Firás Alcharani en Demoliento Mitos con Ezequiel Bistoletti –

Detrás de las guerras de Asia occidental hay pueblos que viven bajo las bombas, familias que pierden sus hogares y sociedades obligadas a defender su futuro en medio de la destrucción. Para comprender lo que sucede en esta región, no basta con escuchar a quienes justifican las guerras: hay que conocer también a quienes las han vivido y conocen sus consecuencias.
En el canal Demoliendo Mitos, el doctor Ezequiel Bistoletti conversa con Firás Alcharani, médico, coronel del Ejército Árabe Sirio y analista geopolítico, sobre los intereses que mueven los conflictos, las contradicciones de las potencias regionales y el papel de la resistencia de Yemen e Irán.
Una conversación que nos acerca a la realidad de una región decisiva para el mundo y nos ayuda a mirar más allá de los relatos oficiales para comprender quién combate, quién paga el precio de la guerra y quién se niega a doblegarse.
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Comprender Asia occidental más allá de los discursos oficiales
Firás Alcharani ofrece un análisis de la situación en Asia Occidental desde una trayectoria profesional estrechamente vinculada a la realidad siria. Médico formado en Bulgaria, especialista en medicina deportiva y antiguo integrante de las Fuerzas Armadas sirias, Alcharani explica que durante años desarrolló labores de inteligencia y análisis estratégico que, por su propia naturaleza, permanecieron alejadas de la exposición pública.
Según relata, su trabajo estuvo relacionado con la lucha contra el terrorismo y con la elaboración de información para el Estado sirio. También recuerda que anticipó públicamente la intervención militar rusa en Siria antes de que esta se produjera en 2015, un episodio que considera ilustrativo de la importancia de cruzar información, observar los movimientos sobre el terreno y analizar los intereses de los distintos actores.
La caída del Estado sirio ha cambiado, a su juicio, las condiciones desde las que puede hablar de su trayectoria. Sin embargo, su preocupación fundamental no se limita al destino de Siria. La cuestión que atraviesa toda la entrevista es otra: qué fuerzas están configurando el nuevo equilibrio regional y hasta dónde están dispuestas a llegar para imponer sus objetivos.
Para Alcharani, la situación actual no puede entenderse como una suma de conflictos independientes. Yemen, Palestina, el Líbano, Irak, Siria e Irán forman parte de un escenario interconectado en el que las alianzas, las rivalidades y las estrategias militares se condicionan mutuamente.
Yemen: una resistencia que altera los cálculos de las monarquías del Golfo
Uno de los primeros asuntos abordados es el acuerdo de defensa suscrito por Arabia Saudí y Pakistán, con Turquía vinculada al entendimiento y Egipto presente en las conversaciones, según se expone durante el programa. La posibilidad de que un ataque contra uno de sus integrantes desencadene una respuesta colectiva ha alimentado las interpretaciones sobre la formación de un nuevo bloque militar regional.
Alcharani considera que el acuerdo no garantiza una intervención militar conjunta y que su alcance efectivo está condicionado por las contradicciones entre sus participantes. A su entender, Arabia Saudí pretende reforzar su posición frente a Yemen, mientras que Pakistán y Turquía tienen razones para evitar una implicación ofensiva directa que complique sus relaciones regionales.
El coronel sitúa esta cuestión en el contexto de la guerra iniciada en 2015 y de las consecuencias del bloqueo impuesto a Yemen. Insiste en distinguir las restricciones sobre armamento contempladas en las resoluciones internacionales de las medidas que, según denuncia, han impedido la circulación de personas, medicamentos y bienes esenciales. La población civil, sostiene, ha soportado unas consecuencias que exceden ampliamente cualquier objetivo militar declarado.
Desde su perspectiva, Riad ha subestimado la capacidad de resistencia yemení. Destaca la movilización popular, la cohesión de determinados sectores sociales y la capacidad de los combatientes para golpear infraestructuras estratégicas saudíes. La presión sobre instalaciones petroleras, aeropuertos y rutas de transporte demuestra, en su interpretación, que Yemen no puede tratarse como un adversario militar menor.
La cuestión de fondo es política. Alcharani sostiene que Arabia Saudí no acepta una Yemen independiente, capaz de desempeñar un papel regional propio y de mantener una posición contraria a los intereses israelíes. Por eso interpreta la persistencia de la guerra y los intentos de construir nuevas coaliciones como parte de una estrategia destinada a contener esa autonomía.
En este marco, atribuye a Irán un papel relevante en los esfuerzos para favorecer una salida negociada. La incorporación de Pakistán al acuerdo, explica, también podría facilitar su mediación y evitar que una crisis regional derive en una confrontación más amplia. Turquía, según su lectura, tampoco tendría interés en enviar tropas a Yemen.
La contradicción es evidente: un pacto presentado como instrumento de defensa colectiva no elimina los intereses divergentes de sus firmantes ni resuelve las causas del conflicto que pretende encuadrar. Para Alcharani, su existencia no cambia por sí sola la correlación de fuerzas sobre el terreno.
Las alianzas regionales y la subordinación a intereses exteriores
La entrevista aborda después una cuestión central: por qué algunos gobiernos árabes mantienen relaciones de cooperación con Israel mientras se presentan como defensores de los intereses del mundo árabe y musulmán.
La respuesta de Alcharani remite a la historia política del siglo XX y a la formación de las monarquías regionales bajo la influencia de las potencias coloniales. En su interpretación, la continuidad de determinadas familias gobernantes está vinculada a una estructura de poder que se consolidó bajo el dominio británico y francés y que posteriormente quedó estrechamente asociada a Estados Unidos.
Desde esa perspectiva, la política exterior de Arabia Saudí y de otras monarquías no puede explicarse únicamente por la religión o por una supuesta solidaridad entre países musulmanes. Alcharani considera que la supervivencia de esos sistemas políticos y sus vínculos económicos y militares con Washington condicionan sus decisiones estratégicas.
El entrevistado dirige una parte importante de su crítica al papel del salafismo y de las corrientes religiosas sectarias que han recibido financiación de determinados gobiernos regionales. Esas corrientes han contribuido a profundizar las divisiones entre comunidades musulmanas y a convertir diferencias religiosas en instrumentos de confrontación política.
En Siria las tensiones entre alauitas, chiíes, drusos, ismaelitas, suníes y cristianos han sido explotadas por actores que buscaban debilitar el Estado. Su denuncia es que el sectarismo ha servido para justificar la violencia contra comunidades enteras y para descomponer la convivencia social.
Alcharani no presenta el sionismo únicamente como una cuestión relacionada con Israel. sino como una estructura de influencia política, financiera e ideológica que también se manifiesta en otros países y que encuentra apoyos entre sectores no judíos, incluidas determinadas corrientes evangélicas. Esa influencia contribuye a explicar la continuidad del respaldo occidental a Israel pese al rechazo que han suscitado la devastación de Gaza y las imágenes de sufrimiento de la población palestina.
La distinción entre judaísmo, sionismo y Estado de Israel resulta importante en este punto. El debate, tal como se desarrolla en la conversación, gira en torno a las decisiones políticas, los proyectos territoriales y las alianzas de poder, no a la identificación de una comunidad religiosa con las actuaciones de un Estado.
Estados Unidos, Israel y el poder de los grupos de influencia
¿Quién dirige realmente la política de Washington en Asia occidental? La pregunta de Bistoletti permite a Alcharani desarrollar otra de sus tesis principales: la relación entre Estados Unidos e Israel no puede reducirse a una alianza convencional entre dos Estados con intereses perfectamente definidos.
El entrevistado considera que las redes de influencia política, los grupos de presión y los intereses financieros desempeñan un papel determinante en la orientación de las decisiones estratégicas. A su juicio, la relación entre ambos países es tan estrecha que resulta difícil establecer dónde termina la autonomía de uno y comienza la influencia del otro.
Alcharani extiende esta reflexión a Europa y América Latina, donde identifica organizaciones y sectores políticos que contribuyen a sostener esa orientación. También observa que el apoyo a Israel no se distribuye exclusivamente según líneas religiosas o identitarias: responde a intereses políticos, económicos y estratégicos que atraviesan distintas sociedades.
Sin embargo, advierte de que el escenario está cambiando. La destrucción de Gaza ha provocado una reacción social que cuestiona relatos que durante décadas presentaron a Israel como una excepción moral dentro de Asia occidental. Para Alcharani, esa transformación de la percepción pública puede limitar la capacidad de determinados gobiernos y grupos de influencia para justificar sus políticas.
La cuestión no es menor. Si la legitimidad política de una alianza depende también de la aceptación social, el deterioro de su imagen puede convertirse en un factor que condicione las decisiones futuras. La disputa regional se libra, por tanto, tanto en el terreno militar como en el de la opinión pública y la interpretación de los acontecimientos.
Siria: la destrucción de un Estado y el precio de perder la soberanía
La experiencia siria ocupa un lugar central en la intervención. Alcharani considera que la caída del Estado no puede comprenderse únicamente como el resultado de una ofensiva interna. La presenta como el desenlace de una intervención internacional en la que confluyeron intereses diversos y en la que participaron grupos armados procedentes de distintos países.
Rechaza que las nuevas fuerzas que gobiernan Siria constituyan un ejército nacional en el sentido convencional del término. Según sostiene, se trata de agrupaciones heterogéneas cuya organización, armamento y capacidad militar no equivalen a los de las Fuerzas Armadas sirias anteriores.
La pérdida del Estado sirio estuvo precedida por años de guerra, presión exterior, fragmentación territorial y debilitamiento económico. Uno de los factores decisivos habría sido la pérdida del control sobre los recursos energéticos, especialmente el petróleo y el gas, cuya explotación quedó en manos de fuerzas kurdas respaldadas por Estados Unidos y vinculadas a intereses israelíes.
El argumento económico es fundamental para su interpretación. Siria pudo resistir durante años mientras mantuvo determinados recursos y estructuras estatales. La pérdida de esos ingresos, sumada a las sanciones y a la destrucción de infraestructuras, debilitó su capacidad para sostener el esfuerzo bélico y atender las necesidades de la población.
Alcharani describe una situación social dramática tras la caída del Estado: empobrecimiento generalizado, encarecimiento de los alimentos, aumento de los costes de la electricidad y deterioro de los servicios públicos. La privatización y la desaparición de mecanismos de protección social agravan las condiciones de vida de amplios sectores de la población.
También advierte de las consecuencias regionales de la fragmentación siria. El debilitamiento de Damasco ha abierto un espacio para la competencia entre Turquía e Israel, cuyos intereses pueden entrar en conflicto sin que ello implique necesariamente una guerra directa entre ambos.
Sobre esa rivalidad, su pronóstico es tajante: considera muy improbable un enfrentamiento militar abierto. Recuerda los vínculos históricos de Turquía con la OTAN y sus relaciones con Israel, y sostiene que las declaraciones públicas de Ankara contra las operaciones israelíes deben distinguirse de sus relaciones diplomáticas, comerciales y de inteligencia. Las tensiones actuales reflejan disputas sobre las zonas de influencia en Siria, pero no anulan los intereses comunes que limitan la posibilidad de una guerra entre ambos países.
La posibilidad de una guerra regional de múltiples frentes
La entrevista alcanza uno de sus momentos más relevantes cuando Bistoletti y Alcharani examinan la posibilidad de que la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán se transforme en una guerra regional de mayores dimensiones.
La presión sobre Yemen, el Líbano, Irak e Irán responde a una estrategia que no puede entenderse atendiendo únicamente a cada escenario por separado. Desde su perspectiva, las fuerzas que buscan contener a Irán también pretenden debilitar a los movimientos de resistencia que mantienen abiertos distintos frentes contra Israel.
En este contexto, interpreta los intentos de recurrir a combatientes sirios como una prolongación de las estrategias de intervención indirecta empleadas anteriormente en Afganistán, Irak y Siria. Distintas potencias han recurrido a grupos armados islamistas cuando estos podían contribuir a sus objetivos, aunque después los presentaran como enemigos.
El entrevistado considera que las dificultades económicas del nuevo poder sirio podrían favorecer el reclutamiento de combatientes para intervenir en otros escenarios. Describe una situación en la que la necesidad de financiación exterior y la búsqueda de apoyos regionales podrían llevar a Damasco a ofrecer fuerzas humanas a cambio de asistencia económica.
Sin embargo, advierte de que una intervención de estas características no equivaldría a una participación militar convencional. En su análisis, las limitaciones organizativas y materiales de las nuevas fuerzas sirias, junto con la presencia de combatientes vinculados a la antigua estructura militar siria en territorio libanés, complicarían cualquier operación de gran envergadura.
La posibilidad de una ampliación de la guerra adquiere así una dimensión que trasciende las fronteras nacionales. Para Alcharani, el riesgo reside en que una confrontación inicialmente localizada termine activando simultáneamente varios escenarios de resistencia.
Irán: autonomía estratégica y capacidad de resistencia
La situación iraní constituye el eje de las últimas reflexiones de Alcharani. Su explicación de la capacidad de resistencia de la República Islámica combina factores geográficos, demográficos, económicos, militares y culturales.
Irán dispone, según recuerda, de un territorio extenso, una población numerosa y grandes recursos energéticos. Pero, a su juicio, la diferencia fundamental respecto a Siria reside en que ha conservado el control de sus principales riquezas y ha desarrollado capacidades propias pese a las sanciones internacionales.
El entrevistado contrapone esta trayectoria a la experiencia siria. Mientras que la pérdida del control sobre el petróleo y el gas contribuyó a debilitar al Estado sirio, Irán ha mantenido una estructura económica y estratégica que le permite sostener su autonomía y responder a las presiones exteriores.
A ello añade un componente ideológico. Alcharani considera que la tradición chií del martirio, vinculada a la figura del imán Husáin, contribuye a explicar la disposición de determinados sectores iraníes a resistir frente a amenazas que interpretan como intentos de sometimiento. No presenta esta dimensión religiosa como una explicación aislada, sino como parte de una cultura política que concede especial importancia a la dignidad, la independencia y la resistencia frente al adversario.
También destaca la importancia de la causa palestina en la política exterior iraní. Desde su perspectiva, la defensa de Palestina forma parte de una posición estratégica más amplia, compartida en distintos grados por fuerzas que mantienen diferencias ideológicas y religiosas entre sí.
Es precisamente aquí donde introduce una distinción significativa: Siria, recuerda, fue un Estado de orientación laica y nacionalista árabe, mientras que Irán posee una identidad política y religiosa diferente. Pese a ello, ambos compartieron durante años la oposición a las políticas israelíes y a la intervención exterior.
La fortaleza iraní procede de la combinación de esas capacidades materiales con una voluntad política que no acepta una relación de subordinación. La presión militar, las sanciones y el aislamiento no han conseguido eliminar esa autonomía.
El estrecho de Ormuz y los límites del poder militar estadounidense
El control del estrecho de Ormuz constituye otra pieza esencial de su análisis. Alcharani sostiene que Irán conserva una capacidad decisiva para regular el tránsito marítimo y que la salida de petróleo no debe interpretarse necesariamente como una pérdida de control, sino como el resultado de decisiones iraníes sobre qué tráfico permitir.
El problema estadounidense no consiste únicamente en la capacidad de atacar objetivos, sino en la dificultad de proteger sus propias bases, sus aliados y sus fuerzas desplegadas en la región frente a una respuesta iraní.
Considera que el consumo de municiones durante las operaciones militares y las limitaciones de los sistemas defensivos estadounidenses pueden condicionar la capacidad de Washington para sostener una guerra prolongada. También destaca la evolución de las capacidades misilísticas iraníes y su potencial para amenazar objetivos militares de gran valor.
Estas apreciaciones forman parte de su evaluación estratégica y de sus pronósticos sobre una eventual nueva confrontación. Alcharani cree que Irán se está preparando para responder a otro ataque y que su organización territorial y militar busca garantizar la continuidad de la respuesta incluso si sus estructuras centrales sufrieran daños graves.
En ese escenario, advierte de que una nueva guerra podría tener consecuencias devastadoras para toda la región. Menciona expresamente a Yemen, Irak, el Líbano e Irán como posibles escenarios simultáneos, y plantea que las monarquías del Golfo podrían enfrentarse a riesgos mucho mayores de los que reconocen públicamente.
Su pronóstico es especialmente severo respecto a la vulnerabilidad de Arabia Saudí. Considera que la persistencia de la guerra contra Yemen puede poner en peligro infraestructuras energéticas fundamentales y erosionar la posición regional de Riad. También contempla transformaciones profundas en el futuro de pequeños Estados del Golfo, aunque estas predicciones deben entenderse como hipótesis del entrevistado, no como desenlaces establecidos.
Alcharani descarta, en las condiciones que describe, una solución diplomática inmediata. A su juicio, las exigencias iraníes, la negativa estadounidense a aceptar una modificación sustancial del equilibrio estratégico y los intereses políticos internos de los dirigentes implicados dificultan una salida negociada.
No establece una fecha segura para una nueva guerra, pero considera que el riesgo de escalada es elevado. La advertencia central es que un ataque contra Irán no quedaría necesariamente limitado a las fronteras iraníes ni produciría los resultados que esperan quienes lo promovieran.
La resistencia como decisión política
La conversación concluye regresando a una cuestión que atraviesa toda la intervención: qué permite a determinados pueblos y movimientos resistir durante años frente a adversarios con mayores recursos económicos y militares.
Alcharani vuelve sobre el ejemplo del sur del Líbano, donde destaca la capacidad de resistencia de una comunidad relativamente pequeña frente a un adversario militar superior. En su interpretación, esa capacidad no se explica exclusivamente por las armas, sino también por la organización, la experiencia acumulada y una determinada concepción del sacrificio.
Recuerda igualmente la trayectoria del Ejército Árabe Sirio durante los años de guerra y el esfuerzo de quienes combatieron para impedir la desintegración del Estado. Aunque reconoce que las capacidades materiales son decisivas, insiste en que la voluntad de resistencia constituye un factor que los cálculos militares no pueden ignorar.
Su análisis no elude, por otra parte, las contradicciones entre los actores que se oponen a Estados Unidos y a Israel. Alcharani expresa su apoyo a Rusia en el conflicto de Ucrania y a la lucha contra el expansionismo de la OTAN, pero sostiene que esa posición no le impide mantener una mirada crítica sobre lo sucedido en Siria. Para él, la lealtad a un análisis geopolítico exige distinguir entre escenarios y no convertir las alianzas en una obligación de justificar todas las decisiones de un aliado.
Esa reflexión final enlaza con el espíritu de la entrevista: la necesidad de examinar los acontecimientos sin dar por sentado que las declaraciones oficiales explican por sí mismas las decisiones políticas y militares.
Asia occidental no es un tablero inmóvil ni una suma de guerras aisladas. Es una región donde la soberanía, el control de los recursos, la supervivencia de los Estados y la capacidad de los pueblos para decidir su propio futuro se encuentran en disputa permanente.
La entrevista de Ezequiel Bistoletti a Firás Alcharani ofrece una lectura marcada por la experiencia siria y por una defensa explícita de las fuerzas que considera parte de la resistencia regional. Sus pronósticos son severos y algunas de sus afirmaciones muy inquietantes. Pero la conversación permite identificar las preguntas que, a su juicio, resultan imprescindibles: quién controla los recursos, qué intereses sostienen las alianzas, qué precio paga la población civil y cuáles son los límites reales del poder militar.
En un momento en el que la posibilidad de una guerra regional amenaza con multiplicar la destrucción, escuchar estas interpretaciones y someterlas a un examen crítico resulta mucho más útil y necesario que conformarse con los relatos simplificados de medios a sueldo de los mismos que promueven las guerras de agresión en la región.
Comprender Asia occidental exige algo más que seguir el movimiento de los ejércitos. Exige entender las fuerzas políticas que los movilizan, las sociedades que soportan sus consecuencias y los proyectos de futuro que se enfrentan en una región cuyo destino afecta al conjunto del mundo.
Detrás de los mapas, las estrategias militares y los intereses de las grandes potencias hay seres humanos que aman, que temen, que entierran a sus muertos y que se resisten a aceptar que otros decidan su destino. Escuchar esta conversación es también acercarse a esa realidad, comprender el sufrimiento de los pueblos y conocer la mirada de quien ha vivido de cerca una parte de esta historia. Te invitamos a escuchar íntegramente el diálogo entre Ezequiel Bistoletti y Firás Alcharani, con atención y espíritu crítico. Porque antes de tomar partido por aquel relato que nos bombardea masivamente de la mano de la hasbara de los autores de genocidios y agresiones, merece la pena escuchar a quienes tienen algo que contarnos sobre la guerra, la resistencia y el precio de defender la propia tierra.
Comité de Apoyo a Irán Iberia 2026