Ormuz: el estrecho que cambia las reglas del juego
En esta entrada, Ana Muñoz de la Torre analiza cómo el nuevo orden en el estrecho de Ormuz, con Irán y Omán como únicos gestores, marca el fin de la hegemonía estadounidense en la región. La liberación de 12.000 millones de fondos iraníes confiscados evidencia el cambio de tornas, mientras la «zona de seguridad» israelí en Líbano se revela como una trampa de desgaste insostenible. Teherán negocia desde la firmeza y la victoria militar, sin arrodillarse, pero consciente de que cada tregua es solo un paso en un campo de minas.
El Substack de Ana Muñoz de la Torre 23 de junio de 2026
Qalibaf y Araghchi se reunieron ayer en Mascate con el ministro de Exteriores omaní. Sobre la mesa, un solo asunto: la nueva arquitectura de gestión del estrecho de Ormuz. Al término del encuentro, Qalibaf se manifestó con rotundidad: “El estrecho nunca volverá a su estado anterior a la guerra. Será administrado por Irán”.
El texto del memorándum que Washington ha aceptado es inequívoco: Estados Unidos queda excluido de cualquier función en la vía marítima. La decisión recae en los ribereños: Irán y Omán. La geografía, tantas veces golpeada por el Imperio que se creía el dueño del mundo, se ha vuelto contra ellos. Las olas del Golfo, que durante décadas bañaron los cascos de los destructores, hoy arrastran la resaca de una derrota diplomática en toda regla.
LA FACTURA DEL IMPERIO: 12.000 MILLONES QUE VUELVEN A CASA
Dos tramos. 12.000 millones de dólares en fondos iraníes congelados han sido liberados. La cifra total asciende a 24.000 millones. La piratería financiera que durante años estranguló medicinas y alimentos para millones de iraníes ha empezado a devolver lo robado.
Es la constatación material de que el imperio solo negocia de verdad cuando sabe que la alternativa es la derrota. El capital financiero, al servicio de la guerra, ha encontrado un adversario que sabe cobrar las deudas. Por primera vez la factura generada por el imperio, se cobra. Que sirva para que el resto de países del mundo aprendan.
LÍBANO: LA TRAMPA QUE ISRAEL NO SABE CERRAR
Netanyahu, Katz y el jefe del Estado Mayor lo reafirmaron ayer: mantendrán la “zona de seguridad” en el sur del Líbano. Sostienen que no se moverán. Aseguran que es «por la seguridad de las comunidades del norte». Pero dato mata relato: el ejército israelí anuncia la retirada de los reservistas de la frontera a partir del domingo. La contradicción del sionismo es la confesión de un fracaso.
La ocupación es insostenible. Las bajas duelen. La “zona de seguridad” se ha convertido en una trampa de desgaste que Hezbolá conoce palmo a palmo. Netanyahu se aferra al relato de la victoria mientras sus propias órdenes de retirada lo desmienten. La zona que había prometido invadir se vacía de tropas. Lo que queda es el esqueleto de una ocupación que el propio Netanyahu ya no se atreve a sostener.
QASSEM: “LA PERMANENCIA DE TROPAS ISRAELÍES ES IMPOSIBLE”
Naim Qassem, líder de Hezbolá, respondió ayer en un discurso televisado. Sin ambigüedades: “La permanencia de tropas israelíes en suelo libanés es imposible. Israel es un agresor y debe marcharse”. Qassem tiene claro que no se negocia con asesinos. Es la dignidad de quien ha resistido décadas de ocupación y no piensa ceder.
«Hezbolá respetará un alto el fuego integral, pero responderá ante cualquier violación.» El mensaje es diáfano: o el ente sionista se retira por las buenas, o se va por las malas. La Resistencia no ha soltado el fusil. Solo espera. La paciencia estratégica es suya, no de quien ocupa.
GHALIBAF: “FUIMOS A SUIZA PARA DETENER EL DERRAMAMIENTO DE SANGRE”
El presidente del Parlamento iraní defendió ayer las negociaciones con Estados Unidos. Sin pedir perdón. Sin justificarse: “La delegación iraní fue a Suiza para ayudar a detener el derramamiento de sangre en Líbano”. Y los hechos le acompañan: se ha anunciado la creación de un centro de coordinación en Líbano para evitar que la agresión se repita.
Es la traducción diplomática de una victoria militar. Irán fue a Suiza a poner sobre la mesa lo que la Resistencia ha logrado en el terreno. Detener el derramamiento de sangre, forzar la retirada, crear un centro de coordinación que vigile el alto el fuego. Son avances. Son pasos. Pero no son el final del camino.
Porque la historia de Israel es la historia de las treguas rotas. Cada retirada ha sido una pausa para rearmarse. Cada alto el fuego, una oportunidad para planificar la próxima masacre. Lo sabemos. Lo sabe Hezbolá. Lo sabe Irán.
Este acuerdo no es un punto final. Es un campo de minas. Y la Resistencia lo atraviesa con los ojos abiertos, sabiendo que la única paz verdadera llegará cuando el proyecto sionista deje de existir. Mientras tanto, cada paso que fuerza al enemigo a retroceder es un paso hacia adelante. Pero solo un paso.
PEZESHIKIAN: “LAS NEGOCIACIONES SE LLEVAN CON DIGNIDAD Y FIRMEZA”
El presidente iraní lo dejó claro ayer: “Las negociaciones en curso se llevan adelante con dignidad y firmeza, dentro del marco establecido por el Líder Supremo”. Y añadió: “Siempre que se pretenda ignorar los derechos del pueblo iraní, Irán no cederá en absoluto ni se inclinará ante exigencias excesivas”.
La misma firmeza que sostuvo la resistencia militar sostiene ahora la posición negociadora. Sin arrodillarse. Sin pedir permiso. Sin aceptar lecciones de quienes llevan décadas bloqueando, sancionando y bombardeando a todo aquel que no se arrodilla ante sus pies. Irán negocia con la autoridad de quien ya ha ganado una guerra. Quien ha pasado la prueba del fuego no se sienta con urgencia. La urgencia está al otro lado de la mesa.
VANCE CONTRA LOS MINISTROS ISRAELÍES: LA TENSIÓN CON WASHINGTON
Las críticas de J.D. Vance a los ministros ultraderechistas israelíes han generado conmoción en el entorno de Netanyahu. El vicepresidente estadounidense advirtió que los desacuerdos “no quedarán sin costo” y recordó que gran parte de los sistemas de defensa israelíes han sido financiados por Estados Unidos.
Ben-Gvir, en una muestra más de su fanatismo, declaró que debería aplicarse a los enemigos el mismo trato que a la Alemania nazi. La hipérbole delictiva del ministro israelí no solo delata su indigencia intelectual, sino que ensancha la brecha con una Casa Blanca cada vez más harta de pagar las defensas de un gabinete que insulta y reta a quien le sostiene.