La zaffa: el cortejo nupcial que ya es patrimonio mundial

Al Mayadeen Español, 20 de septiembre de 2026

Siete países llevaron juntos ante la Unesco una tradición que no pertenece a un escenario, sino a las familias: la zaffa, el cortejo de música, danza y alegría que acompaña a los novios hacia una nueva vida.

La zaffa, Jordania

Primero se escucha el tambor.

Después se abren las puertas y aparecen las voces. Hay palmas, cantos, flores, dulces y gritos de alegría. Los niños corren entre los adultos. Las madres vigilan cada detalle. Los mayores recuerdan cómo debe hacerse. En el centro, dos personas avanzan hacia una vida nueva.

Es la zaffa, el cortejo nupcial que acompaña a los novios en numerosas comunidades árabes y africanas.

Desde diciembre de 2025, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) inscribió “La zaffa en el matrimonio tradicional” en la Lista Representativa del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

La candidatura fue presentada conjuntamente por siete países: Yibuti, Comoras, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Jordania, Mauritania y Somalia.

No todos celebran la zaffa de la misma manera. Cambian los ritmos, los vestidos, los pasos y los símbolos. Pero en todos permanece una idea: una boda no une solamente a dos personas. También reúne a dos familias y convoca a toda la comunidad.

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Qué es la zaffa

La zaffa, Yibuti

La Unesco la define como una procesión nupcial tradicional que marca el paso de la soltería a la vida matrimonial.

Pero la zaffa no es simplemente la entrada de los novios a una sala.

Comienza mucho antes. En algunas comunidades, la novia participa en rituales de purificación y recibe la henna sobre la piel. Se preparan vestidos especiales, joyas, capas, adornos y perfumes. Músicos, bailarines y artesanos ayudan a construir la celebración.

Después llega el cortejo.

La pareja avanza acompañada por familiares, amigos y vecinos. Suenan tambores y canciones. Se baila. Se lanzan flores y dulces. Las mujeres expresan la alegría con sus característicos gritos festivos. El camino se transforma por unos instantes en una fiesta compartida.

También pueden aparecer actos de protección y bendición. Según la comunidad, los novios beben leche, rompen un huevo o llevan la capa de un familiar. No son gestos decorativos: cada uno transmite un deseo de fertilidad, abundancia, protección o buena fortuna.

La zaffa convierte el matrimonio en un paso visible. La pareja no cruza sola el umbral. La comunidad la acompaña.

Siete países, muchas formas de celebrar

La candidatura conjunta no presenta la zaffa como una ceremonia idéntica en todas partes. Al contrario: la Unesco reconoció una tradición común que vive con muchos rostros.

En Yibuti, el novio puede ser acompañado hasta su nuevo hogar entre cantos y danzas como el Dabal.

Los Emiratos Árabes Unidos incorporan al cortejo vestidos ceremoniales como el bisht y expresiones tradicionales como la danza Al-Ayyala, ejecutada al ritmo de tambores y movimientos colectivos.

Irak reúne a hombres y niños alrededor de canciones, bailes populares y prendas tradicionales. El cortejo convierte la calle en un espacio donde distintas generaciones celebran juntas.

Desde la casa del novio parten familiares y amigos en Jordania para buscar a la novia. El recorrido puede incluir tambores, cantos, dabke y ululaciones. La salida de la novia de la casa familiar se convierte así en uno de los momentos más emotivos.

Para muchas familias de Mauritania, la preparación y la bendición de la novia ocupan un lugar central. La ropa, las joyas y los gestos transmitidos por las mujeres forman parte de la ceremonia.

Las danzas, los cantos y la participación de jóvenes y familiares convierten las bodas de Somalia en una expresión de identidad compartida.

Una plataforma ceremonial puede recibir al novio en Islas Comoras, donde aparece sentado y rodeado por familiares y amigos. Las joyas, los vestidos y la presentación pública de la pareja forman parte del lenguaje de la fiesta.

Cada lugar cambia la melodía. La emoción, sin embargo, se reconoce.

Una tradición sin fecha de nacimiento

La zaffa, Islas Comoro

¿Cuándo comenzó la zaffa?

No existe una respuesta única.

La Unesco no fija un año ni un siglo para su origen. Tampoco sería preciso atribuir su nacimiento a uno solo de los siete países. La palabra y las formas del cortejo han viajado, cambiado y adquirido sentidos propios en comunidades separadas por miles de kilómetros.

Lo que sí está documentado es que se transmite desde hace generaciones y que forma parte histórica de las celebraciones matrimoniales en diferentes sociedades árabes y africanas.

Muchas bodas cambiaron durante el siglo XX. Las casas dieron paso a los salones. Los automóviles sustituyeron algunos recorridos a pie. Los altavoces se unieron a los tambores y las cámaras comenzaron a registrar cada instante.

La zaffa también cambió, porque una tradición viva no permanece inmóvil.

Sin embargo, algo sobrevivió a todas esas transformaciones: el deseo de acompañar públicamente a quienes comienzan una vida en común.

Las personas que mantienen viva la fiesta

La zaffa no se conserva dentro de una vitrina.

Vive porque las madres preparan la ceremonia. Porque los mayores enseñan las normas y recuerdan los cantos. Porque los jóvenes acompañan a los novios. Porque músicos, bailarines, bordadores, joyeros y otros artesanos aportan su trabajo.

Unos aprenden mirando. Otros repiten los pasos de sus padres y abuelos. También existen escuelas, talleres y programas culturales que ayudan a transmitir la música y la danza.

Así funciona el patrimonio inmaterial: no es un objeto antiguo, sino un conocimiento que pasa de una persona a otra.

La Unesco destacó precisamente esa capacidad de la zaffa para reunir generaciones, fortalecer los vínculos sociales, promover la hospitalidad y ofrecer un espacio para la expresión artística.

La boda dura unas horas. Lo que se transmite puede durar siglos.

Cómo llegó a la Unesco

La candidatura reunió inventarios, testimonios, fotografías, videos y declaraciones de las comunidades que practican la tradición. El objetivo no era demostrar que todas las zaffas son iguales, sino explicar el valor social que comparten y la manera en que cada pueblo las mantiene vivas.

El Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial examinó la propuesta durante su vigésima sesión, celebrada en Nueva Delhi, India, del 8 al 13 de diciembre de 2025.

Allí decidió incorporar la zaffa a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

La inscripción no significa que la Unesco haya elegido una versión oficial de la ceremonia. Tampoco convierte la tradición en propiedad de un solo país. Reconoce su importancia y compromete a los Estados y a las comunidades a proteger las condiciones que permiten transmitirla.

Cuando toda la comunidad dice “sí”

La zaffa, Somalia

En muchas bodas modernas, la entrada de los novios dura apenas unos minutos. En la zaffa, esos minutos contienen un mundo.

Allí está la madre que ajusta por última vez una prenda. La abuela que reconoce una canción de su juventud. El niño que todavía no entiende el ritual, pero aprende su ritmo con los pies. El músico que conoce el momento exacto en que debe levantar el tambor. La novia que deja una casa. El novio que la espera acompañado por todos.

Por eso la zaffa no pone únicamente a la pareja en el centro.

Celebra el vínculo que nace alrededor de ella.

Desde el Golfo hasta Mesopotamia, desde el Levante hasta el Cuerno de África y las islas Comoras, cambian los instrumentos, los colores y las palabras. En un lugar se rompe un huevo. En otro se ofrece leche. Aquí aparece una capa. Allá, una plataforma cubierta de joyas.

Pero siempre hay un paso que se da en compañía.

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