JARDUN denuncia desde Beasain la colaboración con Israel y vincula la liberación de Euskal Herria con la de Palestina
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Frente a la fábrica de CAF en Beasain, una conversación sobre Palestina con Laith Marouf - Free Palestine TV, termina convirtiéndose en una reflexión mucho más amplia sobre las relaciones entre industria, poder, represión y solidaridad internacionalista. Malen y Ron, militantes de JARDUN, explican ante Laith Marouf por qué consideran que CAF representa uno de los ejemplos más visibles de la colaboración con Israel y sitúan esa relación dentro de un entramado que alcanza los ámbitos comercial, militar, institucional y cultural.
Pero la denuncia no se detiene en los trenes y tranvías destinados a proyectos ferroviarios vinculados a Israel. Los militantes de JARDUN hablan también de las movilizaciones contra CAF, de la respuesta policial y judicial que afrontan quienes participan en acciones de solidaridad con Palestina, de los presos vascos que han recurrido a la huelga de hambre y de los casos de compañeros acusados de terrorismo. Todo ello forma parte de una misma dinámica represiva que trasciende las fronteras del Estado español.
En el fondo de la conversación aparece una idea que articula todo su discurso: la solidaridad con Palestina no puede reducirse a una posición humanitaria o simbólica. Para JARDUN, forma parte de una concepción internacionalista en la que las luchas de distintos pueblos se encuentran y se condicionan mutuamente. Desde esa perspectiva, la liberación de Euskal Herria y la de Palestina no serían procesos separados, sino expresiones de una misma confrontación con el imperialismo.
Una conversación, por tanto, que parte de una fábrica de trenes en Beasain y termina planteando una cuestión mucho mayor: qué significa, en la práctica, comprometerse con la lucha de otro pueblo cuando esa solidaridad entra en conflicto con los intereses económicos, institucionales y políticos del propio entorno.
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Beasain, País Vasco. Frente a la fábrica de CAF, en Beasain, el presentador de Free Palestine TV, Laith Marouf, conversa con Malen y Ron, militantes de JARDUN, movimiento socialista independentista vasco, sobre la colaboración entre empresas e instituciones del País Vasco, del Estado español y de Francia con Israel, y sobre la represión que sufren quienes desarrollan actividades de solidaridad con Palestina.
La fábrica que aparece detrás de ellos pertenece a CAF, Construcciones y Auxiliares de Ferrocarriles, una empresa dedicada a la fabricación de trenes y tranvías. CAF constituye uno de los ejemplos más claros y simbólicos de la colaboración industrial con Israel, debido a su participación en proyectos ferroviarios vinculados a Tel Aviv, Jerusalén y los asentamientos coloniales.
La conversación parte de una cuestión más amplia: la relación entre el País Vasco, definido por Malen como parte del «centro imperialista», y el sionismo israelí. A partir de ahí, los intervinientes identifican diferentes niveles de colaboración, que abarcan los ámbitos comercial, militar, institucional y cultural. En ese marco sitúan también la represión contra el movimiento de solidaridad con Palestina y la persecución judicial de activistas.
Para JARDUN, por tanto, la cuestión no se limita a una empresa concreta. CAF aparece como una expresión particularmente visible de una estructura de relaciones mucho más amplia.
El País Vasco en el «centro imperialista»
Malen plantea que, para comprender la colaboración con Israel, es necesario situar primero al País Vasco «en el centro imperialista».
«Por lo tanto, inevitablemente necesitan vincularse y comerciar con el sionismo israelí», afirma.
Su planteamiento parte de la consideración de que el Estado español y el Estado francés forman parte de la OTAN y, por tanto, del «centro imperialista». En el caso del País Vasco, sostiene Malen, la burguesía nacional necesita vincular sus estrategias económicas y financieras a Israel y a la OTAN. «Eso es lo primero», señala.
Desde esta perspectiva, explica, la relación no puede reducirse exclusivamente a las empresas. También los políticos mantienen diferentes relaciones con Israel y forman parte de un entramado en el que intervienen intereses económicos, financieros, militares, institucionales y culturales.
Malen distingue cuatro tipos de relación.
La primera es la relación comercial.
«Necesitan que exista una entidad como Israel para obtener beneficios, porque hacen comercio. Necesitan instrumentos financieros israelíes», sostiene.
Como ejemplo menciona a Irizar, empresa de autobuses que, según explica, «desde los años ochenta, ha estado suministrando autobuses a Israel».
La segunda relación es la militar.
Malen señala que las fuerzas de represión españolas y francesas utilizan armas y tecnología que, según su planteamiento, «se prueban en Gaza, en Cisjordania, en el Líbano y en Yemen». Pero, añade, no se trata únicamente de armamento y tecnología.
«También necesitan entrenamiento».
Como ejemplo, señala que las fuerzas de la Ertzaintza vasca fueron entrenadas por fuerzas israelíes, mientras que los ejércitos francés y español utilizan armas y tecnología israelíes.
«Así que tenemos que entender esto en una situación compleja en la que se necesitan mutuamente», afirma.
El tercer ámbito es el institucional. Para Malen, este elemento resulta «esencial» porque permite «normalizar la entidad de Israel y limpiar su imagen».
Según explica, se utilizan políticos de derecha e izquierda y la excusa de que es necesario colaborar con Israel para construir un escenario en el que la población no pueda cuestionar «la idea de que Israel exista en territorio ocupado».
La cuarta relación es la cultural.
Malen sostiene que también es necesario «crear un escenario ideológico en el que la gente acepte que está ayudando a una entidad genocida». En ese sentido menciona la organización de partidos contra el Maccabi y la proyección de películas israelíes en los cines de Donostia.
El objetivo, según su interpretación, sería crear el marco ideológico que permita normalizar esas relaciones y hacer aceptable la colaboración.
«Esta sería la compleja situación que estamos viviendo debido a las necesidades de la clase dominante», concluye, extendiendo esa consideración no solo a los Estados ocupantes español y francés, sino también a las burguesías nacionales.
CAF y el «tren de la ocupación»
Laith Marouf lleva entonces la conversación directamente a CAF y pregunta a los militantes de JARDUN qué hace concretamente la empresa en su colaboración con el régimen sionista.
Ron considera que uno de los ejemplos más claros es precisamente el suministro de trenes y tranvías a Tel Aviv y Jerusalén.
«Están ayudando a construir las vías de tren desde Tel Aviv hasta los asentamientos», explica.
La relación es especialmente visible porque se materializa en una infraestructura física. No se trata únicamente de una relación comercial abstracta, sino de trenes, tranvías y vías ferroviarias.
Malen lo formula de manera aún más directa:
«Lo que están haciendo es construir un tren de la ocupación».
CAF ha estado proporcionando «la infraestructura que necesitan para hacer posible la entidad de Israel». Por esta razón, sostiene, CAF se ha convertido históricamente en una empresa simbólica para el movimiento pro-palestino.
Malen precisa que existen muchas otras empresas en el País Vasco, en el Estado español y en el Estado francés, pero considera que en el caso de CAF se ha hecho especial hincapié en romper las relaciones con Israel debido a que su actividad resulta especialmente simbólica y visible. De ahí que exista un historial de boicots, manifestaciones y concentraciones contra la empresa.
En la conversación se recuerda además una movilización reciente desarrollada frente a la fábrica. Según explica Malen, junto con la organización palestina Alkartasuna y otras organizaciones creadas después del 7 de octubre, se organizó una plataforma que impulsó una manifestación y acciones directas destinadas a mostrar «lo que está ocurriendo en el País Vasco y lo que está sucediendo con los Estados capitalistas que están proporcionando los medios para un genocidio».
La fábrica de Beasain se convierte así, dentro del discurso de los militantes, en un punto concreto desde el que denunciar una estructura mucho más amplia de colaboración.
Acción directa y represión
Laith Marouf pregunta entonces por lo sucedido durante aquella manifestación.
Ron explica que, «como por desgracia es habitual», los activistas fueron reprimidos por la policía vasca. En su interpretación, uno de los principales problemas a los que se enfrenta actualmente el movimiento pro-palestino en el País Vasco es lo que denomina «ley blanda» o «represión blanda». La expresión hace referencia, según Ron, a una forma de persecución que no siempre implica detenciones.
«Muchas veces no se les detiene en sus casas ni se les lleva a Madrid», explica. En cambio, se imponen «multas increíbles, de una cuantía inverosímil».
Para Ron, se trata de una forma de «represión silenciosa», una represión que «no sale en los titulares», pero que puede «arruinar la vida de muchas de esas personas».
Laith Marouf recuerda entonces que los manifestantes pudieron acceder a los trenes que estaban siendo construidos para el sistema colonial israelí y que rompieron las ventanas. Pregunta si las detenciones y las imputaciones posteriores forman parte de esa misma respuesta represiva. Ron responde que sí y sitúa esas actuaciones dentro de una dinámica que, a su juicio, continúa desarrollándose.
«Por cada acción que se lleve a cabo contra la entidad sionista, contra sus colaboradores, habrá una respuesta, una respuesta represiva», afirma.
Por eso, explica, continúan existiendo cientos de personas «que están siendo procesadas, multadas y perseguidas» por las acciones desarrolladas contra CAF y por las acciones contra el tranvía. También relaciona esa respuesta con las medidas adoptadas para impedir acciones durante La Vuelta (Ciclista a España), en referencia a las movilizaciones destinadas a impedir la participación de un equipo sionista.
«Sin duda, es algo que sigue en marcha y no creo que vaya a parar», afirma. Para Ron, esta dinámica forma parte además de una «solidaridad cruzada» y de lo que denomina «internacionalismo en la revolución».
Los presos vascos y la solidaridad con Palestina
La conversación aborda entonces la solidaridad expresada desde las prisiones.
Laith Marouf recuerda la huelga de hambre protagonizada por presos vascos en solidaridad con Palestina y pregunta a Ron por el significado de estas acciones. Ron considera necesario retroceder en el tiempo para comprender que el compromiso del pueblo vasco y de los revolucionarios vascos con Palestina «no es algo nuevo».
«Durante muchos, muchos años, los revolucionarios vascos han estado en Oriente Medio, especialmente en el Líbano, tanto para compartir experiencias como para aprender unos de otros», explica.
Desde esa perspectiva, sostiene que los presos políticos vascos conocen lo que está sucediendo en Gaza, Palestina, el Líbano y Yemen. La diferencia fundamental, señala, se encuentra en las posibilidades de actuación. Quienes están fuera de prisión tienen la capacidad de organizarse, trabajar juntos, organizar manifestaciones y emprender acciones directas contra quienes colaboran con la entidad sionista. Quienes permanecen encarcelados, tanto en «la parte del País Vasco ocupada por España» como en «la parte ocupada por Francia», no tienen ese privilegio. Por ello, muchas veces recurren a «una de las últimas cosas que les quedan: sus propios cuerpos». Así, en solidaridad con el pueblo palestino y con la resistencia, algunos presos han llevado a cabo huelgas de hambre.
Ron considera también necesario recordar la relación histórica de algunos revolucionarios vascos con militantes de Oriente Medio, entre ellos George Abdallah, del Partido Comunista del Líbano. Para él, el compromiso con Palestina no constituye algo nuevo ni desconocido.
«Algunos tienen el privilegio de organizarse aquí fuera y luchar en las calles. Otros tienen que hacerlo con lo último que les queda: sus cuerpos, su salud».
Pero la represión, insiste, no termina ahí.
Asier, Yusef y la acusación de terrorismo
Ron vuelve a referirse entonces a los cientos de personas que, según explica, continúan siendo juzgadas, multadas o perseguidas. En ese contexto menciona a personas como Yusef y a otros compañeros que, según su relato, fueron sacados de sus casas, arrastrados y llevados a Madrid «como rehenes», acusados de formar parte de una organización terrorista, de adoctrinamiento y de auto radicalización.
Laith Marouf había introducido ya al comienzo del programa el caso de personas a las que, según sus palabras, «sacaron de sus casas, drogaron, llevaron como rehenes a Madrid» y acusaron de pertenecer a una organización terrorista. Malen también recuerda los casos de Asier y Youssef, a quienes presenta como compañeros que fueron sacados de sus hogares, llevados a Madrid y acusados de terrorismo, adoctrinamiento y autor radicalización.
Para los militantes, estas actuaciones no constituyen hechos aislados. Malen sostiene que la misma dinámica está produciéndose en Francia, Alemania, Italia y Reino Unido. Ron lo expresa como «una auténtica demostración de fuerza por parte de la entidad sionista». «Sabemos que estas cosas no ocurren por casualidad», afirma.
En su interpretación, existe una dimensión europea de la represión que debe ser tenida en cuenta al analizar la persecución de quienes desarrollan actividades de solidaridad con Palestina.
«No podemos hacerlo desde la comodidad de nuestros hogares»
La conversación desemboca finalmente en la cuestión del internacionalismo. Ron considera que la solidaridad no puede limitarse a la simpatía o a la lástima. «Cuando se trata de internacionalismo, no podemos hacerlo desde la comodidad de nuestros hogares solo por lástima. Tiene que ser por compromiso».
Ese compromiso, sostiene, debe entenderse también desde la experiencia histórica de los revolucionarios vascos y de sus relaciones con otros movimientos de resistencia. En ese punto establece una conexión directa entre las luchas de diferentes pueblos.
«Mientras Palestina no sea libre, el País Vasco no será libre, e Irlanda no estará unida ni será libre».
Para Ron, esa conclusión determina también la tarea política que tienen por delante. «Este es el trabajo que tenemos que hacer».
Contra la neutralidad y contra una «resistencia abstracta»
Laith Marouf pregunta finalmente a Malen qué futuro puede esperar el movimiento, después de las acciones desarrolladas durante los últimos meses y de las detenciones de compañeros como Asier y Yusef.
Malen comienza rechazando cualquier posición de neutralidad. «Nuestra postura no es neutral». Tampoco quieren caer en «un discurso humanitario que aboga por la paz y acepta la opresión de una entidad que en realidad no es un Estado». Para Malen, se trata de «una entidad ocupante». «Y rechazamos eso», afirma.
Pero también rechaza lo que denomina una «resistencia abstracta». «No estamos hablando de algo abstracto. La realidad es que hay fuerzas y gente trabajadora que está llevando a cabo la resistencia. Y tenemos que apoyar eso». Su propuesta se sitúa, por tanto, en el terreno de un «internacionalismo real, antiimperialista».
Malen considera necesario «dar pasos concretos hacia el futuro» porque, desde su perspectiva, lo que se está produciendo actualmente es «una crisis, una crisis inevitable de las fuerzas imperialistas». El objetivo principal, afirma, debe ser «liberar al País Vasco social y nacionalmente, liberar Palestina».
Y esa misma lógica debe extenderse, en su planteamiento, a otros escenarios.
«Lo mismo ocurre con la resistencia palestina. Lo mismo ocurre con la resistencia de Irán, de Yemen, del Líbano».
Por ello, concluye, «tenemos que comprometernos con otros pueblos y naciones oprimidos».
Pero ese compromiso internacionalista no significa abandonar la propia lucha:
«Liberando a nuestras naciones».
«Cualquier derrota del imperialismo en cualquier lugar es una derrota para el imperialismo en todas partes»
Laith Marouf recoge finalmente el planteamiento de los militantes de JARDUN y establece la conexión entre las distintas luchas de liberación. «Cualquier ataque o derrota del imperialismo en cualquier lugar es una derrota para el imperialismo en todas partes», afirma. Desde esa perspectiva, vincula expresamente la liberación del País Vasco con la de Palestina, Venezuela y «todas las demás naciones».
El programa concluye con el agradecimiento de Laith Marouf a Malen y Ron y con una invitación a conocer el trabajo de JARDUN y a seguir los contenidos de Free Palestine TV.
La despedida resume el eje político que ha atravesado toda la conversación:
«Palestina libre y País Vasco libre».