André Fadda: «La gente está harta y ya no puede más»

En esta entrevista con la doctora Ángeles Maestro y difundida por el canal de la organización Coordinación de Núcleos Comunistas, el sindicalista de la Confédération Générale du Travail francesa (C.G.T.) André Fadda ofrece un testimonio directo de las movilizaciones que recorren Francia. Desde la experiencia de quien participa en las luchas y sigue sus acontecimientos sobre el terreno, describe la extensión de las protestas, la desmesurada violencia policial, las gravísimas lesiones sufridas por manifestantes, las denuncias de infiltraciones y la presencia organizada de grupos fascistas. Frente a la imagen de desorden que, según denuncia, difunden los grandes medios de comunicación, Fadda sitúa en primer plano las causas sociales de la movilización: el encarecimiento de la vida, los recortes de los servicios públicos, el deterioro de las condiciones laborales y el gasto militar. Un testimonio que invita a mirar más allá de las imágenes de enfrentamientos para comprender el conflicto social que se encuentra detrás de ellas.
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Una movilización que nace del deterioro de las condiciones de vida
Las movilizaciones que se extienden por Francia y diferentes países de la U.E., no pueden entenderse como una sucesión aislada de disturbios ni reducirse a las imágenes de enfrentamientos que ocupan los espacios informativos. Así lo plantea André Fadda al relatar lo que ha vivido durante unas jornadas marcadas por la extensión de la protesta y una respuesta policial que califica de extraordinariamente violenta.
Fadda comienza por recordar el origen de este proceso. Las primeras movilizaciones a las que se refiere fueron protagonizadas por estudiantes de secundaria, que llevaban aproximadamente un mes protestando por la falta de medios en sus institutos y por unas condiciones de enseñanza cada vez más deterioradas. A esa protesta se incorporaron progresivamente trabajadores de distintos sectores, entre ellos funcionarios, bomberos y trabajadores de las refinerías. También volvieron a confluir con el movimiento los chalecos amarillos, protagonistas de las movilizaciones iniciadas en 2018.
La acumulación de reivindicaciones y la incorporación de nuevos sectores desembocaron en la jornada de lucha del 17 de octubre, que Fadda describe como un éxito de participación. Según sus estimaciones, más de 800.000 personas, cerca de un millón, se concentraron en numerosas ciudades francesas.
Para André, esta amplitud resulta inseparable de las condiciones materiales que empujan a la población a movilizarse. La carestía de la vida, el aumento de los precios de los carburantes, los recortes de los servicios públicos y el deterioro de las condiciones de existencia de los trabajadores constituyen el trasfondo de unas protestas que reúnen a estudiantes, asalariados y sectores sociales muy diversos.
A estas reivindicaciones añade una cuestión que considera fundamental: el gasto militar destinado a sostener la guerra en Ucrania del lado del régimen de Zelenski, en un contexto de confrontación con Rusia. Desde su perspectiva, resulta difícil justificar la movilización de enormes recursos para el rearme y la guerra mientras se deterioran los servicios públicos y se reducen los derechos sociales.
Una represión que, según Fadda, se extiende por todo el país
El relato de André Fadda se detiene especialmente en la desmedida actuación policial durante la jornada del 17 de octubre. Su descripción no se limita a los enfrentamientos registrados en París, que suelen concentrar la atención de los medios de comunicación. Insiste en que la represión se produjo en numerosas ciudades y que alcanzó también a concentraciones pacíficas, sentadas y manifestaciones que apenas comenzaban a ponerse en marcha.
Como ejemplo, menciona Toulouse, donde, según explica, una manifestación encabezada por representantes sindicales fue atacada repentinamente por la policía, que cargó con una violencia desproporcionada y sin mediar provocación alguna contra los dirigentes sindicales.
Fadda denuncia asimismo lesiones de extrema gravedad. Durante la entrevista menciona el caso de un joven de 17 años que perdió una mano por el impacto de una granada aturdidora en Saint-Étienne, así como el de una estudiante de la misma edad que sufrió la pérdida de un ojo tras recibir el impacto directo de un proyectil policial en Alsacia.
En su relato, André habla del fallecimiento a causa de la represión policial, de un joven médico, participante en las protestas y que prestaba servicio voluntario de auxilio a los heridos por dicha represión . Información esta que, horas mas tarde de haberse realizado la grabación de esta entrevista, se confirmó como errónea, dado el tumulto y caos de informaciones y contrainformaciones sesgadas generadas por los medios de difusión masiva.
A su juicio, la violencia ejercida durante estas jornadas no puede desligarse de la finalidad intimidatoria que atribuye a la actuación del Estado: infundir miedo entre la población para reducir la participación en las protestas. Las detenciones, las lesiones y las cargas indiscriminadas formarían parte, desde su perspectiva, de una respuesta destinada a contener una movilización que ha desbordado los cauces habituales.
Más allá de las imágenes de enfrentamientos
Uno de los argumentos centrales de Fadda es que la cobertura mediática tiende a desplazar el foco desde las reivindicaciones sociales hacia los episodios de violencia. Las imágenes de saqueos y de enfrentamientos con la policía ocuparían así el lugar que debería corresponder a las causas de la protesta.
El sindicalista no niega que se hayan producido saqueos ni que algunas personas hayan participado en acciones violentas. Reconoce que existen personas que, empujadas por la pobreza y la miseria, rompen escaparates y se llevan productos de los establecimientos. Vincula estas situaciones a una sociedad capitalista que precariza a la clase trabajadora y que, al mismo tiempo, impone un modelo de consumo al que amplios sectores de la población no tienen acceso en condiciones dignas.
Pero su denuncia apunta también a otra cuestión: la existencia de vídeos y testimonios que mostrarían a individuos vestidos de paisano o incluso uniformados participando en destrozos y sustrayendo productos de establecimientos afectados durante los enfrentamientos.
Fadda sostiene que estas imágenes circulan por las redes sociales y denuncia que la actuación de determinados agentes policiales queda fuera del relato predominante. Menciona, además, la presencia de policías infiltrados en las manifestaciones, una práctica que sitúa en una trayectoria que se remontaría a décadas anteriores.
Como ejemplo, recuerda un episodio en el que varias personas que vestían de negro comenzaron a apedrear un camión de bomberos. Según cuenta, algunos manifestantes intervinieron para detenerlos, dado el respeto que los bomberos despiertan entre la población y la participación de este colectivo en las luchas sociales. Los individuos señalados habrían resultado ser policías de paisano.
Relata situaciones similares en otras ciudades y plantea dudas sobre la posible presencia de agentes infiltrados entre quienes protagonizaron destrozos en el Ayuntamiento de Marsella. Se trata de denuncias y sospechas que forman parte de su explicación sobre cómo, a su juicio, determinados episodios de violencia pueden contribuir a justificar una mayor represión.
Su planteamiento no consiste en negar la existencia de actos violentos, sino en cuestionar que estos puedan utilizarse para ocultar el origen social de las movilizaciones y presentar al conjunto de los manifestantes como una amenaza indistinta.
La amenaza fascista y la criminalización de la protesta
Fadda advierte también de la actuación de grupos fascistas durante las movilizaciones. Recuerda el ataque de elementos fascistas contra el servicio de orden de la Confederación General del Trabajo (CGT) en la plaza de la Nación, en París, el 1 de mayo de 2021, y compara aquel episodio con los ataques que denuncia durante las jornadas relatadas en la entrevista.
En algunas ciudades, afirma, grupos organizados habrían atacado directamente las manifestaciones utilizando barras de hierro. Menciona asimismo la movilización de estudiantes de la Universidad Católica de Lille, a quienes atribuye llamamientos a la confrontación que, según señala, habían sido difundidos en grabaciones realizadas por los propios participantes.
Para Fadda, estas actuaciones constituyen una señal de la gravedad de la situación. Considera que el fascismo se siente cada vez más envalentonado y advierte de la posibilidad de que intente disputar la calle a las organizaciones sindicales y a los movimientos populares.
Su análisis relaciona esta situación con la crisis política y con el temor de las clases dominantes a que una fuerza de izquierda pueda ganar influencia electoral. En la entrevista menciona a Jean-Luc Mélenchon y a Francia Insumisa, a los que sitúa entonces en una posición relevante en los sondeos. Sin presentar una eventual victoria electoral como solución suficiente, Fadda interpreta el escenario como expresión de una disputa política que va más allá de los enfrentamientos callejeros.
La respuesta gubernamental incluye, según relata, restricciones a la circulación nocturna en determinadas ciudades y barrios, además de un elevado número de detenciones. Fadda cifra en 4.800 las practicadas durante el periodo al que se refiere y en 2.500 las correspondientes al sábado 17 de octubre.
También cuestiona que todas las personas detenidas puedan ser identificadas como militantes de extrema izquierda organizados. Señala que entre ellas habría manifestantes sin experiencia previa en enfrentamientos callejeros, personas sorprendidas durante las cargas e incluso individuos detenidos por llevar una bandera o un pañuelo palestino.
La criminalización generalizada de la protesta facilita que se borren las diferencias entre quienes participan en una movilización social, quienes cometen actos violentos y quienes pudieran actuar con otros propósitos.
La lucha continúa: del 24 de octubre al 5 de noviembre
Al final de la entrevista, Ángeles Maestro pregunta por las perspectivas de continuidad de las movilizaciones. Fadda anuncia una nueva manifestación para el sábado 24 de octubre, impulsada principalmente por los chalecos amarillos y los estudiantes, a la que esperaba que se sumaran trabajadores, sindicalistas y otros sectores sociales.
También señala la convocatoria de una jornada de lucha por parte de la intersindical para el jueves 5 de noviembre, que esperaba que tuviera una participación importante. Al mismo tiempo, advierte de que la respuesta policial podría mantener la misma intensidad que la registrada en las jornadas anteriores.
Antes de concluir, introduce una última consideración económica y política. Según Fadda, la patronal francesa estaba reclamando al Gobierno mayores exenciones fiscales y nuevas ayudas para las empresas, junto con más recortes en derechos vinculados a la sanidad y las pensiones. Frente a los argumentos sobre la deuda, sitúa en el centro del debate el gasto militar y la política de rearme, que relaciona con la confrontación de la OTAN con Rusia.
La entrevista termina con un llamamiento implícito a no perder de vista esa relación entre las prioridades económicas del Estado, el deterioro de las condiciones de vida y la respuesta represiva ante quienes protestan.
El valor del testimonio de André Fadda reside precisamente en su voluntad de trasladar al público una perspectiva que, según denuncia, queda relegada por una cobertura informativa concentrada en los enfrentamientos. Desde su experiencia sindical y su presencia en las movilizaciones, insiste en que detrás de las cargas policiales, las detenciones y los disturbios existe un conflicto social que no desaparece por el hecho de criminalizar a quienes salen a la calle.
La cuestión que plantea es de fondo: cuando la protesta contra la carestía, los recortes y el deterioro de los servicios públicos se convierte en un problema de orden público, el debate sobre las condiciones de vida corre el riesgo de quedar sepultado bajo las imágenes de violencia. Y cuando la respuesta a la movilización se traduce en violencia policial, golpes, lesiones graves, detenciones indiscriminadas y restricciones a la protesta, resulta imprescindible escuchar también a quienes participan en esas luchas y conocer su versión de lo ocurrido, para que la experiencia de los trabajadores y de los movimientos sociales no desaparezca del relato de los acontecimientos.
Comité de Apoyo a Irán Iberia, a 20 de octubre de 2026.