La guerra antes de la guerra

Cuando el pretexto habitual del imperio (o la falsa bandera) se convierte en estrategia

Análisis de Danny Haiphong. 1 de octubre de 2026


La emergencia sufrida por un vuelo de Flydubai entre Dubái y Tel Aviv se convierte, en el análisis de Danny Haiphong, en una pieza más de un escenario que considera crecientemente orientado hacia la reanudación de la guerra contra Irán. El avión, que transportaba alrededor de 180 pasajeros, entre ellos un centenar de israelíes, emitió códigos de emergencia, sufrió un brusco descenso y terminó aterrizando en Tabuk, Arabia Saudí. Las primeras informaciones apuntaron a un violento incidente en la cabina y a un posible apuñalamiento del piloto. Las circunstancias exactas, subraya Haiphong, todavía no están plenamente esclarecidas.

Es precisamente esa incertidumbre la que sitúa en el centro de su análisis. Mientras medios y autoridades israelíes comenzaron a apuntar hacia una posible implicación iraní, Teherán había advertido previamente de que Israel podía estar preparando un ataque contra aeronaves o aeropuertos de la región que posteriormente pudiera atribuirse a Irán. Para Haiphong, la coincidencia temporal entre ambas circunstancias constituye una señal que no puede ignorarse. No afirma disponer de una prueba concluyente sobre la autoría del incidente, pero sostiene que el conjunto de acontecimientos resulta suficientemente sospechoso como para considerar seriamente la hipótesis de una operación destinada a crear un pretexto para una nueva escalada.

Este episodio del avión dubaití no puede aislarse de lo ocurrido durante las horas y días anteriores. Netanyahu había viajado a Emiratos Árabes Unidos y mantenido allí reuniones con Mohammed bin Zayed y representantes de otros Estados de la región, mientras Israel difundía advertencias sobre un posible ataque procedente de Irán y sus aliados antes de las elecciones israelíes del 27 de octubre. Poco después, el propio Netanyahu aparecía públicamente anunciando que Israel estaba preparado para responder ante eventuales ataques. Haiphong interpreta esta secuencia como parte de una preparación política y diplomática destinada a construir las condiciones para una nueva confrontación.

El calendario electoral ocupa un lugar central en su razonamiento. Según Haiphong, Netanyahu se encuentra ante una situación política delicada y una nueva guerra con Irán podría alterar sustancialmente el escenario interno israelí. Pero, en su lectura, las elecciones son solamente una parte de un problema más amplio: la disputa sobre cuándo y cómo reanudar una guerra que Israel y determinados sectores de Washington no habrían abandonado como objetivo estratégico. De ahí que interprete las diferencias públicas entre Estados Unidos e Israel fundamentalmente como diferencias de calendario y no como una divergencia sobre el objetivo último.

Haiphong relaciona además este episodio con otro incidente ocurrido recientemente en una base aérea estadounidense en el Reino Unido, igualmente susceptible de haber sido utilizado como posible operación de falsa bandera, no existiendo pruebas concluyentes de una implicación iraní. Su argumento no descansa, por tanto, en demostrar la autoría de ninguno de los dos episodios, sino en observar cómo ambos pueden encajar dentro de una misma secuencia política: generar una situación de “seguridad” que permita presentar una nueva acción militar contra Irán como una “respuesta necesaria”.

En este punto aparece una de las ideas centrales de su intervención: Haiphong no considera que Israel esté simplemente tratando de arrastrar contra su voluntad a Estados Unidos hacia una nueva guerra. Su lectura es más compleja. Estados Unidos e Israel compartirían, según él, un marco estratégico común, aunque puedan discrepar sobre el momento adecuado para actuar. El objetivo que identifica es la creación de las condiciones necesarias para lanzar un nuevo ataque contra Irán, preferiblemente antes de que el calendario político estadounidense e israelí vuelva más difícil esa decisión.

La reunión de Abu Dabi adquiere así una importancia particular. La presencia simultánea de dirigentes israelíes, emiratíes y representantes de otros Estados regionales, junto con la participación estadounidense, apunta a una coordinación mucho más amplia en torno al futuro de la guerra. Interpreta las conversaciones como un intento de obtener garantías de seguridad y, al mismo tiempo, preparar las condiciones para una eventual reanudación del conflicto. En su lectura, los Estados del Golfo tienen una capacidad de presión mucho menor que Israel sobre Washington y permanecen profundamente condicionados por su dependencia política, militar y económica de Estados Unidos.

Pero el análisis de Haiphong no se detiene en el incidente aéreo. Una parte sustancial de su intervención está dedicada a la batalla informativa alrededor de Irán y, particularmente, del estrecho de Ormuz. Frente a las informaciones que presentan una recuperación del tráfico petrolero y una progresiva normalización de la situación, sostiene que existen elementos que apuntan en dirección contraria: ataques contra buques, daños a petroleros y presencia de personal militar estadounidense en embarcaciones comerciales afectadas. A partir de ello cuestiona la interpretación de los datos de tráfico y sostiene que se está construyendo una narrativa destinada a presentar la situación como más favorable para Estados Unidos e Israel de lo que, en su opinión, realmente es.

Su lectura del estrecho de Ormuz forma parte de una crítica más amplia a la utilización de la información económica como instrumento de guerra. Haiphong sostiene que los datos sobre el tráfico petrolero deben interpretarse teniendo en cuenta el mecanismo establecido por Irán para autorizar el tránsito y las circunstancias concretas de los buques que atraviesan el estrecho. A su juicio, presentar la recuperación del tráfico como prueba de que Irán está perdiendo el control de la situación simplifica una realidad mucho más compleja. La guerra, insiste, también se libra mediante narrativas capaces de modificar la percepción de los mercados y de las poblaciones.

Desde esa perspectiva, Haiphong considera que Washington intenta mantener el conflicto en un nivel que evite una derrota política evidente sin asumir, al mismo tiempo, una escalada que pudiera resultar difícil de controlar. Interpreta la contención de determinadas acciones iraníes y los contactos indirectos como parte de una estrategia destinada a ganar tiempo. Irán, según su lectura, estaría utilizando ese mismo intervalo para prepararse ante la posibilidad de una nueva ofensiva estadounidense o israelí.

El estado de la economía iraní ocupa también un lugar relevante en su argumento. Frente a las predicciones de un rápido colapso provocado por las sanciones y el bloqueo, Haiphong sostiene que Irán posee una capacidad de resistencia mayor de la que reflejan determinados análisis occidentales. Reconoce el impacto de las sanciones sobre las exportaciones petroleras, pero considera que la capacidad del Estado iraní para mantener el funcionamiento interno del país y sostener el conflicto económico ha sido subestimada. En este punto, su argumento vuelve a conectarse con la idea de que la percepción occidental de la situación iraní no coincide necesariamente con las condiciones materiales que él observa.

Las negociaciones diplomáticas entre Washington y Teherán constituyen otra pieza de este escenario. Haiphong sostiene que los esfuerzos de mediación, particularmente los impulsados por Qatar, han encontrado un obstáculo fundamental: la falta de disposición de Washington a ofrecer concesiones que permitan desbloquear las conversaciones. Recuerda que Irán ha reiterado propuestas basadas en compromisos anteriores y cuestiona que se presente el estancamiento como una responsabilidad compartida cuando Estados Unidos mantiene una posición de partida incompatible con un acuerdo. Al mismo tiempo, reivindica la diplomacia como vía para preservar la soberanía y evitar una guerra de consecuencias catastróficas.

Esta cuestión conduce a una de las conclusiones políticas más amplias de su intervención. Haiphong rechaza tanto la idea de que Israel controle unilateralmente la política exterior estadounidense como la explicación inversa según la cual Israel actuaría simplemente siguiendo órdenes de Washington. Su tesis es que ambos Estados han desarrollado una convergencia de intereses suficientemente profunda como para funcionar, en muchos ámbitos, de manera coordinada. En ese marco introduce el papel de las élites económicas, el complejo militar-industrial y los aparatos de seguridad, a los que atribuye una influencia decisiva sobre las decisiones estratégicas.

Los Estados del Golfo aparecen, en contraste, como actores con una capacidad de autonomía mucho menor. Haiphong describe especialmente a Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí como profundamente dependientes de Estados Unidos en materia militar y estratégica. Esa dependencia explicaría, a su juicio, la disposición de estos gobiernos a participar en iniciativas regionales impulsadas por Washington e Israel incluso cuando sus propios intereses económicos podrían verse perjudicados por la prolongación del conflicto.

Todo ello desemboca en su interpretación del momento actual. Haiphong considera que Israel se encuentra ante una ventana temporal particularmente estrecha: las elecciones israelíes constituyen, en su lectura, el último obstáculo político para una nueva acción militar contra Irán. Si pudiera eliminarse o neutralizarse ese obstáculo mediante un acontecimiento capaz de modificar la percepción pública de la amenaza, Estados Unidos podría seguir el mismo camino. El incidente del vuelo aparece así, dentro de su análisis, no como un hecho aislado, sino como una posible pieza de una secuencia todavía en desarrollo.

Su conclusión es inequívoca, aunque reconoce que parte de sus hipótesis no puede demostrarse con la información disponible. Haiphong considera que el escenario regional está lejos de ser favorable para Estados Unidos e Israel y sostiene que las operaciones de información, las acusaciones contra Irán y la preparación de nuevos argumentos para la intervención militar deben interpretarse también como signos de una posición menos sólida de la que transmite el discurso público. La resistencia regional, particularmente en torno a Irán y sus aliados, conserva capacidad para prolongar el conflicto y modificar el equilibrio estratégico de Asia Occidental.

La advertencia final de Haiphong es, por tanto, que el incidente del vuelo puede ser solamente el comienzo de una nueva fase. No presenta como demostrada la autoría iraní ni afirma disponer de una prueba definitiva sobre una operación de falsa bandera. Su argumento consiste en conectar una serie de acontecimientos recientes que, vistos conjuntamente, le llevan a considerar inminente la posibilidad de una nueva escalada. El interrogante que deja abierto no es únicamente quién estuvo detrás del incidente, sino qué otros acontecimientos pueden producirse y qué utilización política podría hacerse de ellos en las semanas previas a las elecciones israelíes.

En esa lectura, el problema fundamental no es un episodio aislado, sino la construcción de las condiciones políticas, militares e informativas que permitan presentar una nueva guerra como una respuesta inevitable. Y, para Haiphong, esas condiciones ya están empezando a tomar forma.

Comité de Apoyo a Irán Iberia 2026

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