Benjamin Moser recupera un siglo de voces que cuestionaron el sionismo desde dentro del judaísmo

Hay una historia que rara vez, por no decir nunca, ocupa el centro del debate público en los medios generalistas: la de los judíos que se opusieron al sionismo por razones religiosas, políticas y éticas. En su libro “Antisionismo: una historia judía”, Benjamin Moser recupera esas voces y cuestiona la identificación entre judaísmo, sionismo y lo que hoy conocemos como «“Estado de Israel»». En conversación con Pascal Lottaz, sostiene que la violencia contra Palestina no puede entenderse únicamente a través de sus dirigentes actuales, sino que exige examinar los fundamentos históricos e ideológicos del proyecto sionista.
Comité de Apoyo a Irán Iberia
Una historia que no comienza el 7 de octubre
Benjamin Moser decidió escribir “Antisionismo: una historia judía” después del 7 de octubre de 2023. Trabajaba entonces en otro libro, pero la respuesta israelí a los ataques de Hamás y la devastación de Gaza le hicieron cambiar de rumbo. A su juicio, aquella coyuntura volvió urgente una cuestión anterior: la progresiva identificación del judaísmo con el sionismo y de los judíos con el «Estado de Israel».
En su conversación con Pascal Lottaz, en su canal Neutrality Studies, Moser denuncia que esta equiparación permite presentar la oposición al sionismo como una forma de antisemitismo. Así se borra una tradición histórica de disidencia judía y se convierte una posición política en una supuesta obligación identitaria.
Su libro reconstruye las trayectorias de quienes cuestionaron el sionismo desde posiciones muy diferentes: rabinos, intelectuales marxistas, políticos británicos, abogados israelíes, pensadores judíos del mundo árabe y artistas contemporáneos. No compartían una doctrina común, pero coincidían en cuestionar que la seguridad y el futuro de los judíos dependieran de un proyecto nacional basado en la exclusividad territorial y política.
El propósito no es demostrar que todos los judíos hayan sido antisionistas, sino desmontar la idea de que el sionismo constituye la expresión única o inevitable del judaísmo. Su historia es plural y no puede reducirse a una sola ideología política.
Judaísmo y sionismo: dos realidades diferentes
Una de las distinciones fundamentales de la entrevista es que el judaísmo y el sionismo no son sinónimos.
El judaísmo comprende tradiciones religiosas, culturales e intelectuales diversas. El sionismo es un movimiento político moderno, surgido en la Europa del siglo XIX, que defendió el establecimiento de un hogar nacional judío en Palestina y que desembocó en la creación del «Estado de Israel». Sus distintas corrientes no responden a una única motivación, pero tampoco pueden identificarse retrospectivamente con la esencia del judaísmo.
Los pensadores recuperados por Moser se opusieron al proyecto desde perspectivas distintas. Algunos consideraban incompatible el nacionalismo político con su concepción religiosa. Otros defendían la emancipación y la igualdad de derechos de los judíos en las sociedades donde vivían. Otros partían del socialismo, el internacionalismo o el anticolonialismo.
El desacuerdo planteaba una cuestión decisiva: ¿debía responderse a la persecución de los judíos mediante la creación de un Estado nacional propio o mediante la defensa de la igualdad y los derechos de las minorías?
La discusión no consistía en negar la historia judía ni sus vínculos históricos y religiosos con Palestina. Se trataba de determinar qué consecuencias políticas debían extraerse de esa historia y si la construcción de un Estado definido por la identidad nacional podía garantizar la seguridad de una comunidad sin vulnerar los derechos de otra.
Cuando el sionismo encontró aliados en el antisemitismo
La entrevista recupera una paradoja histórica: algunos promotores del sionismo despreciaban aspectos de la vida judía tradicional, mientras determinados sectores cristianos europeos respaldaban el establecimiento de un hogar nacional judío por motivos religiosos, imperiales o estratégicos.
Edwin Montagu en el Jewish Daily Bulletin el 11 de septiembre de 1930
Un dato curioso sobre el supuesto efecto de la Declaración Balfour en la India británica se encuentra en un párrafo del diario del difunto Edwin S. Montagu, exsecretario de Estado para la India y patrocinador de la legislación bajo la que ahora se rige la India. El diario está a punto de ser publicado por la viuda del señor Montagu. El señor Montagu era judío.
El pasaje dice lo siguiente:
«Me parece extraño ser miembro de un gobierno que se esfuerza, como creo, sin ningún propósito concebible que yo vea, para asestar este golpe a un colega que hace todo lo posible por serles leal a pesar de su oposición.
«El gobierno ha asestado un golpe irreparable a los judíos británicos, y han intentado establecer un pueblo que no existe. Han alarmado innecesariamente al mundo musulmán y, en la medida en que tengan éxito, habrán germanizado Palestina en el flanco de Egipto. Parece inútil conquistarla.
«Por qué deberíamos internar a Mahomet Ali en India para el pan-musulmán cuando fomentamos el pan-judaísmo, no lo entiendo por nada del mundo. Sin duda sitúa la fecha final de mis actividades políticas.»
El caso de Edwin Montagu resulta revelador. Miembro judío del Gobierno británico, se opuso en 1917 a la Declaración Balfour, que expresaba el apoyo británico al establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío. Montagu advirtió de que aquella política podía cuestionar la pertenencia de los judíos a los países donde vivían y reforzar la idea de que constituían una población extranjera.
Su objeción también apuntaba a las consecuencias para los habitantes de Palestina. No negaba los derechos de los judíos a vivir seguros, sino que cuestionaba un proyecto político susceptible de perjudicar tanto a las comunidades judías de otros países como a la población palestina.
La dimensión protestante merece igualmente atención. Antes del nacimiento del sionismo político moderno existían corrientes cristianas favorables al retorno de los judíos a Palestina, vinculadas a interpretaciones bíblicas sobre el futuro de la humanidad. En el Reino Unido, estas ideas coincidieron en determinados momentos con los intereses imperiales.
Esto no significa que todo el sionismo proceda del protestantismo ni que todos sus partidarios persiguieran los mismos objetivos. Sí demuestra que sus antecedentes no se encuentran exclusivamente en las necesidades religiosas judías: también hay que estudiar las ideas y los intereses de las potencias europeas.
Moser examina asimismo los escritos de Theodor Herzl y su voluntad de construir un nuevo sujeto nacional, distanciado de aspectos de la tradición judía. En esa transformación identifica una contradicción: el movimiento que prometía superar la vulnerabilidad histórica de los judíos podía incorporar prejuicios europeos contra la propia comunidad y presentar su herencia religiosa como un obstáculo que debía abandonarse.
La objeción religiosa: ¿qué significa ser judío?
Entre las figuras recuperadas por Moser destaca Aaron Samuel Tamares, rabino de Europa oriental que cuestionó tempranamente el nacionalismo sionista.
Para Tamares, la fortaleza moral no consistía en conquistar territorios ni en imponerse mediante las armas. La tradición religiosa exigía disciplina, estudio y observancia de los mandamientos. El ideal del llamado «nuevo judío», fuerte y dispuesto a sustituir la vulnerabilidad de la diáspora por el poder militar, representaba una transformación profunda de esa concepción.
Su objeción no implicaba aceptar pasivamente la persecución. Cuestionaba que la respuesta a la violencia pudiera terminar reproduciendo una lógica de dominación incompatible con los principios éticos que pretendía defender.
Tamares también veía una dimensión práctica en la «condición histórica de minoría». Las comunidades judías habían sobrevivido a imperios y gobernantes que acabaron desapareciendo. Convertir la supervivencia en una lucha permanente por la supremacía militar suponía abandonar una tradición de resistencia moral para entrar en una competencia de poder cuyo desenlace nadie podía garantizar.
La advertencia conserva su relevancia: ningún Estado puede asegurar una invulnerabilidad permanente. La seguridad no puede convertirse en una promesa absoluta que justifique cualquier medio para alcanzarla.
Los judíos árabes y las consecuencias regionales
Moser amplía su recorrido más allá de Europa y Estados Unidos mediante figuras como el comunista egipcio Ahmed Sadiq Saad, que examinó las consecuencias del proyecto sionista para las sociedades de Oriente Próximo.
Su perspectiva permite abordar la transformación de las comunidades judías que vivían desde hacía siglos en países árabes. La creación de «Israel» y los conflictos posteriores contribuyeron a modificar profundamente su situación. En distintos países hubo desplazamientos, emigraciones, confiscaciones, discriminación y persecuciones, en contextos que deben estudiarse individualmente.
Reconocer esa historia exige evitar dos simplificaciones: atribuir la desaparición de aquellas comunidades a una sola causa o utilizar su sufrimiento para minimizar el despojo palestino. Ambas experiencias deben estudiarse con rigor, sin convertir el dolor de un pueblo en argumento para negar los derechos de otro.
La perspectiva de estos intelectuales demuestra que el sionismo no afectó únicamente a las relaciones entre Europa y Palestina. También alteró las condiciones políticas de comunidades judías de otras regiones y las relaciones entre las sociedades de Oriente Próximo.
Del reconocimiento de derechos a la crítica del colonialismo
Uno de los argumentos centrales de la entrevista aparece cuando Pascal Lottaz y Moser examinan el colonialismo de asentamiento.
La crítica liberal suele partir de la desigualdad de derechos: si una población carece de agua, educación o participación política, hay que garantizarle esos derechos. Moser considera imprescindible esa exigencia, pero insuficiente cuando el problema afecta a las estructuras que determinan quién controla el territorio, quién puede establecerse en él y quién termina desplazado.
La teoría del colonialismo de asentamiento estudia procesos en los que una población se instala en un territorio habitado por otra y establece estructuras duraderas de apropiación territorial y dominio político.
Aplicada al caso palestino, permite analizar la inmigración sionista, el apoyo británico, la fundación de «Israel» en 1948, el desplazamiento de población palestina y la posterior expansión territorial.
Moser establece comparaciones con Argelia bajo dominio francés, Rodesia y Sudáfrica. No sostiene que todos los casos sean idénticos, sino que existen mecanismos comparables de colonización, limpieza étnica, exclusión y desigualdad.
Desde esta perspectiva, el problema no se resuelve únicamente mejorando las condiciones materiales de la población sometida. También afecta a la tierra, la soberanía, los derechos colectivos y las estructuras políticas que reproducen su subordinación.
Por eso la discusión sobre el colonialismo de asentamiento va más allá de una disputa entre dos nacionalismos. Obliga a examinar los fundamentos del orden político existente y las condiciones necesarias para garantizar derechos iguales.
Más allá de Netanyahu
Moser concluye cuestionando la tendencia a concentrar toda la responsabilidad en Benjamin Netanyahu o en los ministros más radicales. Cambiar a los dirigentes no garantiza la transformación de las estructuras políticas e ideológicas que condicionan sus decisiones.
También cuestiona que la celebración de elecciones baste para caracterizar un sistema como plenamente democrático cuando existen poblaciones sometidas al poder estatal que carecen de participación política en condiciones de igualdad. La evaluación democrática debe considerar los derechos efectivos, la población bajo control estatal y la situación de los palestinos desplazados y refugiados.
Su interpretación es abiertamente crítica y sus conclusiones forman parte de un debate histórico y político controvertido. Sin embargo, plantea una cuestión relevante: las instituciones electorales no resuelven por sí solas las desigualdades cuando existen poblaciones excluidas o sometidas a diferentes regímenes jurídicos.
La responsabilidad tampoco se limita a «Israel». Moser subraya la importancia del apoyo militar, económico y diplomático occidental, que considera un factor decisivo para la continuidad de las políticas que critica.
Recuperar una historia para comprender el presente
El principal interés del trabajo de Benjamin Moser reside en recuperar una pluralidad de voces judías que cuestionaron el sionismo desde perspectivas religiosas, políticas y éticas. Su recorrido no demuestra que exista una única posición judía legítima sobre «Israel» y Palestina; demuestra que esa pluralidad existe desde hace generaciones.
La historia del antisionismo judío precede a las protestas contemporáneas. Sus protagonistas debatieron cuestiones que siguen abiertas: la relación entre religión y nacionalismo, los derechos de las minorías, el colonialismo, la seguridad colectiva y los límites morales del poder estatal.
También obliga a mantener una distinción esencial. El antisemitismo es una forma de hostilidad y discriminación contra los judíos. La crítica al sionismo, como movimiento político, no constituye automáticamente antisemitismo, aunque determinadas expresiones antisionistas puedan incorporar prejuicios antijudíos. Combatir el antisemitismo no exige renunciar a examinar críticamente las políticas del «Estado de Israel».
La defensa de los derechos palestinos y la protección de las comunidades judías no son objetivos incompatibles. Presentarlos como excluyentes desplaza la discusión desde los derechos concretos hacia las lealtades identitarias.
La historia recuperada por Moser recuerda que ninguna comunidad es intelectualmente uniforme y que ninguna ideología puede apropiarse de toda su tradición. La cuestión, en definitiva, no consiste en decidir quién tiene derecho a hablar en nombre del judaísmo, sino en determinar qué principios permiten garantizar la libertad, la seguridad y la igualdad de derechos de quienes habitan Palestina, independientemente de su religión o identidad nacional.
Una tradición histórica no se honra convirtiéndola en una doctrina obligatoria, sino preservando la capacidad de discutirla y cuestionar las decisiones que se toman en su nombre.
Comité de Apoyo a Irán Iberia, a 28 de octubre de 2026
Para ver el programa de Pascal Lottaz y Benjamin Moser, dos enlaces:
Enlaces de Benjamin:
- Antisionismo: una historia judía: https://www.benmoser.com/anti-zionism
- Edición en inglés: https://www.penguinrandomhouse.com/books/770236/anti-zionism-by-benjamin-moser/
- Edición en alemán: Anti-Zionismus: https://www.ullstein.de/werke/anti-zionismus/hardcover/9783549100912
- Ediciones internacionales: https://www.benmoser.com/international-editions
- Substack de Benjamin: https://benjaminmoser.substack.com
Enlaces de Neutrality Studies:
- Substack de Neutrality Studies: https://pascallottaz.substack.com
- Apoya a Neutrality Studies: https://neutralitystudies.com/donate
- Tienda de Neutrality Studies: https://neutralitystudies.com/shop
Libro: Benjamin Moser, Anti-Zionism: A Jewish History, Doubleday, 2026. Editorial y ficha bibliográfica.
Edwin Montagu: Jewish Telegraphic Agency, archivo histórico.
Orígenes del sionismo cristiano: Oxford Academic, estudio histórico de Donald M. Lewis.
