa experiencia, Asier Herranz sostiene que uno de los principales problemas de la izquierda europea ha sido separar artificialmente la causa palestina de las fuerzas que, según su lectura, contribuyen a sostenerla. Su argumento podría resumirse en una idea que atraviesa repetidamente la charla:

No considera suficiente solidarizarse con las víctimas palestinas si, al mismo tiempo, se rechaza a quienes las apoyan o combaten contra quienes, desde su perspectiva, sostienen la ocupación.

Ese planteamiento le lleva a explicar su propia actividad militante en Euskal Herria. Habla de la creación de espacios de apoyo a Siria y de las conferencias y actividades desarrolladas durante aquellos años. Según su relato, esas iniciativas comenzaron a generar tensiones precisamente porque reivindicaban posiciones que cuestionaban el relato dominante sobre la guerra siria. Asier relaciona esa experiencia con su posterior actividad de solidaridad con Palestina y, después, con Irán.

Tras el 7 de octubre, él y Youssef comenzaron a trabajar juntos de manera más estrecha en torno a la solidaridad con Palestina. Posteriormente, a raíz del ataque no justificado de Estados Unidos e “Israel” a la República Islámica de Irán que Asier sitúa en el centro de su relato, participaron en la creación de un espacio de solidaridad con esta última y organizaron actividades públicas. Entre ellas destaca la visita del embajador iraní en España Reza Zabib a distintos puntos de Euskal Herria donde dio una serie de ponencias públicas. Para él, aquella iniciativa pretendía contrarrestar lo que considera una visión caricaturizada de Irán y ofrecer un espacio para conocer directamente la posición iraní.

Después de aquellas actividades, se produjo un incremento de la atención mediática sobre su trabajo. Herranz menciona expresamente artículos publicados por medios españoles y sostiene que determinadas informaciones presentaron las actividades de solidaridad como una forma de apoyo al terrorismo. Es en este punto donde enlaza directamente su actividad política con la causa judicial que afronta.

Una parte considerable de la intervención está dedicada precisamente a explicar esa causa. Enumera entonces las acusaciones que, según expone, forman parte del procedimiento: supuesta vinculación con Hezbollah, colaboración o financiación, apología del terrorismo, autoadoctrinamiento y difusión de determinadas interpretaciones sobre los acontecimientos del 7 de octubre. Rechaza haber mantenido relaciones de colaboración o financiación con Hezbollah, aunque reconoce abiertamente su simpatía política por la resistencia libanesa. También cuestiona que la lectura de libros de historia y sociología pueda convertirse en una prueba de «autoadoctrinamiento» y critica que determinadas posiciones sobre el 7 de octubre sean presentadas automáticamente como teorías conspirativas.

La descripción de su detención y de los registros domiciliarios constituye otro de los momentos centrales de la charla. Asier Herranz relata que fue detenido después de que la investigación hubiera trascendido a los medios, y explica que durante los registros fueron incautados ordenadores, teléfonos, libros y otros objetos personales. Insiste en que no se considera un delincuente y que su intención es continuar desarrollando su actividad política dentro de los límites que establece la ley, precisamente para poder seguir defendiendo públicamente sus posiciones.

La libertad condicional y la retirada de los pasaportes tienen también consecuencias concretas sobre su vida personal. Menciona viajes que ha tenido que cancelar y la obligación de acudir periódicamente a los juzgados. Pero insiste en que el problema no es únicamente individual. Para él, aceptar un acuerdo que pudiera establecer un precedente desfavorable tendría consecuencias sobre futuras expresiones de solidaridad con Palestina. De ahí su rechazo a convertir su situación en un asunto exclusivamente personal y su insistencia en que la respuesta debe ser colectiva.

Esa preocupación enlaza con uno de los argumentos políticos más importantes de la intervención:

La criminalización tiene, a su juicio, un efecto que va más allá de las personas directamente afectadas porque puede generar miedo y desmovilización.

Si quienes participan en actividades de solidaridad observan que esas actividades pueden conducir a procesos judiciales o penas de prisión, otras personas podrían decidir no participar. Precisamente por eso la solidaridad debe mantenerse incluso si él y Youssef terminan ingresando en prisión para cumplir una injusta condena de 15 años (solicitada por la Fiscalía española) de privación de libertad.

Asier Herranz

A partir de aquí, la intervención abandona progresivamente el terreno de su experiencia personal para entrar en su interpretación del escenario internacional. Siria, Palestina, Líbano, Yemen e Irán aparecen integrados en una misma lectura geopolítica. Sostiene que la cuestión palestina no puede separarse del equilibrio regional y que la posición de Irán resulta fundamental para comprender la capacidad de resistencia frente a “Israel”. Desde esa perspectiva, considera que la defensa de Palestina exige también comprender y apoyar a quienes, según él, desempeñan un papel material en esa resistencia.

Una parte importante de su exposición está dedicada a cuestionar la imagen occidental de Irán. Critica lo que considera una representación simplificada de la sociedad iraní y pone especial énfasis en la situación de las mujeres, su presencia en la universidad, la ciencia, la administración y otros ámbitos tanto profesionales como de gobierno. También señala la existencia de comunidades cristianas y judías en Irán y rechaza la tendencia a presentar las sociedades de raíz islámica como bloques homogéneos. Un ejemplo dado de la integración de estas comunidades es precisamente la mención del bombardeo reciente por parte de la entidad sionista y los EE.UU., de dos sinagogas en Irán, dejando así en evidencia, la diferencia entre la creencia religiosa del judaísmo de esta comunidad en suelo persa, con las del sionismo más reaccionario del ente en el ocupado en tierra Palestina.

Esta crítica se extiende a la propia terminología con la que se describe Asia Occidental. Cuestiona la expresión «Oriente Medio» por considerar que responde a una perspectiva geográfica construida desde Europa y propone utilizar «Asia Occidental». Su crítica al eurocentrismo no se limita, por tanto, a una cuestión terminológica: sostiene que determinadas categorías occidentales condicionan la forma en que se interpretan otras sociedades y terminan situándolas en una posición subordinada.

En ese mismo contexto aborda la cuestión del islam y del concepto de yihad. Su intención, según explica, es combatir la asociación automática entre yihad y terrorismo. Para ello recurre a ejemplos históricos de movimientos anticoloniales y de liberación nacional en los que el término fue utilizado para designar un esfuerzo de resistencia. Menciona, entre otros casos, la resistencia rifeña, la lucha anticolonial argelina y determinados episodios de la historia del movimiento comunista internacional.

Asier Herranz reconoce durante este tramo que mantiene una posición atea y crítica respecto de la religión, pero sostiene que esa posición no debería impedir comprender las motivaciones políticas e históricas de sociedades en las que la religión forma parte de la identidad colectiva. Su crítica vuelve a dirigirse contra lo que considera una actitud paternalista de determinados sectores europeos, que pretenderían juzgar otras sociedades desde categorías morales exclusivamente occidentales.

En su interpretación histórica del conflicto, Estados Unidos y Reino Unido ocupan también un lugar central. Asier cuestiona la idea de que el ente sionista llamado “Israel” actúe siempre como un poder completamente autónomo y sostiene que debe analizarse la relación entre este y las potencias occidentales que lo respaldan. Recurre a distintos episodios históricos para argumentar que Washington y, anteriormente, Londres han ejercido una influencia determinante sobre las decisiones israelíes.

Finalmente vuelve a Palestina y al papel de Irán. Sitúa el apoyo iraní a la resistencia palestina dentro de una trayectoria que, según su relato, comenzó con la Revolución iraní y la ruptura de relaciones con “Israel”. Para él, la capacidad militar adquirida posteriormente por los movimientos de resistencia palestinos no puede comprenderse al margen del apoyo técnico y material recibido de Irán. De este modo vuelve a su tesis inicial: Palestina, en su interpretación, no constituye un conflicto aislado, sino una pieza de un enfrentamiento regional mucho más amplio.

La intervención termina regresando al punto de partida: la criminalización. Insiste en que el caso que afecta a Youssef y a él mismo no debería entenderse únicamente como un problema particular. Lo presenta como parte de una tendencia más amplia que, a su juicio, afecta a activistas y organizaciones solidarias con Palestina en distintos países europeos. Su llamamiento final es, por ello, mantener la solidaridad y evitar que la presión judicial y mediática produzca el efecto que considera más peligroso: que el miedo termine sustituyendo a la participación y al compromiso internacionalista.

Una intervención para ser escuchada

Lamentablemente, la grabación que acompaña este texto conserva una intervención oral desarrollada en unas circunstancias excepcionales y registrada mediante una pista de audio cuya calidad limita considerablemente las posibilidades de transcripción. Por ello, este texto no pretende reproducir literalmente la ponencia ni sustituirla, sino ofrecer al lector una síntesis de sus principales argumentos y algunas claves para seguir el desarrollo de la intervención de Asier Herranz. La grabación sigue siendo, por tanto, aún y de mejorable calidad, el documento principal; este texto pretende únicamente acompañarla, ordenar sus grandes líneas de pensamiento y facilitar su escucha.

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