LA PAZ O EL ABISMO

Andrés Piqueras ante la crisis del orden mundial: militarización, hegemonía y supervivencia de los pueblos

«Gestión de riesgos en una era de incertidumbre» Una reflexión sobre el riesgo nuclear, la crisis de la hegemonía y el coste social de la guerra, con Javier Rdez. Carrasco en ZOOM+ de Russia Today


Las publicaciones de RT, medio ruso sometido a fuertes restricciones en buena parte de Europa, resultan hoy de una importancia vital para comprender los acontecimientos de este momento histórico. Mientras los gobiernos europeos avanzan por una espiral de demencia política y enajenación belicista, alimentando una nueva guerra que parece cada vez más ansiada por quienes deberían evitarla, la verdad vuelve a convertirse en la primera víctima. Por eso consideramos de máxima relevancia hacer llegar estas intervenciones al público: compartirlas es también defender la libertad de expresión y combatir la censura, aunque hacerlo implique asumir el riesgo de desafiar los límites que hoy impone al debate público una Europa sumida en la insania belicista.

No se trata de conceder a ningún medio un certificado de infalibilidad, sino de defender el derecho de la ciudadanía a acceder a fuentes y perspectivas diversas, contrastarlas y formar su propio juicio.

Ese derecho está amparado por el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, que reconoce la libertad de opinión y de expresión, incluida la de investigar, recibir y difundir informaciones e ideas por cualquier medio de expresión.

En ese marco presentamos la intervención del profesor senior de la Universidad Jaume I de Castellón Andrés Piqueras en el programa ZOOM+ de RT, dirigido por Javier Rodríguez Carrasco y publicado el 12 de octubre de 2026 bajo el título «Gestión de riesgos en una era de incertidumbre»: una reflexión sobre la crisis del orden internacional, la amenaza de una escalada militar y la necesidad urgente de defender la paz. Andrés Piqueras plantea aquí una preocupación central: la humanidad atraviesa una transformación del orden internacional cuyo desenlace sigue abierto, pero cuyos riesgos pueden alcanzar una dimensión irreversible.

Escucha este programa completo en IVOOX:


Un orden que se desmorona y otro que todavía no existe

Piqueras describe una encrucijada histórica: el orden internacional anterior pierde capacidad para organizar las relaciones entre potencias, mientras el nuevo todavía no dispone de instituciones sólidas. Estados Unidos conserva una enorme capacidad económica, política y militar, pero su hegemonía se ve cuestionada por la transformación de las relaciones de poder y la emergencia de otros actores.

El peligro reside, según su análisis, en que la potencia dominante se resista a aceptar sus límites y utilice su capacidad de destrucción para frenar el cambio. La transición hacia un mundo multipolar no conduce necesariamente a una guerra, pero se vuelve mucho más peligrosa cuando las instituciones de coordinación se debilitan y los arsenales nucleares siguen ahí, cargados de consecuencias que nadie podría controlar.

«Estamos en esa encrucijada histórica [...] en la que, a diferencia de otros momentos históricos de relevo de hegemonías en el mundo, en este momento la potencia en decadencia tiene capacidad de destrucción planetaria.»

Gestionar los riesgos antes de que sea irreversible

El discurso de Vladímir Putin en Valdai, el 1 de octubre, sirve de punto de partida para abordar una cuestión elemental: cuando se deterioran los mecanismos de confianza, negociación y verificación, un error de cálculo puede desencadenar consecuencias imposibles de reparar.

Piqueras reclama recuperar acuerdos sobre armamento estratégico, control y verificación. No es una apelación ingenua a la buena voluntad de los gobiernos, sino una exigencia de supervivencia. La disuasión nuclear encierra una contradicción brutal: las potencias acumulan capacidad destructiva para evitar que sus adversarios ataquen, pero esa misma acumulación convierte cualquier enfrentamiento directo en una amenaza para todos.

La prudencia estratégica no equivale a debilidad, del mismo modo que negociar no significa capitular. La prioridad debe ser mantener canales de comunicación y evitar que una potencia llegue a creer que su propia supervivencia está en juego y que no le queda otra salida que combatir.

Rusia, Ucrania y la escalada

Piqueras sitúa la guerra de Ucrania dentro de una secuencia histórica más amplia: la expansión de la OTAN, el deterioro de los acuerdos de seguridad y la incapacidad de construir una arquitectura europea que incorporase las preocupaciones estratégicas rusas. Recuerda, entre otros antecedentes, la ampliación de la Alianza Atlántica, la crisis ucraniana de 2014 y la erosión de los instrumentos de control de armamentos.

Su interpretación atribuye una responsabilidad central a la presión estratégica occidental sobre Rusia. Examinar esos antecedentes no obliga a aceptar automáticamente las decisiones de ningún actor, pero sí a rechazar los relatos que presentan los conflictos como acontecimientos surgidos de la nada. Comprender el contexto histórico es indispensable para valorar responsabilidades y encontrar salidas.

El problema se agrava cuando cada movimiento del adversario se interpreta como una amenaza y cada respuesta justifica una nueva escalada. Si la seguridad de una parte se persigue anulando cualquier margen de seguridad para la otra, la confrontación se convierte en una espiral que reduce las posibilidades de compromiso.

Europa: el coste social de la militarización

Una de las críticas más incisivas de Piqueras se dirige a Europa. Vincula la orientación belicista de sus élites con la crisis del capitalismo europeo y con la creciente dependencia respecto del capital financiero estadounidense. A su juicio, parte de las clases dirigentes ha ligado su destino al de Washington incluso cuando esa subordinación entra en contradicción con las necesidades de sus propias sociedades.

La militarización no se mide solo en presupuestos de defensa, cumbres o declaraciones. También debe observarse en las prioridades públicas y en aquello que queda relegado. Vivienda, educación, sanidad, infraestructuras y servicios sociales son condiciones materiales de una vida digna, no asuntos secundarios que puedan aplazarse indefinidamente.

Piqueras advierte de que las poblaciones europeas empiezan a experimentar las consecuencias de políticas que subordinan el bienestar a las exigencias militares. Los sacrificios económicos recaen especialmente sobre las mayorías trabajadoras, que además soportarían buena parte del coste humano de una escalada generalizada.

«Es muy difícil luchar contra todo un bombardeo mediático continuo desde todos los medios […] si no tienes un mínimo de conciencia social, un mínimo de conocimiento histórico.»

Por eso, la ciudadanía necesita algo más que mensajes oficiales repetidos: necesita contexto, memoria histórica y capacidad crítica para examinar quién decide, con qué objetivos y quién termina pagando el precio.

La irracionalidad de una lógica de guerra

¿Por qué unas élites aceptarían una dinámica que amenaza a las mismas sociedades sobre las que ejercen su poder? La respuesta de Piqueras se apoya en su análisis de la crisis productiva europea y de la anteriormente mencionada creciente vinculación con el capital especulativo estadounidense. Desde esa perspectiva, la militarización puede presentarse como una salida desesperada a las tensiones de un sistema en crisis.

No es necesario suponer que todos los dirigentes desean una guerra generalizada para reconocer el peligro. La competencia política, los intereses económicos y el temor a parecer débiles pueden empujar a decisiones que, acumuladas, escapan al control de sus propios protagonistas. Cada actor afirma responder a una amenaza; cada escalada se justifica por la anterior; y el margen para rectificar se estrecha.

La historia europea no debe utilizarse para establecer analogías automáticas, pero sí para recordar que la rivalidad entre potencias y la movilización de las sociedades pueden desembocar en destrucción masiva. Cuando el enfrentamiento se convierte en horizonte inevitable, la militarización transforma tanto las relaciones internacionales como la vida cotidiana.

La paz como condición material de la vida

El cierre de la intervención concentra su mensaje fundamental: la lucha por la paz no puede separarse de las luchas por la vivienda, la educación, la salud y las infraestructuras. La paz no es un asunto reservado a diplomáticos y gobiernos; también depende de la distribución de los recursos, de la calidad de los servicios públicos y de la capacidad de la ciudadanía para intervenir en las decisiones colectivas.

«Nuestra gran labor o tarea que tenemos aquí por delante es concienciar a las poblaciones de que la paz es la lucha más importante en estos momentos.»

Defender la paz exige medidas concretas: recuperar acuerdos verificables, mantener abiertos los canales diplomáticos, reconocer la pluralidad de intereses internacionales y construir instituciones multilaterales capaces de responder a un mundo que ya no puede organizarse de manera estable alrededor de una sola potencia.

Un orden multipolar no garantiza por sí mismo la justicia ni elimina las rivalidades. El desafío consiste en convertir la pluralidad de poder en una arquitectura que permita negociar y resolver diferencias sin transformar cada desacuerdo en una amenaza existencial.

Despertar antes de que sea demasiado tarde

La intervención de Piqueras no obliga a presentar la catástrofe como inevitable. Al contrario: si existe un riesgo de destrucción irreversible, la responsabilidad política consiste en impedirlo. Si las instituciones internacionales han perdido eficacia, hay que reconstruirlas; si la competencia amenaza con una confrontación generalizada, deben recuperarse los mecanismos de negociación y control; y si la militarización compromete las condiciones de vida, las mayorías sociales tienen derecho a exigir otras prioridades.

La humanidad no puede tratar como un juego de posiciones geopolíticas aquello que afecta a su propia continuidad. No hay victoria estratégica que compense una destrucción nuclear ni hegemonía que justifique el sacrificio de generaciones enteras.

«La lucha por la paz hoy deviene el objetivo primero, básico y elemental.»

La encrucijada sigue abierta. El mundo que surja de esta crisis todavía no está escrito, pero su construcción dependerá de que las sociedades comprendan que no pueden delegar indefinidamente su destino en unas élites cuyas decisiones comprometen la supervivencia colectiva.

La alternativa no es aceptar una hegemonía para someterse a otra. Es construir un orden internacional en el que las diferencias puedan resolverse sin condenar a la humanidad a destruirse a sí misma. Defender la paz es defender la posibilidad misma de tener futuro.

Comité de Apoyo a Irán Iberia, a 14 de octubre de 2026

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