Las mujeres toman el poder en Irán – Zoha Abdejodai en Data Urgente con Sebastián Salgado

Comité de Apoyo a Irán 2026
¿Quién cuenta Irán cuando apenas se escucha la voz de quienes viven allí? ¿Quién habla de sus mujeres, sus universidades y su sociedad más allá de los estereotipos que dominan los masificados y “hegemónicos” medios de comunicación con su intencionado y estratégico sesgo?
Desde Teherán, la periodista iraní Zoha Abdejodai conversa con Sebastián Salgado, en el canal Data Urgente, sobre la realidad de su país en medio de la guerra de agresión sufrida y la presión de las potencias occidentales.
Su testimonio pone rostro y voz a una sociedad que reivindica su soberanía, su desarrollo científico y su identidad. Habla de mujeres que estudian, trabajan, investigan y participan en la defensa de su nación; de una historia familiar ligada a la Revolución Islámica y de un pueblo que no está dispuesto a renunciar a su independencia.
También comparte sus recuerdos de Argentina y su esperanza de que los vínculos entre ambos pueblos puedan recuperar la fuerza de otros tiempos.
Abdejodai habla desde sus convicciones, sin ocultar su compromiso político. Escucharla es acercarse a una perspectiva que rara vez ocupa el centro del relato mediático occidental. Comprender Irán exige dar espacio a quienes lo viven y lo defienden y esa, es una tarea compartida tanto de nuestro querido compañero Sebastián Salgado, de Data Urgente como nuestra.
Una conversación para comprender el Irán que no suele aparecer en nuestros medios
Hay entrevistas que nos obligan a revisar tanto las preguntas como las respuestas. Aquellas que llegan ya enmarcadas de antemano, con premeditación, como parte de ese relato con el que nos «bombardean» a diario. Frente a ellas, demasiado a menudo, debemos hacer el saludable ejercicio de tomar el «desvío» necesario para acercarnos a la realidad, sin manufacturas malintencionadas.
La conversación mantenida por Sebastián Salgado con Zoha Abdejodai nos conduce precisamente a ella, tomando ese imprescindible «desvío». Zoha nos permite escuchar una perspectiva que, con demasiada frecuencia, queda relegada cuando se habla de la República Islámica de Irán. Aunque quizá «relegada» no sea el término más cabal. Sería más preciso, y también más saludable, hablar de una realidad silenciada, amordazada, manipulada, soterrada o falseada… Nuestro diccionario de sinónimos es, por fortuna, riquísimo.
De ahí nuestro esfuerzo frente a esta manifiesta guerra cognitiva.
Desde el comienzo, Abdejodai sitúa su intervención en el contexto de la guerra de agresión lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán. Habla de los ataques contra su país, del martirio del líder supremo y de otros muchos dirigentes iraníes. Se refiere también a las víctimas civiles, entre ellas las 168 niñas, niños y docentes asesinados en el ataque múltiple con no menos de dos misiles Tomahawk contra la escuela Shajareh Tayyebeh de Minab, en el primer día de la agresión. Desde esta experiencia, interpreta la guerra como expresión de una violencia y una hostilidad que trascienden el terreno militar: lo que está en juego es la soberanía nacional, el control de los recursos y la capacidad del pueblo iraní para preservar su identidad política y cultural.
La periodista no esconde su posición. Se define como revolucionaria y expresa abiertamente su rechazo al imperialismo. Su testimonio está atravesado por esa convicción, clave imprescindible para comprender la manera en que vive y sufre los acontecimientos. Escucharla exige tomar muy en serio lo que dice, las razones que ofrece y sus valoraciones políticas de los hechos vividos por el pueblo iraní desde hace más de cuatro décadas.
Esa es, precisamente, la utilidad de una conversación como esta: ampliar el campo de visión, quitar la “mugre” de la hasbara dominante para ayudarnos a ver y comprender.
Una república con una estructura política propia
Uno de los primeros asuntos que aborda la entrevista es el funcionamiento de la República Islámica de Irán. Frente a la falsa y manipulada imagen que ofrece el imperialismo y el poder sionista mundial, de un sistema en el que una sola persona decidiría absolutamente todo, Abdejodai describe una estructura institucional que incluye presidencia, Parlamento y poder judicial, junto con la figura del líder supremo y otros órganos establecidos por la Constitución.
Explica que los presidentes son elegidos para mandatos de cuatro años y pueden ejercer dos mandatos. También subraya la existencia de diferentes corrientes políticas, desde sectores que consideran conveniente mantener negociaciones con Occidente hasta otros que defienden una posición más intransigente frente a las potencias que hostigan a Irán.
Para ella, estas diferencias no deben confundirse con una fractura fundamental sobre la defensa del país. En su interpretación, los sectores políticos pueden discrepar acerca de los métodos, las negociaciones o la conveniencia de continuar una confrontación hasta modificar la posición del adversario, pero comparten la necesidad existencial de defender la soberanía iraní.
La distinción es importante para entender su argumento. Abdejodai sostiene que la discusión dentro de Irán gira, en buena medida, en torno a cómo responder a la presión exterior, no a si el país debe renunciar a su independencia.
La entrevista también se detiene en la elección del líder supremo. La periodista explica que esa responsabilidad corresponde a una Asamblea de Expertos cuyos miembros son elegidos mediante votación popular y que, según su exposición, también debe supervisar que el líder actúe dentro del marco constitucional.
Su descripción pretende combatir la representación de la máxima autoridad religiosa como un dirigente sin límites institucionales. Conocer la arquitectura sociopolítica iraní resulta indispensable para analizar el sistema sin reducirlo a una caricatura.
Las diferencias políticas no desaparecen, pero la guerra cambia las prioridades
Abdejodai recuerda distintos gobiernos iraníes y las diferencias entre sus orientaciones. Menciona las presidencias de Hasán Rohaní, Ebrahim Raisi y Mahmud Ahmadineyad para ilustrar la diversidad de posiciones que, en su opinión, existe dentro del campo político revolucionario.
Algunos dirigentes han apostado más decididamente por el diálogo con Occidente. Otros han defendido una línea más centrada en la autonomía nacional y la resistencia a las presiones exteriores.
La periodista no presenta esas diferencias como inexistentes. Al contrario, reconoce que los gobiernos pueden modificar proyectos heredados y que las decisiones de una administración no siempre tienen continuidad en la siguiente. Su argumento es que esas discrepancias no deben confundirse con una supuesta voluntad general de entregar el destino del país a sus adversarios. En el contexto bélico que describe, considera que la prioridad compartida es la defensa nacional.
Esta idea atraviesa toda la conversación: un pueblo puede albergar distintas opiniones sobre su gobierno y, al mismo tiempo, rechazar que una potencia extranjera determine su futuro mediante la fuerza. La existencia de desacuerdos internos no convierte automáticamente a una sociedad en un país dispuesto a aceptar una intervención exterior. La cuestión de fondo es quién tiene derecho a decidir el rumbo de una nación. Para Abdejodai, esa decisión corresponde a los iraníes.
Las mujeres iraníes: educación, trabajo y protagonismo social
El momento más revelador de la entrevista llega cuando la conversación se desplaza hacia las mujeres. Abdejodai cuestiona directamente la imagen de la mujer iraní como una figura necesariamente sometida, privada de formación y relegada al ámbito doméstico. Para contrarrestarla, recurre a su propia experiencia profesional y a lo que observa en las universidades, los centros de trabajo y la vida cotidiana de su país.
Afirma que las mujeres tienen una presencia muy destacada en la educación superior iraní y sostiene que constituyen una parte mayoritaria del alumnado universitario. Durante la conversación llega a mencionar una proporción del 85 %. La cifra que la periodista destaca es inequívoca: las mujeres iraníes ocupan un espacio central en la formación académica y profesional.
Su propio recorrido sirve de ejemplo. Explica que comenzó a trabajar a los dieciocho años y que su dominio de idiomas, sus conocimientos y su experiencia le permitieron desempeñar funciones por las que, según cuenta, recibía una remuneración superior a la de algunos compañeros varones.
No presenta su trayectoria como una excepción milagrosa, sino como una muestra de las oportunidades que, desde su perspectiva, ha encontrado en Irán.
También reivindica el papel de las mujeres en la familia y en la transmisión del conocimiento. Su razonamiento es sencillo: cuando una mujer accede a una educación más amplia, esa formación repercute también en sus hijos, en su entorno y en la sociedad. La educación femenina no sería, por tanto, un asunto secundario, sino uno de los pilares del desarrollo colectivo.
La periodista contrapone esta realidad a la visión que, según ella, se proyecta distorsionada desde los medios occidentales. Se confunden deliberadamente las particularidades de la sociedad iraní con las estructuras sociales de las monarquías del Golfo, cuyas experiencias históricas y políticas considera muy diferentes.
Para ilustrarlo, relata un viaje que realizó a Arabia Saudí años atrás. Recuerda su sorpresa ante las restricciones y las prácticas de segregación que encontró, y compara aquella experiencia con su vida en Irán, donde conduce desde hace décadas y donde, según afirma, su madre y su abuela también conducían.
El relato no pretende agotar la diversidad de situaciones de las mujeres en ambos países. Su función en la conversación es más concreta: mostrar por qué rechaza que toda sociedad musulmana sea descrita a partir de una misma imagen.
El velo y el derecho a no ser reducida a una apariencia
La cuestión del hiyab ocupa otro lugar importante en la entrevista. Abdejodai defiende una interpretación religiosa y cultural según la cual la mujer no debe ser convertida en un objeto sexual ni valorada exclusivamente por su apariencia. Desde esa perspectiva, explica que la tradición islámica que reivindica busca situar a la mujer en el terreno de la dignidad humana y no en el de su explotación comercial o sexual. También relaciona el uso del velo con tradiciones históricas de la cultura persa.
Al preguntársele por la situación actual en Teherán, sostiene que conviven mujeres que llevan velo, otras que visten chador y otras que salen a la calle sin cubrirse el cabello. Presenta esa diversidad como expresión de distintos grados de religiosidad y de maneras de vivir la identidad iraní. Pero la afirmación central de Abdejodai merece ser escuchada en sus propios términos: las mujeres iraníes no son una masa uniforme, no piensan todas igual y no pueden ser explicadas únicamente a través de una prenda de vestir. Reducirlas a símbolos de una disputa entre Occidente y la República Islámica significa, en definitiva, volver a quitarles la voz.
Mujeres que también defienden su país
La conversación da un paso más cuando aborda la participación femenina en la defensa nacional. Abdejodai describe una sociedad en la que, según su testimonio, las mujeres no solo participan en la educación y la investigación científica, sino también en las actividades de apoyo que una nación necesita durante una guerra. Habla de formación, primeros auxilios, organización social y preparación ante posibles ataques.
Menciona asimismo la existencia de millones de personas inscritas en estructuras de movilización y disposición a colaborar en la defensa del país. Presenta esa participación como una expresión del compromiso colectivo.
Su testimonio incorpora también el recuerdo de científicas iraníes fallecidas durante los ataques y reivindica la contribución de las mujeres a la investigación tecnológica. Al hacerlo, rompe con una representación que suele situar a las iraníes en los márgenes de los acontecimientos, como si fueran únicamente espectadoras de decisiones tomadas por hombres.
Para ella, el protagonismo femenino no es una novedad impuesta por las circunstancias. Forma parte de la historia revolucionaria que ha vivido su familia durante generaciones.
Relata que su padre fue encarcelado durante la monarquía del sha y que otros miembros de su familia participaron en las luchas políticas anteriores a la Revolución Islámica. Se considera heredera de esa trayectoria y reivindica con orgullo su identidad revolucionaria.
Cuando recuerda una frase atribuida al fundador de la República Islámica, el ayatolá Jomeini, sobre el papel de las mujeres en la revolución, expresa una idea que resume su posición: las mujeres no son únicamente beneficiarias o víctimas de los procesos históricos, sino protagonistas de su desarrollo.
Ciencia propia frente a décadas de sanciones
Otro eje fundamental de la entrevista es el desarrollo tecnológico de Irán. Las sanciones internacionales han obligado al país a desarrollar capacidades productivas propias en numerosos ámbitos. Frente a la dependencia de tecnologías extranjeras, Zoha presenta la investigación nacional como una respuesta a las restricciones y como una herramienta de autonomía.
Dedica una atención especial a los drones y a la tecnología militar. Destaca su coste relativamente bajo, su utilidad operativa y la participación de científicos e ingenieros iraníes en su desarrollo. Estas capacidades han demostrado que las sanciones no han conseguido impedir que el país construya una industria tecnológica relevante.
La periodista también cuestiona la imagen de Irán como una sociedad atrasada, anclada en un pasado remoto. A su juicio, las capacidades científicas y militares que hoy muestra el país están obligando incluso a quienes mantenían esa representación a revisar sus ideas.
Conecta la tecnología con la independencia política: producir conocimiento, formar especialistas y fabricar equipos propios reduce la capacidad de otras potencias para imponer condiciones mediante bloqueos y restricciones.
Sus valoraciones sobre la superioridad y la eficacia de los sistemas militares iraníes ponen de relieve la importancia de la cuestión que plantea. La capacidad industrial y científica constituye un factor decisivo para analizar la autonomía de un Estado sometido a sanciones prolongadas.
La tecnología, en este relato, no es solo una cuestión de armamento. Es también una prueba de que una sociedad puede intentar construir sus propias herramientas de desarrollo en circunstancias adversas.
El estrecho de Ormuz y la disputa por el poder económico
La entrevista aborda finalmente el estrecho de Ormuz, un paso estratégico para el transporte internacional de hidrocarburos.
Abdejodai indica que Irán conserva la capacidad de vigilancia sobre esa zona y rechaza las informaciones que, según ella, presentan el tránsito marítimo como una actividad completamente ajena al control iraní. Distingue entre los barcos que circulan con autorización de las autoridades del país y aquellos movimientos que la propaganda podría presentar de manera engañosa.
También interpreta las declaraciones contradictorias de Donald Trump sobre las negociaciones y las amenazas militares como parte de una estrategia comunicativa capaz de influir en las expectativas económicas y en los precios del petróleo.
Estas son sus valoraciones sobre una situación que el lector puede contrastar, si así lo estima, con los datos de navegación, las declaraciones oficiales y la información económica independiente. Más allá de esa comprobación, lo relevante para comprender su perspectiva es que considera el estrecho de Ormuz un elemento central de la capacidad iraní para responder a la presión exterior.
La confrontación no se libra únicamente con misiles y drones. También afecta al comercio, a los mercados energéticos y a la capacidad de las grandes potencias para trasladar los costes de un conflicto al conjunto de la economía mundial.
Argentina, los vínculos entre los pueblos y una esperanza de futuro
La parte final de la conversación adquiere un tono más personal. Zoha cuenta que llegó a Argentina cuando tenía cinco años y que creció entre sus costumbres, su comida, su fútbol y su cultura popular. Recuerda con afecto aquella infancia y explica que, aunque después regresó a Irán, conserva un vínculo emocional profundo con el país latinoamericano.
Su relato introduce una dimensión humana que a menudo desaparece en las relaciones internacionales. Detrás de las diferencias diplomáticas existen historias compartidas, amistades, intercambios económicos y afinidades culturales que no se borran automáticamente cuando cambian los gobiernos.
La periodista lamenta el deterioro de las relaciones entre Argentina e Irán y expresa su esperanza de que puedan mejorar en el futuro. Recuerda los intercambios comerciales que existieron entre ambos países y considera que América Latina tiene una importancia creciente para Teherán.
También defiende que los pueblos latinoamericanos e iraníes pueden reconocerse en determinados rasgos culturales y en experiencias históricas que, desde su perspectiva, favorecen el entendimiento mutuo.
Su esperanza no depende de que desaparezcan las diferencias políticas, sino de que sea posible construir relaciones menos condicionadas por la confrontación y por las alianzas estratégicas de cada gobierno.
La conversación termina con un deseo que trasciende las fronteras: que llegue el día en que sea posible hablar de la realidad internacional sin vivir bajo la amenaza permanente de la guerra y la dominación.
Escuchar antes de juzgar
El valor de esta entrevista reside, ante todo, en la posibilidad de escuchar a una mujer iraní que explica su país desde su propia experiencia, con sus convicciones, sus recuerdos y su relato en primera persona de los actuales acontecimientos.
En su voz reconocemos la lucidez de una protagonista real, con los pies en el suelo, que forma parte de los millones de personas que dan vida a la nación iraní. Y nos recuerda una verdad fundamental: ninguna comprensión seria de un conflicto puede construirse excluyendo de antemano a quienes viven en una de sus partes.
Zoha Abdejodai habla de soberanía, pero también de universidades, salarios, madres, científicas, tradiciones familiares y recuerdos de infancia. Habla de tecnología militar, pero también de educación y de la capacidad de una sociedad para producir conocimiento. Habla de la resistencia política, pero también de la esperanza de recuperar relaciones humanas que la confrontación ha deteriorado. Es esa combinación la que merece nuestra atención.
Detrás de la imagen de Irán como amenaza geopolítica existe una sociedad de noventa millones de personas, con una historia milenaria, diferencias internas, aspiraciones y contradicciones. Comprenderla exige algo más que repetir las categorías con las que sus adversarios la describen, construidas sobre marcos de interpretación torticeros e interesados. Exige escuchar, contrastar y pensar.
La voz de una mujer no representa por sí sola a todo un país. Pero tampoco puede ser descartada simplemente porque contradiga la imagen que nos hemos «acostumbrado» a recibir. Una imagen que, como el martillo del herrero sobre el yunque, va moldeando nuestras percepciones golpe a golpe, hasta hacer que lo construido termine pareciéndonos natural.
En tiempos de guerra, escuchar al otro se convierte en un acto de conocimiento, de valentía y, en ocasiones, de resistencia frente a la simplificación. Esta conversación nos brinda la oportunidad de hacerlo.
Os invitamos a escuchar íntegramente la entrevista de Sebastián Salgado a Zoha Abdejodai, desde Teherán, en el canal Data Urgente. Más allá de las coincidencias o discrepancias que cada cual pueda encontrar en sus palabras, merece la pena conocer de primera mano cómo interpreta una periodista iraní la situación de su país, el papel de sus mujeres y la lucha por su soberanía.
Para comprender un pueblo no basta con hablar de él. También hay que dejar que hable.
Comité de Apoyo a Irán 2026