Religión, marxismo y resistencia frente a la dominación: un diálogo entre tres tradiciones monoteístas y el pensamiento revolucionario.
ANÁLISIS GEOPOLÍTICO Y ACTUALIDAD. Cap 112 – ZaatarTV

¿Puede la religión ser una herramienta de dominación y, al mismo tiempo, una fuerza de liberación? ¿Qué relación existe entre las tradiciones proféticas, la lucha contra la opresión y la causa palestina? En Zaatar TV, Nicola Hadwa reúne a tres voces de distintas tradiciones para abordar una cuestión que desborda los límites de la teología: cómo se relacionan la fe, la ideología y el poder político.
Desde el islam chií, la teología cristiana de la liberación y la historia del judaísmo, Abdul Karim Paz, Fermín Xabier Santxez Agurruza y Yakov M. Rabkin examinan las contradicciones entre los mensajes religiosos y su utilización política. El debate recorre la experiencia latinoamericana, la crítica al colonialismo y el sionismo, y la existencia de corrientes judías que se han opuesto a este último desde sus propias tradiciones. Una conversación sobre religión y emancipación, pero también sobre las ideas que pueden justificar la dominación o alimentar la resistencia frente a ella.
Comité de Apoyo a Irán Iberia
Nicola Hadwa, director y moderador de ZaatarTV
Analista internacional palestino-chileno y antiguo entrenador de la selección nacional de fútbol de Palestina, a la que dirigió entre 2002 y 2004. Su trayectoria pública está vinculada al análisis político y geopolítico de Asia Occidental y a la cuestión palestina. En este programa conduce la conversación desde el laicismo marxista, que permite plantear directamente las tensiones entre religión, ideología y lucha social.
Abdul Karim Paz
Sheij y pensador islámico chií argentino. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires y máster en Teología Islámica por la Universidad Internacional Al-Mustafa, en Qom (Irán), dirige la mezquita At-Tauhid de Buenos Aires desde 1993 y ha desarrollado una extensa labor docente y de divulgación del islam. Es autor, entre otras obras, de Sacerdotes del Tercer Mundo, una visión islámica, en la que aborda los puntos de encuentro y las diferencias entre los movimientos religiosos de liberación y la Revolución Islámica de Irán. En este programa interviene desde el Líbano.
Fermín Xabier Santxez Agurruza
Teólogo ecuménico de Euskal Herria, vinculado a la reflexión sobre la teología de la liberación, el diálogo entre tradiciones religiosas y la emancipación social. En su intervención relaciona el compromiso profético de las religiones con la lucha contra las estructuras de dominación y examina críticamente la apropiación de los discursos religiosos por proyectos políticos de carácter colonial, supremacista o excluyente.
Yakov M. Rabkin
Historiador y profesor emérito del Departamento de Historia de la Universidad de Montreal, donde ha desarrollado su labor académica desde 1973. Su investigación abarca la historia judía contemporánea, el sionismo y las relaciones entre religión, identidad y política. Es autor de La amenaza interior. Historia de la oposición judía al sionismo, obra dedicada a las corrientes judías que han cuestionado el proyecto sionista desde distintas posiciones religiosas e intelectuales, y de otros trabajos sobre la ideología y la historia del Estado de Israel. Su aportación al programa permite examinar el sionismo desde la historia del propio judaísmo, sin confundir la identidad judía con una única posición política.
TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN Y PALESTINA: ¿QUÉ LAS UNE?
La religión: ¿opio o fuerza de liberación?
¿Puede la religión servir para justificar la dominación y, al mismo tiempo, alimentar la lucha contra ella? ¿Qué relación existe entre las tradiciones proféticas, el pensamiento revolucionario y la resistencia palestina? ¿Y hasta qué punto el sionismo representa al judaísmo o constituye una corriente política enfrentada a otras interpretaciones de esa tradición? Estas son algunas de las cuestiones que desarrollan invitados y moderador en el programa «Teología de la liberación y Palestina: ¿qué las une?»
El punto de partida es una cuestión clásica del pensamiento político: la relación entre las condiciones materiales de existencia y las motivaciones que impulsan a los seres humanos a actuar. La lucha de clases, la desigualdad y la explotación explican una parte fundamental de los conflictos sociales, pero ¿basta con ellas para comprender por qué las personas se comprometen, arriesgan su vida o encuentran fuerzas para enfrentarse a un poder aparentemente invencible?
A partir de esta pregunta, los participantes examinan el papel de las convicciones religiosas en los procesos de emancipación. El diálogo no pretende ocultar las contradicciones de las instituciones religiosas, sino explorar la tensión que atraviesa su historia: la existente entre los mensajes que llaman a la justicia y las estructuras de poder que han recurrido a ellos para legitimar la obediencia, la conquista y la dominación.
El mensaje de los profetas y la apropiación del poder
Abdul Karim Paz comienza distinguiendo entre el mensaje de los profetas y el uso que las instituciones han hecho de sus enseñanzas a lo largo de la historia.
Desde su interpretación del monoteísmo profético, Abraham, Moisés y Jesús representan una tradición que se enfrenta a la tiranía, la opresión y la concentración de los recursos en manos de minorías privilegiadas. Moisés se enfrenta al faraón que mantiene esclavizado a su pueblo; Jesús desafía a las autoridades políticas y religiosas de su tiempo. La cuestión decisiva es si ese impulso liberador ha perdurado en las religiones o si ha sido progresivamente desvirtuado por su alianza con los poderes dominantes.
En este contexto aparece la conocida crítica de Marx a la religión como «opio del pueblo». Paz sostiene que esa función se manifiesta cuando el discurso religioso convence a los pobres de que acepten pasivamente su sufrimiento, prometiéndoles una recompensa futura y presentando la injusticia presente como algo inevitable. La religión se convierte entonces en un mecanismo de resignación: se pide a los oprimidos que soporten sus condiciones de vida en lugar de transformarlas.
Pero el mismo mensaje religioso puede operar en sentido contrario. Cuando proclama la dignidad de los pobres, denuncia la injusticia y anima a combatir la opresión, deja de ser un instrumento de sometimiento y se transforma en una fuerza movilizadora.
Paz relaciona esta segunda interpretación con la teología de la liberación latinoamericana. Recuerda el diálogo entre Frei Betto y Fidel Castro y la preocupación de los sectores cristianos que situaron la pobreza estructural en el centro de su reflexión. Para esos movimientos, el problema no consistía únicamente en determinar qué valor tiene el ser humano, sino en denunciar unas sociedades en las que amplios sectores de la población ni siquiera disfrutaban de las condiciones materiales necesarias para vivir con dignidad.
La pobreza, desde esta perspectiva, no es un destino impuesto por Dios, sino una realidad histórica que puede y debe transformarse.
El planteamiento introduce una cuestión central para comprender el resto de la conversación: la diferencia entre una religiosidad que pide aceptar el orden establecido y otra que impulsa a cambiarlo.
La teología de la liberación: una tradición que atraviesa fronteras
Fermín Xabier Santxez Agurruza comparte la idea de que las tradiciones proféticas contienen una fuerza emancipadora que las estructuras dominantes han tratado repetidamente de neutralizar.
Desde su posición de creyente monoteísta, interpreta la historia religiosa como una tensión persistente entre dos tendencias: la que se pone al servicio de los poderosos y la que recupera el mensaje de los profetas para defender a los pobres y a los oprimidos.
En su recorrido por la historia del cristianismo, destaca la figura de Francisco de Asís como ejemplo de renovación espiritual frente a una Iglesia que, a su juicio, había quedado demasiado ligada al poder. Más adelante sitúa un momento decisivo en el Concilio Vaticano II y en el impulso que recibió la teología de la liberación en América Latina.
Entre sus referencias ocupa un lugar destacado el obispo brasileño Hélder Câmara y el compromiso de los religiosos que defendieron una opción preferencial por los pobres. Aquella corriente, explica, permitió recuperar una dimensión del cristianismo que vinculaba la fe con la transformación de las condiciones de vida de las mayorías empobrecidas.
Santxez Agurruza utiliza una expresión que resume su planteamiento: la revelación divina puede entenderse también como revolución. No porque la experiencia religiosa se reduzca a un programa político, sino porque, en su interpretación, la fe en un Dios de la vida exige enfrentarse a las estructuras que producen muerte, explotación y sufrimiento.
Esta concepción le permite establecer un diálogo con quienes no comparten sus creencias. Reconoce que una persona atea puede luchar por la justicia, la libertad y la fraternidad precisamente porque rechaza los poderes que considera opresivos. La diferencia reside en la interpretación de la trascendencia, no necesariamente en el compromiso frente a la injusticia.
El teólogo distingue así entre el Dios al que atribuye un mensaje liberador y los falsos ídolos que identifica con el dinero, el poder, el capitalismo, el racismo, el supremacismo o el machismo. En su análisis, el problema no es únicamente religioso: cualquier sistema puede convertirse en objeto de una adhesión que justifique el sacrificio de otras personas y presente la dominación como algo natural.
La teología de la liberación aparece, por tanto, como un espacio de encuentro entre creyentes y no creyentes. No exige que todos compartan una misma concepción del mundo, sino que puedan coincidir en la defensa de la dignidad humana y en la lucha contra las formas de opresión.
Las Cruzadas y la utilización de causas nobles
Nicola Hadwa introduce un ejemplo histórico para profundizar en la contradicción entre los ideales proclamados y los intereses perseguidos: las Cruzadas y la conquista de Jerusalén.
«…cuando se hablaba en las Cruzadas del rescate del Santo Sepulcro, instalaron allí el reino cristiano de Jerusalén, volvieron a Europa y lo único que se les olvidó fue el Santo Sepulcro…»
Si aquellas expediciones se justificaron públicamente mediante la recuperación de los lugares santos, ¿qué relación guardaban sus objetivos religiosos con las ambiciones territoriales y materiales que acompañaron a la expansión militar?
Abdul Karim Paz establece una comparación con las intervenciones contemporáneas que se presentan en nombre de la democracia mientras persiguen, según su interpretación, intereses estratégicos y económicos. La idea es que los poderes necesitan revestir sus acciones de una causa moralmente aceptable para movilizar a quienes acabarán soportando sus consecuencias.
La conversación recupera entonces a Francisco de Asís, quien, en el contexto de las Cruzadas, buscó encontrarse sin armas con el sultán al-Kamil. Para Paz, aquel episodio representa una alternativa a la lógica militar: el encuentro, el diálogo y la posibilidad de entendimiento entre personas pertenecientes a tradiciones religiosas distintas.
El ejemplo sirve para subrayar una distinción que atraviesa todo el programa. Las referencias religiosas pueden emplearse para movilizar a una población en favor de una guerra, pero también para cuestionar esa guerra y defender la convivencia.
Paz añade que la dimensión espiritual puede desempeñar un papel decisivo en los movimientos de resistencia. La lucha no se explica exclusivamente por el reparto de los recursos o por el cálculo de los intereses materiales. Las convicciones, la esperanza y la idea de que la vida posee un sentido que trasciende la existencia individual pueden ayudar a superar el miedo y sostener compromisos prolongados en el tiempo.
Desde su perspectiva, esa dimensión contribuye a explicar la movilización de sectores de la sociedad iraní y la solidaridad con Palestina que atribuye a distintas fuerzas de la región. Se trata de una interpretación política y religiosa del papel de la espiritualidad, no de una explicación única de los conflictos de Asia Occidental.
¿Qué significa realmente el «opio del pueblo»?
En la segunda parte del diálogo, Abdul Karim Paz vuelve sobre la frase de Marx para cuestionar su utilización como explicación universal del fenómeno religioso.
Su argumento es que una teoría debe poder confrontarse con las realidades que pretende explicar. Si existen movimientos religiosos que, lejos de favorecer la resignación, impulsan la organización de los sectores populares y su enfrentamiento con el poder, esos casos obligan a matizar cualquier interpretación que reduzca la religión a una herramienta de dominación.
Paz recuerda el encuentro entre Frei Betto y Fidel Castro y la valoración de Jesús como figura revolucionaria. También evoca la idea, atribuida en la conversación al Ché Guevara, de que los cristianos comprometidos con la justicia no necesitan convertirse en marxistas para participar en una lucha emancipadora: pueden hacerlo desde su propia tradición religiosa.
«Nosotros no queremos que se hagan marxistas, queremos que sean cristianos, cristianos, revolucionarios, porque un verdadero cristiano o es revolucionario o se ha vendido al poder.» Ernesto Guevara de la Serna “Ché”
El planteamiento no elimina las diferencias entre marxismo y religión. Las sitúa en otro terreno. La cuestión no sería exigir que el creyente adopte una filosofía materialista ni que el marxista acepte una concepción trascendente, sino reconocer la posibilidad de una acción común frente a la injusticia.
Hadwa, desde el laicismo marxista, sirve de interlocutor para plantear esa tensión sin dar por supuesta una identidad entre ambas tradiciones. El diálogo propone examinar qué las separa, pero también qué experiencias históricas permiten establecer puntos de encuentro.
En esta reflexión aparece igualmente una preocupación por las estrategias de división. Paz advierte contra el uso político de las diferencias entre suníes y chiíes, que, según sostiene, puede enfrentar a comunidades musulmanas y debilitar sus vínculos de solidaridad. El sectarismo se presenta así, como otro mecanismo mediante el cual las identidades religiosas pueden convertirse en fronteras políticas.
Yakov M. Rabkin: el sionismo a través de la historia judía
La incorporación de Yakov M. Rabkin aporta al debate una perspectiva histórica específica. El profesor emérito, ha estudiado la historia judía contemporánea y las corrientes de oposición al sionismo dentro del propio judaísmo.
Su intervención parte de una distinción esencial: judaísmo y sionismo no son términos equivalentes. El primero designa una tradición religiosa, cultural e histórica diversa; el segundo es un movimiento político cuya formación, desarrollo y relación con la religión deben estudiarse históricamente.
Rabkin explica que la oposición judía al sionismo no nació después de la creación del Estado de Israel ni constituye una reacción reciente a las políticas de sus gobiernos. Según expone, existían desde finales del siglo XIX corrientes judías que cuestionaban el proyecto sionista por considerarlo contrario a su interpretación de la Torá y de la tradición rabínica.
En este punto, la conversación se apoya en su libro La amenaza interior. Historia de la oposición judía al sionismo, que Fermín Xabier Santxez Agurruza destaca como una obra fundamental para conocer esas posiciones.
Rabkin describe una tradición religiosa en la que el retorno colectivo a Tierra Santa no debía imponerse mediante la fuerza ni adelantarse a la redención mesiánica. Desde esa interpretación, la espera, el exilio y la relación con la tierra poseen un significado religioso que no puede sustituirse sin más por un proyecto de construcción nacional.
El historiador recuerda asimismo que, cuando surgieron las primeras propuestas sionistas modernas, muchos rabinos y sectores de las comunidades judías se opusieron a ellas. La oposición no se limitaba a una diferencia sobre la ubicación de un futuro Estado: afectaba a la propia naturaleza del proyecto y a la pretensión de que un movimiento político pudiera presentarse como representante de todo el pueblo judío.
Un proyecto político de raíz europea
Rabkin sitúa el desarrollo del sionismo moderno en el contexto de los nacionalismos europeos del siglo XIX. Explica que Theodor Herzl y otros promotores del movimiento se inspiraron en procesos de construcción nacional que buscaban reunir a una población en torno a una identidad colectiva, una lengua común y un territorio.
En su exposición, el sionismo de sus primeros dirigentes no fue primordialmente un movimiento religioso. Tuvo un carácter en buena medida secular y estuvo influido por las corrientes nacionalistas de la Europa de su tiempo, así como por la experiencia del antisemitismo que sufrían los judíos en el continente.
El historiador subraya una distinción terminológica que considera fundamental: el título alemán de la obra de Herzl, Der Judenstaat, se traduce como El Estado de los judíos o Un Estado para los judíos, y no significa necesariamente Estado judío en el sentido religioso. La diferencia permite examinar cómo una propuesta de carácter nacional y político fue adquiriendo, con el tiempo, otras justificaciones ideológicas y religiosas.
Rabkin relaciona también el desarrollo del sionismo cristiano con las interpretaciones protestantes que, desde siglos anteriores, defendían la reunión de los judíos en Tierra Santa como parte de una expectativa sobre la segunda venida de Cristo. A su juicio, esas ideas adquirieron una dimensión geopolítica creciente cuando coincidieron con los intereses británicos en la región del Imperio otomano, especialmente en el contexto de la importancia estratégica del canal de Suez.
Su relato distingue así dos procesos que terminarían convergiendo: por un lado, las expectativas religiosas de determinados sectores cristianos; por otro, el nacionalismo político judío y los intereses estratégicos de las potencias europeas.
Después de 1967: nacionalismo, religión y colonización
Otra cuestión planteada por Abdul Karim Paz es la transformación de determinados sectores religiosos judíos después de la guerra de 1967 y la ocupación de nuevos territorios por Israel.
Rabkin responde distinguiendo entre corrientes que a menudo se agrupan de manera indiscriminada. Explica que el sionismo nacional-religioso incorporó interpretaciones mesiánicas a un proyecto que había surgido en buena medida al margen de la religión. Para esos sectores, la conquista de territorios podía interpretarse como una señal divina y la colonización como parte de una misión religiosa.
El historiador diferencia esta corriente de los grupos haredíes, habitualmente denominados ultraortodoxos, entre los cuales existen posiciones contrarias al sionismo. La observancia religiosa no conduce necesariamente a respaldar el nacionalismo israelí: determinadas comunidades judías rechazan precisamente que un Estado moderno pretenda representar o realizar por medios políticos una promesa religiosa.
Esta distinción es central para el debate. Las corrientes religiosas judías no mantienen una posición única ante el sionismo, del mismo modo que el judaísmo no puede reducirse a la política de un gobierno israelí.
El sionismo cristiano y la disputa por las conciencias
Hadwa pregunta a Rabkin por la expansión del sionismo cristiano en Estados Unidos, América Latina y otras regiones, así como por sus vínculos con sectores evangélicos.
Rabkin confirma la importancia política de ese movimiento y señala su presencia en distintos espacios internacionales, incluidos países de América Latina, África y Corea del Sur. También destaca la relación que algunos de sus sectores mantienen con corrientes nacional-religiosas israelíes.
En su análisis, el sionismo cristiano no constituye únicamente una postura teológica sobre la Biblia. Tiene implicaciones políticas y sociales. Rabkin llama la atención sobre la teología de la prosperidad, que vincula determinadas formas de éxito material con la bendición divina, y sostiene que estas corrientes pueden desplazar o debilitar las reivindicaciones de justicia social.
La cuestión conecta con el argumento inicial del programa:
«…una tradición religiosa puede movilizar a sus seguidores hacia la solidaridad con los pobres o, por el contrario, legitimar las desigualdades y asociar el orden existente con una voluntad superior.»
La conversación aborda también la relación entre identidad judía y Estado de Israel. Rabkin cuestiona que la oposición al sionismo se califique automáticamente de antisemitismo y recuerda que existen judíos que critican ese proyecto desde convicciones religiosas profundas. La existencia de esas corrientes obliga, en su opinión, a abandonar las identificaciones simplificadoras entre judaísmo, sionismo y apoyo incondicional a las políticas israelíes.
Palestina y la posibilidad de una convivencia compartida
La discusión se desplaza finalmente hacia el futuro de Palestina y la posibilidad de una convivencia política entre sus habitantes.
Ante la hipótesis de una transformación del régimen sionista, Rabkin considera que una parte importante de la población judía podría permanecer en el territorio y vivir en un Estado compartido, mientras que otros podrían marcharse. Presenta esta posibilidad como un escenario hipotético, no como un desenlace inmediato ni como una predicción segura.
El historiador señala que la propuesta de un Estado con igualdad de derechos para todas las personas entre el río Jordán y el mar Mediterráneo no cuenta con el respaldo de la mayoría de la población israelí. Sin embargo, plantea una contradicción en los argumentos que niegan la posibilidad de convivencia con los árabes: la sociedad israelí ya incluye una presencia árabe significativa en profesiones como la medicina y la farmacia.
La pregunta de fondo es si la convivencia puede convertirse en un principio político efectivo, con independencia de las identidades religiosas y nacionales, o si seguirá subordinada a un sistema de privilegios y exclusiones.
Para los participantes, la respuesta no pasa por negar las diferencias entre las tradiciones religiosas, sino por reconocer que ninguna de ellas posee una única interpretación política. Existen corrientes judías, cristianas y musulmanas que han defendido la justicia social, la solidaridad con los oprimidos y la convivencia; también existen otras que han legitimado proyectos de dominación. La disputa se desarrolla dentro de cada tradición y entre ellas.
Una alianza sin uniformidad
En sus intervenciones finales, los participantes regresan a la posibilidad de construir espacios comunes entre las tradiciones abrahámicas y las corrientes revolucionarias no religiosas.
Santxez Agurruza reivindica las figuras de Abraham, Moisés, Jesús y Muhammad, junto con la memoria del Ché Guevara, como referencias distintas de una lucha contra la opresión. Su propuesta consiste en buscar aquello que pueda unir a creyentes de distintas confesiones y a personas que no comparten la fe, sin exigirles que renuncien a sus convicciones.
Abdul Karim Paz insiste en que la tensión entre el mensaje profético y su utilización por el poder atraviesa las tres grandes tradiciones monoteístas. Desde su interpretación, el compromiso con la liberación exige distinguir entre las enseñanzas que dignifican al ser humano y las estructuras que se apropian de ellas para justificar la dominación.
Yakov M. Rabkin, por su parte, recuerda la importancia de la justicia social en la propia tradición judía. Al evocar el mensaje del profeta Isaías asociado a Yom Kippur, subraya que el ayuno y la oración pierden su sentido si no van acompañados de la defensa de quienes sufren la opresión. Su conclusión es una invitación a trabajar junto a personas de distintas convicciones espirituales y políticas en favor de una justicia humana compartida.
El diálogo no borra las diferencias filosóficas ni las divergencias en la interpretación de la historia. Tampoco convierte las posiciones de los participantes en una doctrina común. Su interés reside precisamente en ponerlas en relación y mostrar que el encuentro entre tradiciones distintas es posible.
La cuestión que permanece abierta es si las religiones, el marxismo y las fuerzas progresistas pueden reconocerse mutuamente como interlocutores en la lucha contra la injusticia, sin reproducir las fronteras y los sectarismos que dicen combatir.
Escuchar el diálogo completo
La conversación entre Nicola Hadwa, Abdul Karim Paz, Fermín Xabier Santxez Agurruza y Yakov M. Rabkin ofrece una oportunidad para profundizar en cuestiones que rara vez se abordan juntas: la relación entre religión y lucha de clases, la experiencia de la teología de la liberación latinoamericana, la historia del sionismo y la existencia de tradiciones judías contrarias a ese movimiento político.
Más que una respuesta cerrada, el programa propone un debate sobre las condiciones que permiten transformar las convicciones espirituales, filosóficas y políticas en una fuerza de emancipación. Un debate que interpela tanto a quienes encuentran en la religión una fuente de compromiso como a quienes, desde posiciones laicas y marxistas, buscan caminos para combatir la explotación y defender la dignidad humana.
Invitamos a escuchar íntegramente el programa de Zaatar TV. La amplitud de las intervenciones, los matices de cada participante y las preguntas que se plantean entre ellos permiten apreciar la riqueza de un diálogo que apenas comienza y que merece continuar.
Comité de Apoyo a Irán Iberia, a 15 de octubre de 2026
Programa completo en ZaatarTV:
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