El lobby sionista ha influido en los presidentes de EE.UU desde la administración Truman

Un recorrido histórico por la influencia de las principales organizaciones sionistas proisraelíes sobre la política exterior estadounidense, desde el reconocimiento de Israel en 1948 hasta la actual confrontación con Irán.

Publicado en Nueva Revolución: Roberto Casanova, 3 de agosto de 2026


Desde la presidencia de Harry S. Truman hasta la de Donald Trump, el peso del lobby sionista en la política estadounidense ha sido objeto de un intenso debate académico y político. Basándose en el ensayo de Ian Lustick y Eli Clifton, este artículo repasa algunos de los episodios en los que, según los autores, las presiones ejercidas por organizaciones como AIPAC condicionaron las decisiones de la Casa Blanca en Oriente Medio, incluso frente a las recomendaciones de altos responsables de seguridad nacional y diplomacia.

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Foto de entrada fuente Nueva Revolución

Desde 1948, el lobby proisraelí ha ejercido una presión constante y efectiva sobre los presidentes estadounidenses, priorizando con frecuencia los intereses del régimen de Israel por encima de las recomendaciones de los asesores de seguridad nacional y de lo que muchos consideraban el interés nacional de Estados Unidos. Esta dinámica, documentada en un ensayo de Ian Lustick y Eli Clifton publicado en The Guardian (adaptado de su libro Israel’s Lobby: America in the Grip of a Foreign Power), se remonta a Harry Truman y se ha repetido a lo largo de casi ocho décadas.

Truman y el reconocimiento de Israel (1948)

En plena ocupación de Palestina, Truman enfrentó una intensa presión de grupos sionistas, incluida la Organización Sionista Mundial, y de asesores políticos internos que impulsaban el apoyo a un Estado judío. Sus principales consejeros de seguridad nacional, encabezados por el secretario de Estado George C. Marshall (a quien Churchill había llamado “el verdadero organizador de la victoria” en la Segunda Guerra Mundial), se opusieron firmemente. En una reunión del 12 de mayo de 1948, Marshall advirtió que el reconocimiento sería “un transparente ardid para ganar unos pocos votos” y declaró que no votaría por Truman si este cedía a la presión.

Truman, en año electoral y consciente del peso del voto en Nueva York, reconoció al régimen de Israel dos días después. El episodio ilustra el patrón que se repetiría: el temor a costos políticos domésticos prevaleció sobre las advertencias sobre posibles guerras en Oriente Medio, riesgos petroleros y despliegues de tropas.

Ford, Carter y las décadas siguientes

Durante la administración de Gerald Ford (1974-1976), el presidente y Henry Kissinger intentaron una “reevaluación” de la política en Oriente Medio ante el estancamiento de Israel. Un comité de “hombres sabios” recomendó presionar a Israel para retirarse de Cisjordania y Gaza. AIPAC respondió con una carta firmada por 76 senadores que exigía apoyo firme a Israel. Ford, “furioso” con el lobby, abandonó la presión para proteger sus perspectivas electorales y firmó un memorándum de acuerdo con el régimen de Israel que amplió drásticamente la ayuda y los compromisos estadounidenses.

Jimmy Carter (1977-1981), que obtuvo el 71 % del voto judío, buscó una paz integral que incluyera una “patria palestina”. La oposición del lobby fue intensa. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Moshe Dayan, presionó a Carter amenazando con movilizar a la comunidad judía estadounidense. Carter cedió, lo que condujo a una paz separada Egipto-Israel y facilitó posteriormente la expansión de asentamientos y la invasión de Líbano en 1982.

George H.W. Bush se enfrentó al lobby al suspender garantías de préstamos a Israel vinculadas a la construcción en territorios ocupados. Expresó su frustración: “Estamos enfrentándonos a grupos muy fuertes y efectivos… Hoy oí que había como mil lobistas en el Capitolio trabajando en el otro lado de la cuestión. Aquí solo tenemos a un solitario pequeño tipo haciendo lo mismo”.

Obama, Biden y Trump

Barack Obama inició su mandato con un compromiso con la solución de dos Estados y un congelamiento de asentamientos. La reacción del lobby sionista fue dura. Reemplazó al enviado George Mitchell por Dennis Ross (considerado cercano al lobby) y terminó amenazando con retirar ayuda a los palestinos si no abandonaban resoluciones de la ONU. En sus memorias, Obama citó el temor a ser etiquetado de antisemita y su vulnerabilidad personal.

Joe Biden, creyente en la “relación especial”, limitó las críticas a la respuesta israelí tras los ataques del 7 de octubre de 2023 y retrasó solo parcialmente el reabastecimiento de armamento, pese a recomendaciones de asesores. El lobby, incluida AIPAC, defendió las acciones israelíes ante el Congreso.

Donald Trump, tanto en su primer mandato como en el actual, ha mantenido un patrón similar. En 2026 decidió avanzar hacia un conflicto con Irán tras una campaña israelí, desafiando a asesores y a una parte significativa de la opinión republicana. El lobby continúa presionando para estrechar lazos militares y contrarrestar a críticos de Israel.

Mecanismos y consecuencias

Organizaciones como la Conferencia de Presidentes de las Principales Organizaciones Judías y, especialmente, AIPAC han utilizado contribuciones de campaña, movilización de cartas y amenazas de costos electorales. El ensayo argumenta que esta influencia ha obstaculizado avances hacia una paz israelí-palestina, aumentado los compromisos estadounidenses y, en ocasiones, ha ido en contra de lo que los propios presidentes y sus asesores consideraban el interés nacional.

Los autores señalan un cambio en la opinión pública estadounidense (con porcentajes elevados de visiones desfavorables hacia Israel) y llaman a que esta dinámica termine con Trump, invocando la advertencia de George Washington contra los “apegos apasionados” a países extranjeros. Reconocen que existen otros lobbies y que los presidentes conservan libre albedrío, pero sostienen que el patrón de cesión por temor político ha sido dominante desde Truman.

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