El rearme europeo y su coste social: la guerra contra el estado del bienestar

Andrés Piqueras en el programa Notables, de Telesur, dirigido por Jorge Gestoso

Comité de Apoyo a Irán Iberia

El profesor Andrés Piqueras(1) analiza las consecuencias económicas, sociales y políticas de la militarización de Europa y la subordinación de sus dirigentes a la estrategia de Estados Unidos. El incremento del gasto militar amenaza las conquistas sociales, agrava la crisis energética y desvía recursos públicos hacia una economía de guerra. Desde la sanidad y la educación hasta la vivienda y el empleo, el rearme tiene consecuencias que afectan directamente a las condiciones de vida de las poblaciones. Una intervención que vincula la lucha por la paz con la defensa de los derechos sociales y la capacidad de los pueblos para decidir su propio futuro.

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El precio del rearme: ¿defensa de quién y a costa de quién?

¿Es posible aumentar el gasto militar en Europa sin recortar los programas sociales? ¿Está justificado ese incremento de los presupuestos de defensa? Estas son las preguntas que Jorge Gestoso plantea a Andrés Piqueras en una nueva edición de Notables, el programa de Telesur dedicado al análisis de los grandes acontecimientos internacionales.

La respuesta de Piqueras es contundente:

Dadas las condiciones presupuestarias de la Unión Europea, con sus déficits y niveles de deuda pública, resulta prácticamente imposible incrementar sustancialmente el gasto militar sin detraer recursos de otras partidas. Y esas partidas son, precisamente, las que sostienen el bienestar de las sociedades europeas.

El problema, por tanto, no se limita a cuánto dinero se destina a los ejércitos, sino a qué necesidades colectivas se sacrifican para financiar el rearme. La sanidad, la educación, la vivienda, las infraestructuras y la protección social forman parte de un conjunto de conquistas históricas que permitieron redistribuir parcialmente la riqueza y mejorar las condiciones de vida de las mayorías trabajadoras.

Piqueras cuestiona que exista una justificación suficiente para embarcar a Europa en una escalada militar contra Rusia. A su juicio, desde la desaparición de la Unión Soviética se ha mantenido una dinámica de confrontación que terminó convirtiendo a Ucrania en un instrumento de presión y enfrentamiento contra Moscú. El sostenimiento económico y militar de ese conflicto, afirma, absorbe recursos que proceden de la riqueza social europea.

La pregunta que atraviesa toda la conversación es elemental: ¿qué sentido tiene deteriorar las condiciones de vida de las poblaciones europeas para alimentar una confrontación que, lejos de garantizar su seguridad, puede conducir a una escalada de consecuencias imprevisibles?

Europa bajo tutela estratégica

Uno de los puntos centrales de la intervención es la relación entre Europa, Estados Unidos y la OTAN. Piqueras sostiene que la presencia militar estadounidense en el continente, mantenida después de la Segunda Guerra Mundial e incluso ampliada en determinados momentos, revela los límites de la autonomía estratégica europea.

La desaparición de la Unión Soviética no supuso la retirada de la estructura militar occidental. Para el profesor, esa continuidad obliga a preguntarse qué función desempeña hoy el dispositivo militar estadounidense en Europa y por qué se mantiene una política de confrontación cuando sería posible desarrollar relaciones de cooperación con los países vecinos.

En este contexto interpreta las exigencias de aumentar el gasto militar, incluido el objetivo del 5 % del producto interior bruto defendido en el marco de la OTAN, como una expresión de la subordinación de las prioridades europeas a una estrategia definida bajo el liderazgo estadounidense.

La consecuencia sería doble. Por un lado, Europa destina una proporción creciente de sus recursos a la militarización. Por otro, una parte de ese gasto se traduce en compras de armamento a Estados Unidos, mientras las armas suministradas a Ucrania alimentan una guerra que continúa intensificándose.

Piqueras describe esta dinámica como una transferencia de riqueza europea hacia los intereses económicos estadounidenses. La compara con una inversión del sentido que tuvo el Plan Marshall después de la Segunda Guerra Mundial: en lugar de contribuir a la reconstrucción europea, el proceso actual estaría favoreciendo la salida de recursos del continente.

No se trata, en su análisis, de una cuestión exclusivamente militar. La subordinación estratégica también condiciona las decisiones económicas, industriales y energéticas de Europa, limitando su capacidad para defender intereses propios.

La fabricación del consenso y el aislamiento de las alternativas

Gestoso introduce otra cuestión decisiva: el papel de los medios de comunicación y de las fuerzas políticas en la legitimación del rearme. ¿Qué ocurre con quienes defienden el mantenimiento de los programas sociales frente al aumento del gasto militar?

Piqueras considera que las posiciones contrarias a la escalada militar encuentran un espacio muy reducido dentro de las instituciones europeas.

El consenso sobre Rusia como amenaza y la necesidad de rearmarse atraviesa buena parte del espectro político institucional, desde la derecha hasta sectores de la izquierda integrados en el sistema.

Quienes cuestionan esa orientación quedan, a su juicio, relegados a posiciones minoritarias y expuestos a campañas de descalificación. De este modo, la discusión sobre las prioridades presupuestarias se desplaza: defender los servicios públicos y oponerse a los recortes deja de ocupar el centro del debate, mientras la militarización se presenta como una necesidad indiscutible.

Frente a ese consenso institucional, Piqueras señala la existencia de protestas contra la guerra y contra la recuperación de fórmulas de servicio militar obligatorio en distintos países europeos. Interpreta estas movilizaciones como una expresión del rechazo de sectores de la población a considerar a Rusia un enemigo inevitable.

La distancia entre las decisiones de las élites dirigentes y las preocupaciones de la ciudadanía constituye uno de los problemas políticos que atraviesan la conversación.

La población europea no puede quedar reducida a asumir las consecuencias económicas y humanas de una estrategia que no ha decidido en condiciones de información y deliberación suficientes.

La crisis energética y la contradicción ecológica

El análisis se extiende a la energía, un terreno en el que Piqueras identifica contradicciones especialmente significativas. Europa depende en gran medida de recursos procedentes del exterior, pero ha deteriorado sus relaciones energéticas con Rusia, una potencia vecina con importantes reservas de petróleo y gas.

El profesor cuestiona las consecuencias de sustituir los suministros rusos por combustibles estadounidenses, incluidos los procedentes de la extracción mediante fracturación hidráulica. Esta sustitución encarece los costes, incrementa las exigencias de transporte y entra en contradicción con los objetivos de transición ecológica que proclaman las instituciones europeas.

La paradoja es evidente en su planteamiento: mientras se invocan la sostenibilidad y la protección ambiental, se mantienen políticas de confrontación que dificultan el acceso a recursos energéticos próximos y favorecen alternativas cuya producción y transporte también tienen costes ambientales.

Piqueras vincula esta situación a una transformación más amplia de la economía europea. Frente al debilitamiento de la producción industrial, considera que adquieren un peso creciente las actividades financieras y especulativas, cada vez más alejadas de la satisfacción directa de las necesidades sociales.

En ese escenario, el gasto militar no constituye una solución a los problemas estructurales del continente. Por el contrario, puede agravar sus dificultades económicas y reducir los recursos disponibles para afrontar la transición energética, sostener el empleo y garantizar los servicios públicos.

Sanidad, educación, empleo y vivienda: las consecuencias sociales

En la segunda parte de la entrevista, Gestoso pregunta por los efectos concretos de estas políticas. La respuesta de Piqueras amplía el foco: no se trata únicamente de sanidad y educación, sino del conjunto de servicios e infraestructuras que permiten sostener la vida cotidiana.

El profesor alude a las carencias de personal sanitario, las listas de espera, el envejecimiento de las instalaciones hospitalarias y las dificultades de los sistemas educativos. También señala la pérdida de empleo industrial y las protestas que se extienden por distintos países europeos ante el deterioro de las condiciones de vida.

Estas referencias forman parte de su argumentación sobre el coste social del rearme.

Mientras los presupuestos militares aumentan, amplios sectores de la población encuentran dificultades para acceder a servicios esenciales, conservar su empleo o afrontar el encarecimiento de la energía y los alimentos.

La vivienda ocupa un lugar destacado en esta denuncia. Piqueras relaciona la crisis habitacional con la transformación de bienes básicos en activos de especulación financiera. La compra de viviendas para destinarlas al alquiler turístico, la presión sobre los residentes y la actuación de los fondos de inversión contribuyen, según su análisis, a desplazar a la población de sus barrios y a agravar la inseguridad residencial.

El problema no se reduce a una escasez física de viviendas. También interviene un modelo económico que convierte el acceso a un techo en una fuente de rentabilidad, aun cuando las consecuencias sean el desahucio y la exclusión social.

En la entrevista se recuerda el caso de Mari Carmen, una mujer de 78 años que había vivido durante décadas en su vivienda y que fue desalojada tras una fuerte subida del alquiler. Su muerte, dos semanas después, sirve como ejemplo de la dimensión humana que puede alcanzar esta crisis.

Piqueras vincula estas situaciones a una economía especulativa que busca beneficios en bienes de los que nadie puede prescindir: la alimentación, la energía y la vivienda.

Cuando esos bienes se someten prioritariamente a la lógica de la rentabilidad, las necesidades de la población quedan subordinadas a los intereses de quienes controlan su acceso.

De Europa a América Latina: una misma disputa política

La conversación concluye ampliando la mirada hacia América Latina. Gestoso plantea el avance de las fuerzas ultraderechistas y las políticas de privatización, con especial referencia al Gobierno de Javier Milei en Argentina.

Piqueras relaciona estos procesos con una orientación económica que favorece la privatización de recursos y servicios, debilita la capacidad de intervención pública y refuerza la subordinación a los intereses estadounidenses. También denuncia la injerencia exterior en la política latinoamericana y la promoción de fuerzas que, a su juicio, contribuyen a consolidar ese orden.

El profesor establece un paralelismo con Europa: la militarización y la preparación para escenarios de confrontación pueden ir acompañadas de un endurecimiento político interno.

Las políticas de guerra requieren mecanismos de disciplina social y pueden favorecer a fuerzas autoritarias que presentan la protesta y la oposición como obstáculos que deben neutralizarse.

No se trata de afirmar que todos los países reproduzcan idénticos procesos, sino de señalar una relación que Piqueras considera fundamental: la defensa de un determinado orden económico puede apoyarse tanto en la presión exterior como en la transformación de las condiciones políticas dentro de cada sociedad.

La cuestión vuelve así al punto de partida. ¿Qué futuro puede ofrecer un modelo que exige a las poblaciones asumir sacrificios sociales crecientes mientras desvía recursos hacia la confrontación militar?

La lucha por la paz como defensa de la vida

La intervención del profesor Andrés Piqueras en Notables plantea una crítica de conjunto a la militarización europea. El rearme aparece vinculado a la pérdida de autonomía estratégica, el deterioro de las relaciones energéticas con Rusia, la presión sobre los presupuestos públicos y el avance de una economía que convierte las necesidades básicas en oportunidades de especulación.

Su conclusión es inequívoca: la lucha por la paz no puede permanecer separada de las luchas sociales. La defensa de la sanidad pública, la educación, el empleo, la vivienda y unas condiciones de vida dignas forma parte de la misma disputa por el futuro de las sociedades.

Cuando la guerra absorbe los recursos que deberían sostener la vida, cuando la seguridad se identifica exclusivamente con la acumulación de armamento y cuando la confrontación se presenta como inevitable, resulta imprescindible recuperar la capacidad colectiva de cuestionar las decisiones de los gobernantes.

La paz no es una cuestión secundaria que pueda aplazarse hasta resolver los demás problemas, constituye una condición indispensable para que esos problemas tengan solución y para que las sociedades europeas puedan conservar las conquistas sociales que tantas luchas costaron.

Comité de Apoyo a Irán Iberia, a 17 de octubre de 2026

(1) - Andrés Piqueras Infante es Profesor Titular de Antropología Social y Sociología Social de la Universitat Jaume I de Castellón (UJI). Doctor en Sociología por la Universitat de València. Director por la UJI del Curso Interuniversitario de Cooperación y Desarrollo, de la Generalitat Valenciana, desde su comienzo, año 2000, hasta 2006. Ha impartido numerosos Masters y Cursos de Postgrado sobre Mundialización, Desarrollo y Cooperación y ha realizado investigación al respecto en Europa, América Latina y África

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