SHAHR-E SUKHTEH: HUELLAS DE UNA SOCIEDAD ANTIGUA EN IRÁN

Antes que nosotros, otras manos construyeron el mundo

Comité de Apoyo a Irán Iberia 2026

Una prótesis ocular, una copa decorada con imágenes sucesivas y una intervención craneal permiten acercarse a las capacidades técnicas y a las prácticas de una sociedad de la Edad del Bronce.
Milenios antes de que una embrionaria y aún oscura “Europa” levantara las catedrales que hoy identificamos con su historia, en Asia Occidental ya florecían ciudades, se desarrollaban técnicas artesanales, circulaban conocimientos y se construían formas de organización social que contribuyeron a transformar la experiencia humana. Esta región, cruce de pueblos, culturas y civilizaciones, ocupa un lugar fundamental en la larga historia de la humanidad: en ella hunden sus raíces algunas de las tradiciones intelectuales, jurídicas, religiosas y éticas que han contribuido a configurar el mundo que hoy habitamos.

En el territorio del actual Irán, los restos de Shahr-e Sukhteh nos acercan a una de aquellas sociedades que, hace casi cinco mil años, exploraban las posibilidades de la técnica, representaban el movimiento, fabricaban objetos especializados y trataban de responder a la enfermedad. Sus vestigios no nos ofrecen una leyenda sobre un pasado perfecto, sino algo mucho más valioso: pruebas materiales de la creatividad humana y de la complejidad de unas sociedades cuya historia merece ser conocida sin prejuicios ni simplificaciones.

Recuperar este legado significa también cuestionar una visión colonial de la historia que relega a Asia Occidental a un escenario secundario, como si su importancia comenzara únicamente cuando aparece en los relatos de otros. La civilización que hemos heredado no nació de una sola vez ni pertenece a un único pueblo: es el resultado de múltiples experiencias históricas, intercambios y transformaciones. Y entre sus raíces más profundas se encuentra esta tierra antigua, cuyo pasado todavía tiene mucho que enseñarnos sobre nosotros mismos.

En el sureste de Irán, en la provincia de Sistán y Baluchistán, se encuentran los restos de Shahr-e Sukhteh, la Ciudad Quemada. Este asentamiento de la Edad del Bronce constituye uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la región y ofrece información sobre las formas de vida, las técnicas artesanales y las prácticas sociales de sus habitantes.

La tumba nº 6705 con ojo artificial

El yacimiento forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2014. Su expediente oficial de inscripción permite conocer la importancia histórica del asentamiento, su cronología y las razones por las que ha sido reconocido como un lugar de excepcional interés arqueológico.

Entre los hallazgos recuperados destacan tres piezas que despertaron un especial interés: un objeto artificial alojado en la órbita ocular de una mujer adulta, una copa de cerámica decorada con una secuencia de imágenes de una cabra y un árbol, y el cráneo de una adolescente que presenta señales de una intervención quirúrgica.

Bolsa de cuero que se usaba para mantener el ojo artificial

Estos hallazgos se describen en la página Interesting Information, publicada en el portal del proyecto arqueológico de Shahr-e Sukhteh, que constituye la fuente principal de este trabajo. Son testimonios diferentes, pero comparten una característica: permiten estudiar capacidades humanas antiguas a partir de evidencias materiales concretas, sin necesidad de recurrir a explicaciones extraordinarias.

Un objeto artificial en la órbita ocular

Durante las excavaciones de Shahr-e Sukhteh se descubrió, en la tumba 6705, el esqueleto de una mujer adulta con un objeto artificial alojado en la órbita izquierda.

Ojo artificial

La pieza, de forma aproximadamente semiesférica, presentaba un círculo central que representaba el iris, líneas radiales de aspecto metálico y pequeños restos de pigmentación blanca. Dos perforaciones laterales habrían permitido pasar un hilo para sujetarla.

La descripción arqueológica inicial propuso que el material principal podía ser betún natural mezclado con grasa animal. También señaló marcas en la órbita compatibles con un contacto prolongado entre el objeto y el cuerpo.

La investigación se recoge en el trabajo de Sajjadi y otros autores, An artificial eye from Shahr-i Sokhta: the ocular prosthesis from grave 6705. Puede consultarse su ficha bibliográfica en el repositorio académico de la Universidad de Nápoles L’Orientale.

Estos indicios respaldan la interpretación de que pudo utilizarse como prótesis ocular en vida. Sin embargo, la composición exacta no quedó definitivamente establecida en los primeros análisis, y no existen pruebas que permitan afirmar que el dispositivo restaurase la visión.

La relevancia del hallazgo es considerable por sí misma. La pieza refleja la capacidad de trabajar distintos materiales, elaborar detalles decorativos y producir un objeto adaptado a una parte concreta del cuerpo humano.

Su datación se sitúa en torno al final del cuarto o comienzos del tercer milenio antes de nuestra era, según la cronología utilizada para el contexto arqueológico. Por ello, constituye un testimonio muy temprano de la fabricación de un objeto interpretado como prótesis ocular.

Una copa y cinco imágenes sucesivas

Otro hallazgo destacado procede de la tumba 731. Se trata de una copa de cerámica en cuya superficie aparecen cinco escenas sucesivas de una cabra y un árbol.

Las imágenes muestran al animal aproximándose al árbol, preparándose para saltar, alcanzando las hojas y descendiendo después. Observadas consecutivamente, permiten reconocer una acción representada mediante distintas fases.

Cáliz pintado de cerámica buff con cabra en movimiento que es la primera muestra de animación en el mundo datada en el 2800 a.C. (4800 años antes del presente)

La copa fue recuperada durante las excavaciones arqueológicas del yacimiento. El contexto histórico y arqueológico de Shahr-e Sukhteh puede consultarse en la documentación oficial de la UNESCO, mientras que la descripción de este objeto forma parte de la información divulgada por el portal del proyecto arqueológico iraní.

La interpretación de la secuencia como una representación del movimiento ha convertido la pieza en un ejemplo especialmente conocido de la capacidad narrativa de la cerámica antigua.

En ocasiones se presenta como la primera animación de la historia. Es una formulación atractiva, pero conviene precisar su alcance: lo que puede documentarse es una secuencia visual que representa las distintas fases de una acción. La prioridad absoluta de este hallazgo frente a todas las demás formas antiguas de representar el movimiento es una cuestión diferente y exige criterios comparativos más amplios.

La copa no necesita un título grandilocuente para resultar significativa. Sus imágenes demuestran que un artesano de aquella época supo organizar una escena mediante una sucesión de posiciones reconocibles, integrándolas en la decoración de un objeto cerámico.

Una intervención craneal hace unos 4.800 años

El tercer hallazgo nos acerca a una dimensión distinta de la experiencia humana: el tratamiento de una afección física grave.

Un estudio publicado en 2007 en el Journal of Neurosurgery examinó un cráneo procedente de Shahr-e Sukhteh, atribuido a una adolescente de unos 13 o 14 años y datado aproximadamente hacia 2800 antes de nuestra era.

El cráneo de una adolescente que había sido operada por la enfermedad de hidrocefalia

El artículo, titulado Cranial trephination in ancient Iran: case illustration, está firmado por Behzad Eftekhar y otros autores. Se puede consultar su registro en PubMed.

El cráneo presenta una abertura triangular en el hueso parietal derecho. Los investigadores observaron señales de regeneración ósea alrededor de la perforación, un indicio de que la joven pudo sobrevivir entre seis y nueve meses después de la intervención.

La catacumba nº 1705 durante la excavación

Los autores plantearon que ciertas anomalías craneales podían estar relacionadas con la hidrocefalia, aunque no pudieron establecer de manera definitiva todos los detalles clínicos del caso. Tampoco determinaron con certeza la causa de la muerte ni los procedimientos utilizados para controlar el dolor, la hemorragia o las posibles infecciones.

El hallazgo constituye una evidencia de trepanación en el antiguo Irán y sitúa esta práctica en el contexto de otras intervenciones craneales conocidas en diferentes sociedades antiguas.

No permite afirmar que la medicina de Shahr-e Sukhteh fuese equivalente a la de épocas modernas. Sí demuestra que, hace casi cinco mil años, se realizaron intervenciones deliberadas sobre el cráneo humano y que, en este caso, existen señales compatibles con una supervivencia posterior prolongada.

El pasado a través de las pruebas

La prótesis ocular, la copa decorada y el cráneo intervenido nos hablan de tres ámbitos diferentes: la fabricación de objetos especializados, la representación visual y el tratamiento de problemas físicos.

Cada hallazgo posee sus propios límites documentales. La composición de la prótesis requiere distinguir entre las observaciones iniciales y los resultados analíticos concluyentes. La copa permite estudiar una secuencia de imágenes, pero no resuelve por sí sola la cuestión de cuál fue la primera representación animada de la historia. El cráneo documenta una intervención, aunque deja abiertas preguntas sobre su finalidad y sus circunstancias.

Estas cautelas no disminuyen la importancia de los hallazgos. Al contrario, permiten apreciar mejor aquello que la investigación ha establecido y reconocer con honestidad lo que todavía no sabemos.

Shahr-e Sukhteh muestra que la historia de las sociedades antiguas puede estudiarse mediante objetos y restos humanos capaces de revelar conocimientos técnicos, decisiones prácticas y formas de representar el mundo. Su valor reside en las evidencias que conserva y en las preguntas que todavía plantea a la investigación arqueológica.

Una mirada al pasado para comprender el presente

Los hallazgos que hemos recorrido no son nuevos ni pretenden descubrir una historia desconocida. Queremos, sencillamente, abrir de vez en cuando una ventana al pasado y pasear por la historia, la cultura y el legado de estas tierras milenarias. Porque Irán y Asia Occidental no son únicamente los escenarios de los conflictos que hoy ocupan los titulares: son también territorios de una riqueza histórica y humana extraordinaria, cuyo conocimiento ha sido relegado y cuya memoria ha sufrido el silenciamiento interesado de los relatos coloniales dominantes. Un legado cuyas huellas merecen ser conocidas, comprendidas y preservadas.

En el CAI seguiremos volviendo a ellas, sin prisa, con curiosidad y respeto, para recordar que bajo el ruido de la actualidad permanece una historia mucho más antigua y profunda.

Conocer el pasado exige algo más que asombrarse ante sus vestigios: exige estudiarlos, contrastarlos y respetar lo que realmente pueden decirnos.

Fuentes documentales

Fuente principal

Fuentes complementarias

  1. La prótesis ocular: Sajjadi y colaboradores, An artificial eye from Shahr-i Sokhta: the ocular prosthesis from grave 6705. Ficha bibliográfica en el repositorio académico de la Universidad de Nápoles L’Orientale.
  2. La copa y el contexto arqueológico: UNESCO, Shahr-i Sokhta, expediente de Patrimonio Mundial.
  3. La intervención craneal: Eftekhar y colaboradores (2007), Cranial trephination in ancient Iran: case illustration, Journal of Neurosurgery, 106(1), p. 70. Registro bibliográfico en PubMed.
  4. Contexto general y protección del yacimiento: UNESCO, ficha oficial de Shahr-i Sokhta.

Nota editorial: la página iraní constituye la fuente principal de divulgación consultada. Las publicaciones científicas y la documentación de la UNESCO permiten contrastar distintos aspectos de los hallazgos, pero no todas las afirmaciones divulgativas tienen el mismo grado de respaldo. Las interpretaciones se han formulado de manera prudente cuando las fuentes no permiten establecer una conclusión definitiva.

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