Firás Alcharani: la batalla que se libra detrás del mapa

En Agencia de Insistencia: «La resistencia no está acabada ni mucho menos»


Hay programas que se escuchan con el mapa abierto y el corazón encogido. El directo del domingo 13 de septiembre de 2026 en Agencia de Insistencia, el canal del Dr. Enrique Refoyo, El Espía del Telón, es uno de ellos.

Durante casi dos horas, el coronel y doctor Firás Alcharani recorre algunos de los escenarios decisivos de Asia Occidental. Pero bajo los mapas, los frentes y las correlaciones de fuerzas discurre otra historia, menos visible y quizá más incómoda: la de unos pueblos que siguen resistiendo mientras el mundo parece haber aprendido a mirar hacia otro lado.

Conviene escuchar a Alcharani sin prisas. Hay en sus palabras mucho más que un análisis militar.

Redacción del Comité de Apoyo a Irán Iberia 2026

Programa completo


La urgencia humanitaria en Siria: un llamamiento antes de cualquier análisis

Alcharani abre su intervención con una petición de ayuda humanitaria. La imagen que muestra al inicio del programa, es la de la solidaridad de las y los españoles para con el pueblo de Siria, dando a conocer la existencia una pequeña red de personas que desde nuestro país, está intentando ayudar directamente a la población más necesitada. Según relata, alrededor del noventa por ciento de los sirios vive actualmente en condiciones de pobreza extrema y una parte de la población llega a alimentarse de la basura. La situación es especialmente dramática entre la comunidad alauita, a la que el actual régimen, promovido y apoyado por los gobiernos occidentales y el sionismo mundial, responsabiliza de haber respaldado al derrocado y legítimo gobierno sirio de Bashar Al Assad, castigándola en consecuencia por “sus actos anteriores”.

El coronel describe una realidad que conoce a través del contacto directo con personas y familias del país: hay familias que no tienen pan para sus hijos, niños que dejan de acudir a la escuela porque sus padres no pueden comprarles ropa, lápices o cuadernos, y enfermos de cáncer que no pueden afrontar el coste de su tratamiento. Reconoce que no pueden atender a toda la población siria, aunque desearían hacerlo, pero sí llegar a quienes se encuentran en las situaciones más desesperadas.

El llamamiento tiene además una dimensión concreta. Alcharani explica que con unos cincuenta euros pueden vestir a un niño para acudir al colegio y comprarle material escolar; con setenta y cinco euros pueden ayudar a sufragar un tratamiento de quimioterapia; y con cien euros pueden proporcionar a una familia alimentos básicos, como patatas, arroz y pan, durante aproximadamente tres meses. Cuenta que los niños esperan la llegada de quienes llevan esta ayuda desde nuestro país y los llaman «Papá Noel».

No se trata, insiste, en pensar únicamente en grandes cantidades. También pequeñas aportaciones permiten atender necesidades concretas. La petición que formula al final del programa es exactamente esa: ayudar en la medida de las posibilidades de cada uno para que puedan atender a más familias sirias.

El Líbano: la guerra que no cesa y el manual de Gaza

El análisis comienza por Líbano. Alcharani describe una situación en la que Israel continúa atacando y bombardeando, pero también aplicando una política de demolición y destrucción destinada a desplazar a la población.

Se está utilizando el mismo método empleado en Gaza: destruir las viviendas y las infraestructuras hasta dejar a la población sin condiciones para permanecer en el territorio. Casas, escuelas, hospitales, carreteras, puentes, agua, alimentos y electricidad forman parte de ese proceso de destrucción.

El coronel sitúa esta política dentro de una estrategia regional más amplia. Lo que ocurre en cada país, sostiene, no puede analizarse aisladamente. En el sur del Líbano existe un proyecto de larga duración orientado a borrar las poblaciones y dificultar su regreso. La guerra, además, es profundamente asimétrica: Israel dispone de aviación, guerra electrónica, tanques, misiles y de apoyo militar y político de Estados Unidos y de buena parte del mundo occidental. Pese a ello, Alcharani subraya que la resistencia libanesa ha logrado contener el avance israelí que en estas operaciones, no ha conseguido penetrar más de unos pocos kilómetros en profundidad en suelo libanés.

La situación cambia, a su juicio, con la llegada del actual Gobierno en Líbano, al que acusa de haber aceptado una serie de condiciones promovidas por Arabia Saudí con el respaldo de Estados Unidos e Israel. Los puntos acordados son considerados por Alcharani una rendición prácticamente total. Entre otras cuestiones, denuncia que el acuerdo permitiría atacar a la resistencia y que ni siquiera contemplaría la posibilidad de llevar al ente sionista ante tribunales internacionales por las acciones cometidas contra civiles.

El coronel sostiene además que el acuerdo sería inconstitucional. Según explica, cualquier decisión de esa naturaleza debería haber pasado por el Parlamento y, dada su trascendencia, debería haberse consultado a la población mediante referéndum. No se hizo porque quienes impulsaron el acuerdo saben que no cuentan con una mayoría suficiente. Calcula que su apoyo social podría situarse, como mucho, entre el treinta y el treinta y cinco por ciento.

Mientras tanto, Israel continúa avanzando, bombardeando, destruyendo localidades, colocando minas, haciendo estallar viviendas y arrancando árboles. Alcharani relaciona estas actuaciones con métodos empleados anteriormente en Gaza y, desde su perspectiva histórica, en otros territorios palestinos.

También cuestiona la importancia estratégica atribuida por Israel a uno de sus últimos objetivos militares. Según explica, se presentó como una instalación de gran valor, pero la información de la que dispone apunta a una realidad diferente: no habría allí misiles de largo alcance, fábricas ni un número elevado de combatientes. Considera que la operación tenía también una finalidad política y electoral para Netanyahu.

Su conclusión sobre la resistencia libanesa es inequívoca: “no está acabada, y mucho menos desde el punto de vista militar”.

La situación social, sin embargo, es extremadamente complicada. Alcharani señala que la resistencia no cuenta únicamente con apoyo entre la población chií. También existen sectores importantes entre cristianos maronitas, cristianos ortodoxos y sunníes que rechazan cualquier normalización con Israel. Por eso considera que la presión social y política dentro del Líbano puede aumentar y que el acuerdo deberá enfrentarse finalmente a una respuesta parlamentaria y popular.

A nivel militar, insiste en que Israel todavía puede encontrarse con sorpresas. Recuerda que sus fuerzas llegaron a desplegar cinco divisiones en el sur y, pese a ello, no consiguieron penetrar mucho más allá de unos pocos kilómetros. La resistencia, no necesita necesariamente conservar cada posición territorial: en una guerra de guerrillas puede retirarse y operar desde otras posiciones. La retirada de determinados combatientes no equivale, por tanto, a una derrota.

Siria: un Estado fallido, una sociedad rota

El análisis de Siria es el más extenso y también el que Alcharani aborda con mayor preocupación. Su diagnóstico es tajante: el Estado sirio ya no volverá a existir como antes. Independientemente de quién gobierne, considera que el país se encuentra actualmente en una situación de Estado fallido.

Según explica, alrededor del noventa por ciento de la población, independientemente de que sea favorable, contraria o neutral respecto a Al Yolani, vive por debajo del nivel de pobreza. La diferencia con la Siria anterior, sostiene, es enorme. Durante décadas, y especialmente bajo el sistema baasista, la educación y la sanidad eran gratuitas, hasta el punto de que la formación universitaria y determinados gastos relacionados con los niños tenían un coste simbólico.

La situación actual es radicalmente distinta. El pan, afirma, cuesta aproximadamente cinco veces más que antes, mientras que el precio de la electricidad se habría incrementado alrededor de un trescientos por ciento. Una familia que antes pagaba cien euros por una factura podría encontrarse ahora con un coste cercano a los cuatrocientos. La sanidad pública, sostiene, ha desaparecido prácticamente por completo.

La pobreza se combina con el miedo. Alcharani explica que muchas familias han dejado de enviar a sus hijos al colegio por temor a los secuestros y que, después de determinadas horas de la tarde, muchas personas no se atreven a salir a la calle. Las imágenes de personas buscando comida entre la basura, afirma, existen, aunque no tengan presencia en los grandes medios.

“…llegan dos hombres encapuchados con una moto, te sacan de casa, y allí te pegan dos tiros y se marchan…”

A esta situación económica se suma la violencia sectaria. Alcharani relata asesinatos extrajudiciales contra personas consideradas simpatizantes del anterior Gobierno simplemente por ser alauitas, haber realizado el servicio militar o trabajado para el Estado anterior. Describe un procedimiento en el que hombres encapuchados llegan en motocicleta, sacan a una persona delante de su propia casa y la ejecutan sin ningún proceso judicial.

También denuncia el secuestro y la “trata” de mujeres. Según los datos que maneja, habría al menos cincuenta y cuatro mujeres cuyo paradero se desconoce y que habrían sido llevadas como esclavas.

El resultado, a su juicio, es una sociedad sin confianza. Un alauita puede desconfiar incluso de quien hasta hace poco era su vecino, porque la fractura sectaria ha destruido las relaciones sociales que existían antes de la guerra. Alcharani considera que la herida es tan profunda que la recuperación de la convivencia puede requerir una o incluso dos generaciones.



Los cristianos, añade, están abandonando el país siempre que encuentran posibilidades para hacerlo. Su temor es que, si continúa esta dinámica, pueda producirse prácticamente la desaparición de la comunidad cristiana siria.

Sobre la situación política y militar, Alcharani considera que Occidente no quiere mirar la realidad porque la fragmentación de Siria beneficia a Israel. El sur del país, afirma, se encuentra ocupado por el ente sionista y posee una importancia especial por sus recursos hídricos. Menciona específicamente las zonas del Golán, el Yarmuk, Daraa y Quneitra.

Según explica, las fuerzas israelíes entran regularmente en el sur de Siria, realizan detenciones y mantienen una presencia permanente. Existe una pequeña resistencia local que, a su juicio, puede crecer. También acusa a Al Yolani de colaborar con Israel proporcionando información sobre combatientes, estableciendo un paralelismo con el papel que atribuye a Mahmud Abbas en Cisjordania.

Para Alcharani, Siria se ha convertido así en un Estado fallido gobernado por grupos vinculados al terrorismo y al integrismo. Mientras esa situación no constituya una amenaza directa para Israel, considera que las potencias occidentales no tendrán interés real en modificarla.

La reconstrucción, además, exigiría una inversión gigantesca. El coronel calcula que Siria necesitaría entre trescientos y cuatrocientos mil millones de dólares para reconstruir sus infraestructuras y poner nuevamente en funcionamiento el país. A su juicio, esa reconstrucción no puede producirse mientras persista la actual situación política.

Los kurdos y los drusos: los que se equivocaron de aliados

Alcharani aborda después la situación de drusos y kurdos, dentro de su interpretación general de la fragmentación de Siria.

«Cuando se va la nieve, se ve la hierba»

Respecto a los drusos, sostiene que una parte de esta comunidad participó en el levantamiento contra el Gobierno sirio bajo la idea de una revolución, pero que posteriormente algunos de sus dirigentes han terminado solicitando directamente la protección de Israel. Recuerda el caso de un dirigente del sur que habría llegado a reclamar que su territorio formara parte del Estado israelí.

Su interpretación es que determinadas alianzas terminan revelando con el tiempo cuáles eran sus verdaderos objetivos. «Cuando se va la nieve, se ve la hierba», viene a decir: aquello que permanecía oculto termina apareciendo.

Alcharani insiste en que no pretende meter a todos los drusos en el mismo saco. Recuerda que ha conocido personalmente a combatientes, políticos y militares sirios de esta comunidad a los que considera personas valientes y comprometidas con Siria. Su crítica se dirige a determinados dirigentes y a las decisiones políticas que han tomado.

En el caso de los kurdos y de Rojava, su crítica se dirige especialmente a la idealización realizada desde sectores de la izquierda occidental. Considera que en Europa se ha difundido una imagen de Rojava como revolución izquierdista, marxista y abierta, y que muchas personas la han apoyado estableciendo paralelismos con conflictos territoriales europeos. A su juicio, esa comparación no tiene fundamento porque cada sociedad posee su propia historia.

Alcharani recuerda además que la situación de las mujeres en la Siria anterior a la caída del Estado era mucho más compleja de lo que suele reflejar la propaganda occidental. Señala que las mujeres sirias ejercen su derecho al voto desde 1954, que existían unidades militares femeninas y que había mujeres ocupando responsabilidades políticas y administrativas.

Su argumento central respecto a Rojava es que los kurdos sirios han dependido militar y económicamente de Estados Unidos. Según explica, Washington les proporcionó armas, vehículos y financiación y estableció numerosas bases militares en las zonas del noreste sirio, precisamente donde se concentran importantes recursos energéticos.

Esa dependencia terminó convirtiéndose en una trampa. Estados Unidos habría utilizado a los kurdos mientras le resultaban útiles y posteriormente habría cambiado de aliado, apostando por Al Yolani. La consecuencia, según su interpretación, es que los kurdos fueron abandonados después de haber servido a la estrategia estadounidense.

El coronel insiste en una idea que considera recurrente en la historia kurda: se han equivocado repetidamente de aliados. Recuerda la relación mantenida durante décadas con Israel y considera que ahora vuelven a ser utilizados en una estrategia destinada a presionar a Irán.

Jordania: el escudo castigado

Jordania ocupa un lugar importante en el análisis militar de Alcharani porque, según explica, Estados Unidos ha trasladado parte de su infraestructura militar y de inteligencia hacia este país después de los ataques sufridos en otros puntos de la región.

El coronel cifra en doce las bases militares estadounidenses existentes actualmente en Jordania, incluida una instalación vinculada a la CIA. Explica que parte de la infraestructura que anteriormente se encontraba en otros puntos de la región habría sido desplazada hacia Jordania para mantener la capacidad de actuación sobre el Golfo Pérsico y el resto de Asia Occidental.

Entre esas instalaciones menciona bases logísticas, instalaciones destinadas a aviones F-35, unidades de Marines y helicópteros, así como infraestructura de inteligencia.

Irán ha demostrado disponer de una capacidad de inteligencia considerable sobre las instalaciones estadounidenses en Jordania. Afirma que trabaja combinando tres fuentes: la inteligencia del Ejército, la de los Guardianes de la Revolución y la información obtenida sobre (y desde) las propias bases.

Alcharani sostiene que la presión militar iraní ha obligado a Estados Unidos a alejar progresivamente parte de sus medios de la zona. Menciona el desplazamiento de barcos hacia puntos como Diego García y la necesidad de realizar largos trayectos para reabastecimiento y mantenimiento. En su interpretación, la pérdida o degradación de determinadas instalaciones ha obligado a Estados Unidos a buscar nuevas posiciones, entre ellas Jordania y Chipre.

También considera significativa la destrucción o deterioro de sistemas de radar y defensa aérea. Según explica, los ataques iraníes no buscan únicamente alcanzar objetivos concretos, sino también obligar a los sistemas defensivos a consumir sus propios recursos.

En este punto introduce una advertencia sobre las estimaciones occidentales acerca del número de misiles iraníes disponibles. Considera imposible saber con precisión cuántos misiles permanecen almacenados porque buena parte de la producción y de las reservas se encuentra bajo tierra. Por ello, las cifras públicas serían necesariamente estimaciones.

Jordania, en consecuencia, se habría convertido en un objetivo estratégico especialmente importante. Alcharani considera que el país ha sido castigado y que puede sufrir nuevos ataques porque actualmente constituye una de las principales plataformas estadounidenses de inteligencia y operaciones aéreas en la región.

La situación económica tampoco es favorable. Jordania depende, según explica, de la financiación de Arabia Saudí, otros países del Golfo y Estados Unidos. La inestabilidad militar está afectando al turismo, a la inversión y a la actividad económica.

Irak: al borde del estallido

El coronel Firás Alcharani considera que Irak se encuentra en una situación extremadamente delicada ante la cuestión de la retirada de las tropas estadounidenses y las presiones para integrar o desarmar las distintas fuerzas de movilización.

Recuerda que las Fuerzas de Movilización Popular surgieron, en su interpretación, al amparo de una fatwa del ayatolá Alí al-Sistani para combatir al Daesh y que actualmente constituyen una fuerza militar importante integrada en el Ministerio de Defensa. El problema, según explica, es que existen diferentes facciones, algunas de las cuales mantienen estructuras propias y otras permanecen fuera de la integración completa.

Por eso considera que la cuestión del desarme no puede separarse de la soberanía iraquí. A su juicio, las fuerzas de resistencia no entregarán sus armas mientras Irak no disponga de una soberanía militar y económica real. El país, sostiene, no dispone todavía de capacidad suficiente para financiar por sí mismo un ejército moderno, un sistema de defensa aérea o una fuerza aérea plenamente independiente.

También considera que Estados Unidos no proporciona a Irak armamento con las mismas capacidades que entrega a sus aliados. Incluso cuando vende aviones F-15 o F-16, sostiene, no los equipa con sistemas equivalentes a los disponibles para Israel o para otros aliados occidentales.

La cuestión económica es todavía más importante. Alcharani afirma que Irak carece prácticamente de industria y depende en torno al noventa y nueve por ciento de los ingresos procedentes del petróleo. Los ingresos petroleros pasan por los mecanismos financieros controlados por Estados Unidos, que mantiene una influencia determinante sobre los recursos y sobre el pago de salarios, la defensa y otros gastos estatales.

Por eso considera que la retirada militar estadounidense no puede entenderse únicamente como una cuestión de tropas. Sin una liberación efectiva de los recursos económicos, la soberanía política seguiría siendo limitada.

El coronel también denuncia intentos de provocar un conflicto interno mediante ataques atribuidos a grupos iraquíes. En concreto, cuestiona que determinados ataques con drones contra Arabia Saudí procedan de la resistencia iraquí o yemení. A su juicio, existen grupos que utilizan drones de origen iraní, pero trabajan para los servicios de inteligencia israelíes o estadounidenses con el objetivo de provocar una escalada y arrastrar a Irak al conflicto regional.

Afirma que Irán ha optado en este caso por esperar una investigación antes de responder, y que también sectores de la resistencia iraquí y libanesa han pedido participar en la investigación.

El objetivo, según su interpretación, es provocar a Irak y utilizar cualquier incidente para justificar una nueva escalada. Por ello considera que el país permanece en una situación de «stand-by», con capacidad para entrar en una fase de grave inestabilidad en cualquier momento.

El coronel Alcharani insiste además en que Irak no puede desconectarse fácilmente de Irán. Señala que la electricidad iraquí depende en gran medida del suministro iraní y que Irak mantiene una deuda considerable con Irán. La relación económica, energética y geográfica hace, a su juicio, prácticamente imposible una separación completa.

Yemen: avances rápidos y precaución estratégica

El análisis de Yemen es uno de los más técnicos, pero también uno de los que Alcharani aborda con mayor confianza. El avance de Ansarolá, explica, ha sido extraordinariamente rápido: alrededor de 5.500 kilómetros cuadrados en unas cuarenta y ocho horas.

Sin embargo, pide interpretar este avance con prudencia. Considera que puede tener dos explicaciones simultáneas. Por un lado, estaría el rápido derrumbe de determinadas fuerzas apoyadas por Arabia Saudí y Emiratos. Por otro, sospecha que puede haber existido algún tipo de acuerdo o traición interna, posiblemente relacionada con sectores vinculados a la familia de Alí Abdalá Saleh.

La situación social también ayuda a explicar el avance. Alcharani señala que aproximadamente el setenta por ciento de la población yemení vive en el norte, donde Ansarolá dispone de una estructura más organizada y una situación social relativamente mejor que en el sur.

Respecto a las islas ocupadas recientemente, considera que su valor es principalmente político y moral, más que militar. Son demasiado pequeñas y vulnerables a los bombardeos como para que tenga sentido establecer allí grandes contingentes. El verdadero valor estratégico reside, a su juicio, en el control del estrecho y de las rutas marítimas, algo que los yemeníes ya pueden ejercer desde posiciones situadas en el territorio continental.

Por ello considera que el avance debe contemplarse con mucha cautela. Ansarolá ha demostrado capacidad para emplear misiles balísticos, drones, guerra electrónica y sistemas de vigilancia avanzados, tanto sobre la superficie como bajo el mar. Pero la reacción saudí puede intensificarse, existiendo además un riesgo mayor: que Israel y Arabia Saudí intenten internacionalizar el conflicto y conseguir una implicación directa de Europa y de la OTAN.

Alcharani considera que ese es uno de los objetivos fundamentales de la actual estrategia: convertir Yemen en un conflicto internacional para conseguir mayor apoyo militar y político frente a Ansarolá.

Por ello insiste en que no conviene precipitarse. Hay que consolidar las zonas conquistadas, atender a la población, trasladar instituciones y asegurar el territorio antes de continuar avanzando. En su opinión, una prioridad lógica podría ser Adén, por su importancia y por su proximidad a las zonas recientemente conquistadas.

El coronel confía especialmente en la capacidad de Ansarolá, pero vuelve a insistir en la necesidad de actuar con tranquilidad y prudencia.

Yemen, además, forma parte de un tablero regional más amplio. Lo que Arabia Saudí pierde allí intenta compensarlo en otros escenarios, mientras las negociaciones sobre el Líbano, Irán y el resto de la región se encuentran conectadas.

Irán: el ajedrez de la resistencia

El programa culmina con Irán, que constituye para el coronel Alcharani el centro estratégico de todo el análisis.

Comienza cuestionando la afirmación estadounidense de que el estrecho de Ormuz permanece completamente bajo control norteamericano. Su argumento parte de un dato sencillo: si el estrecho estuviera funcionando con normalidad, el tráfico marítimo debería aproximarse a los niveles habituales. Sin embargo, señala que apenas siete barcos habían salido el día anterior, según los datos de las empresas especializadas en seguimiento marítimo que menciona.

Para el coronel, el descenso del tráfico demuestra que el control efectivo del estrecho no es el que afirma Washington. También relaciona esta situación con el incremento del precio del petróleo y con la reducción de las reservas estratégicas estadounidenses.

Según sus cálculos, Estados Unidos disponía anteriormente de unos 750 millones de barriles de reserva estratégica y habría descendido ya por debajo de los 400, cifra que considera crítica para mantener simultáneamente el consumo interno y las necesidades militares.

En el plano militar, Alcharani afirma que los ataques iraníes con el sistema KH-380 permitieron utilizar misiles de crucero hipersónicos contra dos fragatas estadounidenses. Asegura que el objetivo no era necesariamente hundirlas, sino demostrar capacidad de disuasión y obligar a los buques estadounidenses a mantenerse a una distancia determinada.

También afirma que Irán ha ampliado la consideración de la zona de exclusión más allá del estrecho de Ormuz, extendiéndola hacia el mar de Arabia y el Golfo Pérsico.

Uno de los elementos que más destaca es la recuperación intacta de un dron submarino estadounidense de tecnología avanzada. Para Alcharani, el hecho de que Irán pueda acceder a este tipo de tecnología demuestra una capacidad considerable en guerra electrónica y en control del espacio marítimo y submarino.

Su conclusión estratégica es que Estados Unidos está perdiendo posiciones en diferentes frentes, aunque eso no significa que el poder estadounidense haya desaparecido. Calcula que el proceso de debilitamiento puede prolongarse durante años.

En cuanto a la posibilidad de que Estados Unidos recurra a armas nucleares, Alcharani adopta una posición significativamente más prudente. Insiste expresamente en una distinción: dispone de información, pero no de datos concluyentes.

Afirma que, desde la caída de la Unión Soviética y posteriormente de Ucrania, se habría producido la transferencia de determinados materiales y conocimientos a través de terceros países hacia Irán. También menciona la cooperación tecnológica con Corea del Norte. Sin embargo, reconoce que no sabe exactamente qué capacidades conserva Irán ni qué grado de desarrollo tiene actualmente su programa.

Por eso considera que la cuestión nuclear constituye todavía una incógnita. También sostiene que Rusia y China utilizarían su derecho de veto en el Consejo de Seguridad para impedir determinadas iniciativas contra Irán y que el Tratado de No Proliferación está entrando en una fase de creciente cuestionamiento.

El coronel calcula que la actual confrontación podría prolongarse al menos hasta 2028.

Pero, por encima de todas estas cuestiones técnicas, vuelve al factor humano. Alcharani destaca la resistencia de la población iraní y su preparación para soportar condiciones extremadamente duras. Recuerda la imagen de un combatiente que continuó luchando hasta quedarse sin recursos, fue capturado y posteriormente liberado, para volver después al combate.

Para él, esa disposición resume la naturaleza del conflicto: no se trata simplemente de una guerra entre Estados, sino de una batalla de eje.

Las treguas y las elecciones: el tiempo del imperio

Alcharani interpreta las actuales treguas y negociaciones como una pausa estratégica vinculada fundamentalmente al calendario electoral estadounidense.

A su juicio, Estados Unidos necesita tiempo. Las conversaciones con Irán, los contactos relacionados con Rusia y Ucrania y la relativa calma en Irak y Yemen formarían parte de una estrategia destinada a ganar margen hasta las elecciones.

En el caso de Irán, señala que se estarían produciendo contactos a través de Pakistán para intentar reanudar las conversaciones bajo nuevas condiciones y modificar determinados artículos. Su interpretación es que el discurso de «no queremos más guerra, queremos hablar» no implica necesariamente una renuncia a la confrontación, sino un intento de ganar tiempo mientras se prepara una eventual escalada. Las treguas permiten reducir temporalmente la presión y evitar una guerra abierta mientras se reorganizan las fuerzas.

Alcharani relaciona esta situación con el debilitamiento económico estadounidense. Habla de una deuda pública que considera insostenible y de unos costes financieros crecientes. En su interpretación, Estados Unidos ha perdido buena parte de la hegemonía económica que sostuvo su posición internacional durante décadas. De ahí que la guerra contra Irán tenga también una dimensión económica y estratégica fundamental. La imposibilidad de obtener una victoria rápida obliga, según su lectura, a recurrir a pausas, negociaciones y maniobras diplomáticas.

Su advertencia final es contundente: si Trump consigue volver a consolidar su posición política, la siguiente etapa podría ser mucho más agresiva. Lo mismo, sostiene, puede ocurrir en Israel. Las treguas actuales no deben interpretarse, por tanto, como el final del conflicto, sino como una pausa dentro de una confrontación que continúa abierta.

Conclusión: una batalla de eje

El programa termina con una idea que resume buena parte de la intervención de Alcharani: no estamos ante una guerra religiosa ni ante un simple enfrentamiento sectario, sino ante una batalla de eje.

Para el coronel, Irán ocupa una posición decisiva dentro de esa confrontación. Una victoria iraní, considera, podría modificar sustancialmente el equilibrio regional y afectar especialmente a Siria y al sur del Líbano. Insiste en la preparación y resistencia del pueblo iraní y de sus combatientes, capaces de luchar en condiciones extremas.

La preparación de la defensa iraní para una eventual guerra terrestre.

Según explica, la defensa está organizada por sectores y cada uno dispone de su propia preparación y de diferentes sistemas de misiles, incluidos misiles hipersónicos. También sostiene que existen planes para responder ante un eventual ataque nuclear y que, si la guerra volviera a convertirse en una confrontación abierta, el escenario podría extenderse al conjunto del Golfo Pérsico.

Su pronóstico final es deliberadamente sombrío: una nueva guerra terrestre sería extremadamente cruel y provocaría movimientos de tropas y transformaciones territoriales de gran alcance.

Pero la última idea que queda sobre la mesa es la misma con la que había comenzado el programa: detrás de los mapas, los misiles, las bases y las estrategias militares siguen existiendo personas concretas. Y, en el caso de Siria, familias que necesitan algo tan elemental como pan, ropa para sus hijos o un tratamiento médico.

Comité de Apoyo a Irán Iberia 2026

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