BEN-GVIR, el MINISTRO FASCISTA: el poder tras NETANYAHU

Patricia Salvador en #ReportajeSR – Spanish Revolution

Patricia Salvador analiza, desde #ReportajeSR – Spanish Revolution, la trayectoria del ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, y la normalización política de una ideología que durante décadas fue considerada extremadamente irracional incluso por buena parte del establishment israelí. Lo que, desde el lenguaje políticamente correcto de Patricia y desde nuestro propio análisis, traducimos a su verdadera naturaleza: el fascismo como praxis política.

Comité de Apoyo a Irán

Desgraciadamente, existen personajes dedicados a la política que no necesitan demasiadas explicaciones para mostrar el rostro de aquello que representan. Y no nos referimos precisamente a aquel hombrecillo acomplejado, soldado solitario, torpe y sin rumbo, de inconfundible flequillo y esmirriado bigote, que, tras la Primera Guerra Mundial, pasó de la irrelevancia a convertirse en un agitador político, henchido de confianza en sí mismo y convencido de su propio «destino» como «salvador de Alemania». Las comparaciones, aun siendo odiosas, resultan, en el caso que nos ocupa, demasiado tentadoras; y no vamos a fingir que somos inmunes a ellas.

Itamar Ben Gvir es uno de esos personajes, que reducirlo a figura provocadora de extrema derecha, excéntrico o político de declaraciones incendiarias sería quedarse cortos, muy cortos. La cuestión verdaderamente importante es otra: ¿cómo ha llegado alguien con su trayectoria y sus antecedentes ideológicos fascistas –1er. “táchese lo que no proceda” T.L.Q.N.P. – a controlar una parte fundamental del aparato de seguridad de «Israel»?

Esta es la pregunta que plantea Patricia Salvador en este programa de #ReportajeSR, utilizando sus propias palabras y criterio, no los nuestros, aquí expuestos de manera más mordaz, irónica y ponzoñosa (hoy hemos desayunado chiles mexicanos), ante las realidades vividas hasta el momento. Creemos que el contexto y el contenido así lo requieren, le duela a quien le duela.

Para responderla, nos propone un recorrido por la historia política de Ben Gvir, sus referentes ideológicos y el proceso mediante el cual el extremismo fascismo que representaba, ha ido conquistando espacios en las instituciones del ente sionista denominado «Israel».

El punto de partida es Meir Kahane, fundador de una corriente ultranacionalista judía cuya concepción política defendía la expulsión -exterminio- de la población palestina y árabe (en un rato, viajaremos de nuevo en el espacio-tiempo dadas las tentadoras comparaciones, que una vez más, nos pierden…).

Una tradición que chocó frontalmente con los principios democráticos (¿?) y que terminó siendo excluida de la legalidad electoral israelí por su carácter racista. Ben Gvir creció políticamente bajo esa influencia, convirtió a Kahane en su principal referente y desarrolló su actividad dentro de un movimiento que consideraba ilegítima cualquier concesión política a los palestinos. En resumen, y como sonaría en el lenguaje popular manchego: «Una alhaja, el muchacho. Una alhaja de las buenas». Todo un zagal con un potencial fuera de lo común para el proyecto supremacista que viene ocupándolos desde finales del siglo XIX… o, más exactamente, desde finales del siglo XX, si nos referimos a la trayectoria política de Ben Gvir.

Esta estuvo marcada por la adhesión al ideario kahanista, las amenazas contra dirigentes partidarios de los acuerdos de Oslo y la defensa y enaltecimiento de figuras vinculadas a la violencia extrema, entre ellas Baruch Goldstein, autor de la masacre de 29 palestinos en la mezquita de Ibrahim, en Hebrón, en 1994. La relación de Ben Gvir con ese universo ideológico constituye una de las claves del reportaje de Patricia: no se trata únicamente de reconstruir las declaraciones de un dirigente, sino de examinar la continuidad entre una tradición política —excluida del consenso institucional israelí más por el «qué dirán» que por convicción democrática y humanista— y su posterior incorporación al poder como fascismo normalizado.

El programa aborda también su vinculación con el movimiento colono, su defensa de la expansión de los asentamientos y su concepción abiertamente desigual —por no decir supremacista— de los «derechos» de los israelíes —y palestinos 3.er T.L.Q.N.P.—. Desde esa perspectiva, la colonización de Cisjordania no aparece como una cuestión secundaria de política territorial, sino como parte de un proyecto político que aspira a consolidar el dominio israelí sobre el territorio palestino.

¡Dios —el que sea, sin preferencias y desde el respeto— nos libre de comparar nada de esto con la ocupación y anexión de los Sudetes checoslovacos por la Alemania nazi en 1938! Y, sin embargo, volvemos a caer en la tentación… ¡Nuestra debilidad es manifiesta!

Pero el salto decisivo se produce cuando el ministro Ben Gvir deja de actuar desde los márgenes —cenagales y fosos con cocodrilos del Nilo, fantasías incluidas— y entra en el Gobierno de Benjamin Mileikovsky. Disculpen, se me fue el santo a Polonia; quise decir «Netanyahu». Su nombramiento al frente del Ministerio de Seguridad Nacional le proporciona competencias sobre la policía y el sistema penitenciario, convirtiendo sus planteamientos ideológicos —de qué nostálgico cuño, ya hemos hablado…— en directrices que afectan directamente a la actuación de las instituciones sionistas.

Patricia Salvador examina las consecuencias de ese cambio: la promoción del armamento civil —fomento institucional del paramilitarismo—; el endurecimiento deshumanizado y cruento de las condiciones de encarcelamiento de los presos palestinos; la defensa de la pena de muerte para condenados palestinos; y la celebración pública de medidas que profundizan la desigualdad entre poblaciones sometidas a marcos jurídicos diferentes.

El recorrido incluye episodios tan reveladores -y desquiciados- como la propuesta de instalar cocodrilos del río Nilo, en un foso destinado a reforzar la vigilancia de una prisión, así como la defensa de la horca como instrumento de castigo, recurso exclusivo y reservado para presos palestinos. Más allá de lo grotesco de algunas iniciativas, el problema de fondo es la capacidad de convertir la deshumanización del adversario en política institucional. Y, como reza el dicho, «la cabra siempre tira al monte», tras el análisis de Patricia, no podemos por menos que viajar en el espacio-tiempo -nuevamente-, hasta aquellos teutones territorios donde la deshumanización alcanzó dimensiones de horror industrial y el exterminio se convirtió en política de estado…, de inhumanos holocaustos.

Una nota que merece especial atención a la hora de realizar esta redacción: el motivo por el que la iniciativa del ministro en la prisión Ketziot en el desierto del Néguev, encontró obstáculos no deja de ser inhumano y revelador. La medida cautelar dictada por el Tribunal de Distrito de Jerusalén el 2 de agosto de 2026 paralizó temporalmente el traslado de los cocodrilos a la prisión de Ketziot, tras el recurso de la organización Let the Animals Live. Entre los fundamentos jurídicos de la controversia figuraba la Ley israelí de Protección de la Fauna Silvestre de 1955, en particular su artículo 1, relativo a la clasificación de los animales silvestres criados en cautividad, y su artículo 8, sobre la posesión y el traslado de fauna silvestre. Se cuestionaba que la ministra Idit Silman pudiera modificar por decisión ministerial la clasificación de los cocodrilos del Nilo para destinarlos a funciones de seguridad penitenciaria, pese a las objeciones de los asesores jurídicos y de las autoridades ambientales. El tribunal consideró que las alegaciones sobre el daño que podía ocasionarse a los animales merecían ser examinadas y prohibió provisionalmente su traslado mientras se resolvía el asunto.

Dicho de otro modo, mientras se planteaba recurrir a cocodrilos del Nilo para reforzar la vigilancia de una prisión destinada a albergar presos palestinos, la protección jurídica de los reptiles y la legalidad de la maniobra administrativa se convertían en obstáculos que no podían despacharse sin más. El contexto supera las mayores fantasías surrealistas del arte del siglo XX, aun cuando estas resultaban  mucho más humanas que los planteamientos del ministro.

La cuestión, por tanto, no es solamente quién es Itamar Ben Gvir, sino qué significa su ascenso político. ¿Cómo se transforma una ideología que durante años permaneció entre bastidores en una fuerza capaz de condicionar la actuación del «Estado»? ¿Qué ocurre cuando quienes defendían la exclusión y la violencia desde fuera de las instituciones pasan a dirigir los organismos encargados de ejercer el poder?

¡Ya me estoy imaginando a Adolf —aquel austríaco de bigote ridículo del que antes hablamos— repartiendo capones a diestro y siniestro por torpes a Goebbels y Himmler, a Heydrich y Eichmann…, allá dondequiera que se encuentren sus oscuras almas!

Aquel «otro» Adolf, apellidado Eichmann, fue capturado en Buenos Aires por el Mossad en 1960 y ahorcado en la prisión de Ramla, «Israel», al alba del 1 de junio de 1962. ¡Qué afición le tienen a la soga, según para quién! Habría que refrescarle la memoria a Itamar y recordarle el histórico oxímoron: las prácticas de ayer, justificadas en nombre de la justicia frente al nazismo, y las de hoy, aplicadas contra el pueblo palestino, bajo un mismo «Estado» que parece haber olvidado las lecciones que decía encarnar.

Este reportaje de Patricia Salvador, que puedes escuchar íntegramente en el enlace de abajo, aborda esas preguntas sin perder de vista el proceso histórico que las hace posibles, dejando sobre la mesa una cuestión que trasciende la biografía de un ministro: el extremismo fascismo —vuelva a tacharse, por cuarta y última vez, lo que no proceda— no necesita renunciar a sus principios para alcanzar el poder. A veces le basta con encontrar las condiciones políticas —otro tanto de caldo de cultivo— que le permitan ejercerlo. Y ahí, allí, en la Palestina que ocupan, Itamar tiene hoy el terreno muy bien abonado, dado el elevado porcentaje de la «ciudadanía israelí» que, según diversos sondeos, respalda políticas de expulsión, desplazamiento forzoso o eliminación de la presencia palestina. Un horizonte de exterminio y limpieza étnica que, aunque les «escueza» cuando llamamos a cada cosa por su nombre, remite a aquello que la historia, que nunca debería haberse repetido, denominó Holocausto. Y disculpen si los chiles de mi desayuno han afilado hoy mi katana… Perdón, quise decir, mi pluma.

Comité de Apoyo a Irán Iberia, a 21 de octubre de 2021

Deja un comentario