El repliegue como decisión estratégica frente al chantaje, la fragmentación y el avance del fascismo
Una reivindicación del repliegue no como una renuncia a los principios ni como una derrota, sino como decisión táctica para preservar la organización y preparar una nueva ofensiva. Desde la experiencia histórica de la resistencia popular venezolana y el legado de Hugo Chávez, Mario Silva reflexiona sobre el chantaje, la coerción y la instrumentalización de la ley contra quienes ayer sostuvieron las luchas colectivas. Señala también la fragmentación de los movimientos revolucionarios, su insuficiente adaptación a la guerra mediática y digital y la capacidad del capitalismo para absorber discursos de izquierda. Frente a este escenario, llama a recuperar la disciplina, formar nuevos cuadros y aprender de los errores, sin condenar a quienes ceden ante la presión ni confundir un retroceso con el abandono de la causa. Porque perder una posición no significa perder el horizonte político, y la verdadera derrota sería olvidar para qué se comenzó a luchar.
Comité de Apoyo a Irán Iberia

Por Mario Silva, a 21 de octubre de 2026
“Saber retirarse a tiempo no es rendirse,
sino un principio táctico esencial.
Conserva las fuerzas, evita la destrucción
innecesaria y permite reorganizar
el movimiento para retomar la lucha
en condiciones favorables.”
Lenin
Esta frase de Lenin, al menos en nuestras circunstancias y cuando vemos con dolor a compañeros que sucumben ante el chantaje y la instrumentación y manipulación de las leyes que están a cargo de los traidores, nos indica que estamos obligados a:
Preservar los recursos: Salvar al personal y los medios materiales es más valioso que perderlo todo en una batalla imposible.
Disciplina y control: Un repliegue requiere orden para no convertirse en pánico o desbandada.
Reagrupamiento: El espacio cedido se usa para ganar tiempo, analizar al adversario y planificar el contraataque.
Visión a largo plazo: Lo fundamental no es ganar un choque aislado, sino alcanzar el objetivo final de la causa.
Porque la retirada es un tipo de operación militar que, en general, implica el abandonar la posición ocupada y replegarse a otra u otras más seguras.
Un retiro se puede emprender como parte de un retractamiento, para consolidar fuerzas, para ocupar la tierra que se defienda más fácilmente, o para conducir al enemigo hacia una emboscada. Se considera una operación relativamente aventurada y peligrosa, que requiere disciplina para evitar caer en una derrota desorganizada.
Cada cuadro deberá abstraerse de cualquier apreciación o urgencia personal, incluso priorizar en su propio tablero, qué se puede desechar y qué se puede lograr concretar con la máxima disciplina.
La idea forma parte de un profundo análisis de Lenin sobre la táctica y la estrategia político-militar. Lenin sostenía que un verdadero movimiento revolucionario no puede limitarse a avanzar a ciegas o atacar de forma impulsiva; debe poseer la madurez y la disciplina necesarias para efectuar un repliegue ordenado cuando las circunstancias y la correlación de fuerzas son completamente desfavorables.
Para él, resguardar los cuadros y conservar la organización frente a un enemigo inmensamente superior era vital para poder contraatacar con éxito en el futuro.
En un mundo que ha sido esclavizado por una operación sistemática en los medios y las redes sociales, la urgencia es entender ese salto tecnológico, actualizarnos y adecuar los clásicos a la nueva narrativa imperante de quienes siempre han ido estudiando nuestras debilidades, mientras debatimos en el marco de las opiniones personales, facilitando las divisiones dentro de los movimientos revolucionarios que han terminado por dividirnos o atomizarnos.
Esa es, quizás, una de las razones que coadyuvan a que el fascismo siga avanzando. No bastan los conocimientos para determinar los escenarios, hay que hacer el esfuerzo de potabilizarlos para la preparación de nuevos cuadros y para las masas que se están movilizando más por ósmosis e impulsos generados por la precarización de sus condiciones que por la idea de generar una revolución que sea anticapitalista, antiimperialista, socialista que vaya más allá y derrumbe el sistema imperante para cambiar todo y no seguir en el círculo vicioso gatopardiano, de cambiar todo para no cambiar nada. Porque, de esto último se van aprovechando sectores minoritarios, con discursos de izquierda y maquillajes de marketing, que terminan siendo absorbidos por el sistema, traicionando y decepcionando a los pueblos.
Para esto hay que endurecerse sin perder la ternura, ser creativos desde el dolor y entender de la existencia de extraordinarias bellezas naturales y prefabricadas que han sido utilizadas por los medios y redes sociales, para cegar la horrible realidad que viven los pueblos en África, Asia, Latinoamérica, incluso, dentro de los territorios “civilizados” en los que es casi imposible despertar después de 16 horas laborales, estructura capitalista que subordina al ser humano a aislarse y priorizar sus situaciones personales, mientras la pobreza y la desigualdad generalizada crece y tienen el poder de nuclear en burbujas a las masas.
Entender, digerir y vomitar la verdad, es instrumentalizar posibilidades de la contrainsurgencia para combatir desde cualquier espacio a quienes han facilitado la mutación del capitalismo y la distribución del planeta en áreas de influencia, es hoy una tarea urgente.
Cada quien según sus posibilidades, lo económico determina al individuo -decía Marx-. Pero, he allí que no sólo se puede valorar esas urgencias a que nos someten, sino que todos aquellos que tenemos la capacidad de soportar a un régimen de presiones, chantajes y enjuiciamientos, tácticas que nos corroboraron que siempre estuvimos bajo el escrutinio de los que nos traicionaron -caso Venezuela-, ahora han sacado a la luz los expedientes que fueron archivando para beneficiarse y someter a quienes fueron escudos de las arremetidas del fascismo.
Lo que sí es cierto, es que no puedo culpar a nadie por sus decisiones en medio de esta arremetida temporal que, inevitablemente, no podrán sostener ante la realidad de los hechos, por más que los disfracen y los maquillen. Estoy obligado a entenderlos y tener la certeza de que el chantaje y la coerción serán el acicate que hará retornar el espíritu combativo de nuestros colectivos. Los vi antes de llegar Chávez al poder el 27 y 28 de febrero de 1989 defendiendo al glorioso 23 de enero de los ataques del aparato represivo de Carlos Andrés Pérez.
¿Cuál es la diferencia temporal del proceso? Que había colectivos de resistencia que trabajaban con las uñas durante la IV República, y que luego acompañaron a Chávez y que ahora son acorralados por los mismos que ellos protegieron.
Los tiempos y las circunstancias determinan a los pueblos. Más allá de lo ideológico que no puede jamás subestimarse, existe un pueblo que (de nuevo Venezuela), tuvo en sus manos la posibilidad de crecer y demostrar que si se podía construir una Revolución. Chávez con un lenguaje simple fue el reparador de sueños, fue realmente ese reparador de sueños que todos los revolucionarios llevamos por dentro y dejó en cada uno de nosotros el poder de resistir para existir. Así que nunca pensemos que la retirada se puede convertir en derrota permanente.
Cuando te topas con circunstancias adversas, sólo te toca evaluarlas, estudiarlas y pasarlas por una suruca y, como los mineros, limpiar toda la basura y que queden en ese tamiz los diamantes que sirvan para superar los errores cometidos, incluso, entender las bizarras razones de aquellos que llevaron a traicionar a todo un pueblo.
Como dijo Chávez,
“por ahora los objetivos no pudieron ser superados”