Tratando de saber

Por Mario Silva, 27 de octubre de 2026


¿Hasta qué punto puede un pueblo considerarse soberano si su economía, su cultura y hasta su manera de interpretar la realidad siguen condicionadas por poderes ajenos? 

En Tratando de saber, Mario Silva repasa la historia venezolana desde la invasión de su territorio por los reinos castellanos de la península Ibérica del siglo XV, hasta el presente, rastreando la continuidad de las estructuras de dominación.

Desde la oligarquía heredera del orden colonial hasta las nuevas burguesías del XIX y XX y la posterior colonización económica, política y cultural por parte de los Estados Unidos de Norteamérica. Su reflexión va más allá de la injerencia exterior: señala también complicidades, traiciones, inercias y renuncias internas que debilitaron el proyecto de transformación impulsado por Hugo Chávez. Una advertencia incómoda sobre la distancia entre proclamar la soberanía y ejercerla realmente, y sobre el precio de confundir la resistencia con la obediencia.

La subyugación de un estado no siempre llega con tropas. A veces se instala en la economía, se normaliza en la cultura y termina encontrando defensores dentro de la propia casa.


Comité de Apoyo a Irán Iberia, a 28 de octubre de 2026

Diferentes investigadores e historiadores coinciden en señalar que la economía de nuestros pueblos indígenas estaba sustentada -de acuerdo a las características de cada etnia y su entorno geográfico-, en la producción colectiva y en el trueque de sus excedentes provenientes de la caza, la pesca y los cultivos agrícolas.

Para la conquista española que, en su mayoría fueron recibidos de manera pacífica, este tipo de economía, le resultaba ajena a sus objetivos e intereses.

Obviamente, y de acuerdo al comportamiento depredador de la expansión imperial, esto originaría la resistencia y posterior genocidio de los pueblos indígenas. El sistema imperial acabaría por imponerse, aunque nuestros pueblos originarios, en su repliegue hacia reductos más seguros, seguirían conservando formas colectivas de sustento.

No obstante que, la colonia imperialista irrumpe en nuestras tierras cometiendo genocidio en nombre del Reino Español, hasta hoy siguen celebrándolo sin aceptar el enorme daño genocida que hicieron, incluyendo a los pueblos de África, producto del secuestro y la esclavitud, para incrementar la producción y el expolio que se llevaba la corona.

Nuestro país, Independencia por medio -y disculpen este salto temerario en el resumen-, fue fundamentalmente un país agrícola y ganadero. Los principales rubros en el Siglo XVI, período colonial, hasta 1810, fueron el tabaco, el cacao, el añil, el algodón, las perlas y el cuero de res. Desde el Siglo XIX hasta 1914, su economía agroexportadora consistió en el café -que desplazó al cacao-, el cacao, el ganado vacuno y los cueros.

Los terratenientes y propietarios de la mayoría de las tierras productivas del país, criollos herederos de la colonia, mantuvieron su poder detrás de un país convulso por la guerra y los alzamientos, sin importar los cambios que se repetían incesantes en el poder político, manteniendo estos sus raíces hispanas.

Es en 1914, cuando la presencia del imperio norteamericano toca tierra venezolana. Cito al historiador Néstor Rivero Pérez:

«Desde 1878, cuando se constituyó la Petrolia del Táchira, empresa de capital puramente nacional, el oro negro comenzó a ser extraído industrialmente en territorio venezolano en un yacimiento cercano a la población tachirense de Rubio, y con técnicas propias de un ramo que daba sus primeros pasos en el mundo.

Sin embargo, por entonces la magnitud de la explotación del hidrocarburo, que se destilaba para venta del kerosene, era modesta. Sería con la entrada en operaciones del Zumaque I y especialmente tras su reventón de julio de 1914, cuando este país se constituya en foco de atención de las grandes corporaciones mundiales de la energía, que se establecerían en el país al confirmarse las cuantiosas reservas del viscoso líquido contenidas en subsuelo venezolano.

El 12 de enero de 1914, se inició en la franja oriental del estado Zulia, a escasos kilómetros del Lago de Maracaibo y bajo control de la empresa Caribbean Asphalt Co., la perforación del pozo petrolero conocido como Zumaque I. El hecho constituyó un acontecimiento de perfil internacional por la imponente altura que meses después, en julio, alcanzaría el chorro de petróleo, que a su vez antecedió al estallido del Barrosos II, en 1922.”

Durante el gobierno de Cipriano Castro (1899-1908), se reforma el Código de Minas de 1904, donde la palabra “petróleo” aparece por primera vez. Al año siguiente, 1905, se emite la Ley de Minas que separó legalmente al petróleo y sus derivados de otros minerales que facilitaría las concesiones para lidiar con la deuda externa y las revueltas internas. Pero, la firme posición nacionalista de Cipriano Castro, quien suspendió en 1902 el pago de la deuda externa contraída por los gobiernos y revueltas anteriores a su gobierno, originó el bloqueo naval de 1902-1903 por parte del Imperio Británico, el Imperio Alemán y el Reino de Italia, limitando la posibilidad de las inversiones extranjeras durante sus años en el poder.

En las sombras, su compadre, Juan Vicente Gómez, ya había sido captado por los norteamericanos y traiciona a Cipriano Castro. La mesa estaba servida. En 27 años de dictadura (1908-1935), y hasta su muerte, Gómez entregó millones de hectáreas del subsuelo venezolano a multinacionales como la Standard Oil (Creole), Royal Dutch-Shell y Gulf Oil, pasando de ser un país exportador agrícola a ser una nación exportadora de petróleo. También, y no lo pierdan de vista, aparece un apellido que definirá el futuro de nuestro país: Rockefeller.

Recordemos que la oligarquía criolla heredera de la colonia, entre repliegues y conquistas de nuevos espacios de la economía, nunca dejaron de estar tras el poder político.

Desde López Contreras hasta Rómulo Betancourt, su poder económico se mantuvo inalterable, ahora con un aliado, los Rockefeller. Podían producirse cambios políticos por elecciones o por la fuerza, pero ese poder siempre ha sido intocable. Y digo que siempre ha sido intocable, porque aún hoy, sus herederos siguen marcando la pauta en nuestra economía. Pero, este tema saldrá más adelante.

En los años 50, sobre todo durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, se produce un salto en la modernización de la infraestructura venezolana (autopistas, viviendas, avenidas, entre otras obras). Y aquí surge un fenómeno migratorio que sería determinante. Españoles, portugueses e italianos, en su mayoría artesanos, constructores, campesinos y obreros, provenientes de la postguerra en Europa y de la guerra civil española, se vieron obligados a migrar por las condiciones impuestas por los terratenientes y una economía que fue destruida por la guerra, se integran, trabajan denodadamente, acumulando capital con contratos y/o algunos con la complicidad de los gobiernos a partir de Rómulo Betancourt, y comienza a generarse una nueva burguesía que, si bien era rechazada por la oligarquía criolla que no los aceptaba por su condición de “nuevos ricos”, terminarían por aliarse maritalmente, una, porque a los criollos sólo les quedaban los apellidos y, otra, porque el capital que trajeron los Rockefeller con aliados emergentes, era más atractivo que preservar sus apellidos. Las condiciones económicas determinan al individuo y a los grupos económicos.

“En este país no hay motivos para no robar”

Lo que trato de explicar en este breve, temerario y audaz análisis es, cómo irrumpe de manera explícita la penetración cultural norteamericana en nuestro país, a partir de la explotación petrolera y la entrada de las transnacionales norteamericanas.

Basta con hacer un recorrido por los organizados campamentos petroleros y del hierro, que remarcaron las diferencias de clase en sus campamentos, los Sears Reabuck, los CADA, los Direct TV. Además, por las comunicaciones (Phelps-Cisneros y demás televisoras y circuitos de radio), con sus telenovelas, noticieros Creole, enlatados y toda la basura que provenía del American Way of Life, moldearon al pueblo venezolano.

Ni siquiera el maridaje criollo migratorio pudo abstraerse de esta penetración que tiene su culmen en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, cuando Gonzalo Barrios sentencia: “En este país no hay motivos para no robar”. Ahí en frente teníamos en Miami, el mayor ejemplo de esa histeria consumista que se desató y que en poco tiempo nos endeudaron hasta la miseria.

Carlos Andrés Pérez llega por segunda vez a la presidencia, producto del esperanzado retorno a esa vorágine perversa que produjo el endeudamiento de nuestro país. Sin embargo, no más instalarse CAP en el poder, se produce el paquetazo neoliberal de los nuevos “Chicago Boys” venezolanos a lo Milton Friedman, desatándose el Caracazo del 27 y 28 de febrero de 1989 y las insurrecciones militares del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992.

Los 90’s fueron convulsos y el poder económico trató de evitar a toda costa que ese -antes desconocido-, Teniente Coronel Hugo Chávez, llegue al poder. Pero, llegó. No pudieron evitarlo. Sin embargo, las rémoras seguían intactas, la burguesía venezolana y, especialmente los gringos, estuvieron moviendo sus fichas.

En mi opinión y quizás hay quien quiera corregirme, la lucha de clases determinó los resultados de las elecciones del 98. Mientras se movían aquellas clases políticas de “izquierda” reformistas y los de la derecha que no querían dejar el poder, habían sectores minoritarios de la población venezolana (clases medias en su mayoría), que esperaban manejarse dentro del esquema corrupto en que cohabitaron por más de cuarenta años, mientras la mayorías, los excluidos, los “sin voz”, vieron en Chávez la esperanza de hacer realidad una revolución en tiempos muy complicados, apenas reciente la caída de la URSS y el crecimiento militar exponencial del imperialismo norteamericano enarbolando el poder unipolar. La osada voluntad de Chávez pretendió enfrentar a los gringos para cambiar de raíz nuestras condiciones materiales, pero las rémoras del pasado se repetían a lo interno, infectando y avanzando con apariencia “revolucionaria”.

Serían éstos, parte del engranaje para que se dieran las condiciones para el golpe de estado de 2002 y las guarimbas y desestabilizaciones posteriores. El enemigo externo que manejaba a los medios de comunicación como maquinaria propagandística, tenía sus alianzas internas que servían de esquiroles en la administración pública y, sobre todo en las áreas estratégicas de nuestra industria petrolera, eléctrica, minera, etc.

Nadie aquí puede revestirse de ingenuidad, pues los signos de esa infección se fueron fortaleciendo y revelando ante el pueblo por más de quince años, política y materialmente vergonzosa.

No hubo ingenuidad, hubo negligencia, hubo comodidad, hubo relajo y hubo -en muchos casos-, soledad, coerción y temor a perder espacios en aquellos que vimos esos signos que iban pudriendo nuestras capacidades de responder ante el enemigo. Pasamos del “Folclore” a la “Cultura Popular” con instrumentos gringos. Pasamos de la economía colectiva de nuestros ancestros a la cultura capitalista “Made in Usa” -elaborada en China-, de hecho y derecho. Y pasamos de la “lucha de clases” a la “conciliación de clases” sin chistar, la mayoría sin oponernos, porque la hicimos a sabiendas de que los gringos nos habían invadido desde hace mucho tiempo. El fantasma de Rockefeller sigue rondando América Latina.

Disculpen aquellos que aún se creen inmunes a la cultura gringa. Pero, véanse en un espejo, recorran su casa habitación por habitación, recorran las calles y observen su entorno, siéntense en una plaza y observen a cada persona que pase, enciendan el televisor, abran los celulares y métanse en las redes sociales, vean con mucha atención a quienes siguen diciendo que estamos en revolución y que ahora “renacemos”, permítanse investigar quiénes administran nuestros recursos, evalúen en serio y sin parcialidad si tenemos en nuestras manos ese concepto abstracto llamado soberanía, ubíquense dónde estaban antes y después del 3 de enero.

El 3 de enero fue el resultado de una operación planificada al detalle y debo confesar, que los resultados han logrado paralizar al pueblo. Y debo agregar además que vino acompañada de las herramientas ideales para que esa paralización le dé el tiempo suficiente de recoger sus maletas, marcharse y que todavía quede en buena parte de nuestro pueblo, la imagen de “víctimas” y no cómplices de la mayor estafa que se haya planificado contra pueblo alguno. Y que no se molesten algunos por esta afirmación que hago, la historia se seguirá escribiendo, con sus puntos y comas, con sus correcciones o agregados y fe de erratas. Al final se sabrá qué sucedió, incluso, podrá tomar aún más tiempo para lograr alcanzar saber la totalidad de aquellos que nos llevaron a estas circunstancias

Da vergüenza ajena cómo algunos seres humanos se convirtieron en esas herramientas, guion en mano, justificando la traición a nuestro pueblo, a nuestra historia, a nuestros ancestros, a nuestros Próceres, a Bolívar, a Chávez.

¿Podrán dormir en paz? ¡Ah! Tranquilos, siempre han dormido en paz. Puede que tengan un hijo de ojos azules.

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