Venezuela Flex: ¡Han llegado los sionistas!

Capitalismo del desastre y reconfiguración del poder en Venezuela

La presente es una traducción propia del editor, realizada directamente a partir del texto original en inglés publicado por Eva García y posteriormente revisada conforme a nuestros principios editoriales: fidelidad absoluta al autor, mínima intervención editorial y adaptación exclusiva de aquellos elementos lingüísticos necesarios para lograr un español natural, preciso y fiel al original.

Los grandes terremotos no solo modifican el paisaje. También alteran el equilibrio del poder. En este artículo, la periodista venezolana Eva García sostiene que la llegada de una delegación oficial israelí a la Venezuela devastada por el seísmo trasciende el ámbito de la ayuda humanitaria y debe interpretarse como un acontecimiento de profundo significado político y geopolítico. A partir de los hechos y declaraciones que documenta, la autora invita al lector a reflexionar sobre las dinámicas del capitalismo del desastre, la soberanía venezolana y la proyección regional del sionismo.

Publicado en Marxism-Leninism Today por Eva García el 13 de julio de 2026

Un antiguo proverbio palestino advierte a los necesitados que no recurran a soluciones perjudiciales: «No bebas veneno para saciar la sed», aconseja.

Sin duda, unas palabras sabias. Pero apenas una semana después de que la tierra temblara, algunos tenían los oídos tan atascados con los dictados de Washington que no hacían caso, prefiriendo tragar un veneno pútrido al invitar a sionistas genocidas a Venezuela como parte de la respuesta tras el terremoto.

En cuanto a alardes de poder, este fue imprevisto. Nada dice «tengo poder» como llevar a cabo lo que antes era impensable y poner las botas de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) sobre el terreno en lo que antes era un hervidero antisionista, todo ello bajo el pretexto repugnante y claramente engañoso de «reconstruir» Venezuela.

Indiscutiblemente alineada con los mandamás que marcan el rumbo de la agenda de respuesta al terremoto en Venezuela, esta demostración de fuerza sacudió el suelo bajo los pies de los revolucionarios venezolanos por tercera vez en una semana, pillándolos paralizados por el luto nacional e incapaces de oponer mucha resistencia.

¿Quién está aquí?

El «equipo de expertos», compuesto por unas 30 personas, aterrizó en la ciudad de Valencia el 1 de julio. Según la retórica oficial —tómatelo como quieras—, la delegación sionista está encabezada por el general de brigada Elad Edri, del Mando del Frente Interno de las FDI, y por el embajador de Israel en México, Yoed Magen, en representación del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Según se informa, también forma parte de ella la Autoridad Nacional de Gestión de Emergencias (dependiente del Ministerio de Defensa de Israel) y la Agencia Zaka de Identificación de Víctimas de Desastres (un grupo ultraortodoxo que colabora con la policía israelí y que se ha visto envuelto en el pasado en difusión de desinformación y en escándalos sexuales). Les acompañan las ONG israelíes Ready for Rescue y SmartAID, empresa tecnológica emergente israelí que afirma contar con un equipo de búsqueda y rescate de 17 personas que, tras llegar siete días después del desastre, cuando las actividades de primera intervención ya habían concluido prácticamente, supuestamente está trabajando en «la siguiente fase de la respuesta humanitaria» en los sistemas de telecomunicaciones, energía y agua.

Que no quepa duda: no se trata de médicos, enfermeros ni adiestradores de perros de rescate. Se trata de un equipo dirigido por funcionarios del Gobierno israelí y las FDI, con estrechos vínculos con el Ministerio de Defensa y la Policía.

El «Equipo Genocidio», como se le ha apodado, recibió una bienvenida de alfombra roja por parte del Gobierno de Delcy. Fue prácticamente el único, de entre las docenas de equipos de respuesta internacionales, al que ella elogió en una rueda de prensa internacional, y se reunió de inmediato con líderes militares y políticos venezolanos, incluida la propia Delcy. «Espero que podamos seguir avanzando», les dijo, agradeciéndoles una y otra vez su presencia.

Una ironía repugnante

Cualquier personal de búsqueda y rescate (si es que realmente lo hay) del «Equipo Genocidio» ha sido ignorado en gran medida en los informes de prensa de ambas partes, centrándose en gran medida en que, supuestamente, se le ha encomendado la tarea de «rehabilitar las infraestructuras y evaluar su estado». Este mandato se amplió rápidamente después de que Delcy lo solicitara al ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, y Bibi diera luz verde a la idea. Los sionistas ahora (según se informa) se dedicarán a «cartografiar los daños» y a poner en marcha un «plan de reconstrucción».

A nadie se le ha escapado la ironía de que a los maestros de la destrucción, del dolor y del apartheid se les haya encomendado la reconstrucción de Venezuela.

Solo desde 2023, las FDI han destruido más del 90 % de todos los edificios de Gaza, 11 000 edificios en el Líbano, han lanzado 18 000 bombas sobre Irán y han llevado a cabo más de 1 000 ataques aéreos y redadas en Siria. Sí, parecen ser, sin duda, los más indicados para la tarea de reconstruir Venezuela.

Por ello, y dada la turbia tendencia de Israel a utilizar la ayuda como tapadera para operaciones del Mossad, muchos se preguntan si realmente son quienes dicen ser. ¿Son agentes que persiguen a venezolanos de origen libanés, sirios o palestinos? ¿O tal vez buscan establecer una implantación comercial en el país a través del sector de la construcción para luego expandirse y construir asentamientos de forma progresiva?

Solo el tiempo lo dirá, pero independientemente de sus objetivos reales, lo que se esconde tras esta misión va mucho más allá de la construcción.

¿El acercamiento de Delcy al sionismo?

Elogiando a la delegación, el criminal de guerra Bibi Netanyahu afirmó que su equipo está «reconstruyendo ruinas y también reconstruyendo relaciones (…) mostrando al pueblo venezolano el verdadero rostro del Estado israelí». ¡Ja!

Venezuela rompió relaciones con el Estado sionista en 2009, cuando Hugo Chávez, con gran perspicacia, acusó a este de cometer genocidio en Gaza. Desde entonces, no ha habido relaciones diplomáticas, ni conversaciones, ni comercio, ni intercambios. Hasta que Delcy (léase Trump) empezó a llevar la batuta.

La delegación encabezada por las FDI, que forma parte de una respuesta acelerada a las «oportunidades» que ofrece el terremoto en el contexto del capitalismo del desastre en su máxima expresión, no es el primer temblor de este cambio político que sacude los cimientos.

Recién salido del secuestro ilegal de su padre por parte de las tropas estadounidenses (que también han vuelto a pisar suelo venezolano) en enero, el hijo de Maduro, Nicolasito —él mismo miembro destacado del PSUV, el partido gobernante de Delcy— acaparó los titulares al defender, en un acto cristiano evangélico, que Venezuela restableciera las relaciones con Tel Aviv.

En febrero, Bloomberg informó de que la petrolera estatal venezolana PDVSA —al igual que el resto del aparato estatal, ahora bajo la tutela de EE. UU.— había vuelto a vender petróleo a Israel mediante el envío de un cargamento a la refinería Bazan de Haifa. La noticia, a pesar de ser previsiblemente desmentida por Delcy, sugería de forma preocupante que la Venezuela liderada por EE. UU. podría ser un proveedor cómplice de combustible para el genocidio sionista en Oriente Medio y Asia Occidental.

Poco después, la declaración de Caracas sobre los ataques estadounidense-israelíes contra Irán condenó la respuesta de Teherán sin mencionar los bombardeos sionistas. Fue retirada rápidamente de los canales de prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Los líderes de las Fuerzas Armadas Bolivarianas se dan la mano e intercambian sonrisas con los líderes de las FDI en Caracas (Fuente: FDI)

Un mes más tarde, en marzo, Delcy abrió un nuevo camino político al enviar primero un mensaje personalizado con motivo de la Pascua judía a la minúscula comunidad judía de Venezuela (alrededor de 4.000 personas) y, posteriormente, al recibir a sus líderes —entre ellos el presidente de la Asociación Israelí de Venezuela y representante sionista, el rabino Isaac Cohen— en el Palacio Presidencial para un acto retransmitido en directo que muchos interpretaron como una fiesta en busca de inversiones, en la que afirmó que el país puede ser un «santuario» para personas como Cohen.

Este acercamiento encaja con la ofensiva continental del sionismo, que le ha permitido establecer importantes enclaves estratégicos en Argentina, Bolivia y Colombia tras el desastre de la «Marea Rosa» socialdemócrata. Pero en el caso de Venezuela, sin duda afectará a nuestros lazos históricos con importantes actores antisionistas, como los Gobiernos iraní y turco, así como a las considerables comunidades libanesa (alrededor de 400 000 personas), siria (alrededor de 1 millón) y palestina (alrededor de 15 000) presentes en el país —factores que desempeñaron un papel importante a la hora de eludir las sanciones estadounidenses en el pasado—.

Del mismo modo, ensancha aún más el abismo, ya tan inmenso como el Gran Cañón, entre el Gobierno y el pueblo venezolano, alejando aún más a los revolucionarios de base y avivando las críticas a la administración de Delcy y a su ya evidente subordinación a la Casa Blanca.

Y también pone al descubierto (una vez más) la labor al estilo de Goebbels de las fábricas de miedo de la propaganda gubernamental, que, irónicamente, sacaron toda la artillería en 2024 para advertir al electorado de que la principal candidata antigubernamental y ridícula lacaya proisraelí, María Corina Machado —que lideraba las encuestas en aquel momento—, invitaría a los sionistas a Venezuela.

Reacción popular

Dos años después, las fotos de generales sionistas invitados por Delcy en Caracas, recién llegados de bombardear Gaza o el Líbano, han provocado una indignación generalizada.

Para algunos partidarios del Gobierno, esta medida cruza una línea roja. Para otros, no es más que otra prueba condenatoria en un extenso expediente sobre las políticas proteccionistas de Delcy y el «dominio imperialista» sobre el país.

Venezuela está llena de murales a favor de Palestina como este de Caracas (Fuente: Movimiento de Solidaridad Venezuela-Palestina)

Pero al igual que ocurre con los salarios mensuales de 1 dólar o la reforma de la Ley del Trabajo —que he explicado en anteriores columnas de Venezuela Flex—, la presencia sionista en el país irrita profundamente la conciencia chavista y pone de manifiesto contradicciones intrínsecas y fragmentarias tanto dentro del PSUV gobernante como entre la actual administración y las políticas de Hugo Chávez.

Si bien todos los antisionistas encontrábamos en su día un terreno común con el PSUV y el Gobierno en este ámbito, hoy ese mismo antisionismo nos sitúa firmemente en una aguda oposición a ellos. Como tal, la presencia del «Equipo Genocido» en Venezuela no hace más que fortalecer el diverso bloque revolucionario antigubernamental.

¿Acaso debemos beber veneno para saciar nuestra sed?

Seamos claros: la «sed» de Venezuela ha alcanzado un nivel sin precedentes. Es trágica, cataclísmica: supone (en el momento de escribir estas líneas) más de 4 500 muertos, más de 17 000 heridos, más de 18 000 personas sin hogar y no sabemos cuántos miles de desaparecidos. Y todo ello se ve agravado por la falta de preparación de las autoridades venezolanas.

¿Justifica esto, pues, beber el veneno sionista?

A alguien rescatado de entre los escombros seguramente no le importa si es una mano colombiana, chilena, de un marine estadounidense o de un Casco Blanco sirio la que le salva. Pero recordemos que el «Equipo Genocidio» llegó cuando la fase de búsqueda y rescate, crucial para salvar vidas, estaba llegando a su fin y está compuesto principalmente por (según se informa) ingenieros militares de segunda línea.

Entonces, ¿dónde están los aproximadamente 120 000 ingenieros civiles venezolanos o los de la multitud de países que enviaron ayuda tras el terremoto pero que no son cómplices de crímenes de guerra? ¿No había nadie más para hacer el trabajo, ninguna otra forma de saciar la sed? ¿Por qué los sionistas?

Teniendo en cuenta los esfuerzos excesivamente compensatorios del Gobierno por «agradecer» al «Equipo Genocidio», al tiempo que se deja de lado tácitamente en el discurso público las contribuciones de otros equipos, así como todo lo que ha ocurrido desde el 3 de enero y la rápida respuesta negativa dada a otras ofertas para supervisar la reconstrucción de Venezuela, solo puedo suponer que la presencia de Israel es una prioridad para el Gobierno de Delcy. Ella y sus amos —el presidente naranja y su rabioso secuaz cubano-estadounidense— vieron una oportunidad para impulsar su agenda tóxica.

Así es como funciona el capitalismo del desastre. La sed del momento presenta la oportunidad. La mera necesidad del desastre proporciona la excusa, y los efectos secundarios del veneno —la penetración en el mercado, la transferencia de autoridad y recursos, el desplazamiento de competidores y el encubrimiento de delitos o corrupción— quedan camuflados bajo titulares de «ayuda» y la enorme magnitud de las pérdidas humanas.

Sin embargo, como bien saben los palestinos, el veneno siempre es tóxico, y algo me dice que aún no hemos comprendido la magnitud total de los efectos secundarios de este veneno sionista putrefacto, de liberación prolongada y suspendida.

¡Palestina y Venezuela libres, carajo!

-Eva García, periodista venezolana y columnista habitual de «Marxism-Leninism Today», escribe desde el terreno en Venezuela y ofrece una contranarrativa de carácter de clase frente a los medios de comunicación dominantes. Se puede contactar con ella en evagarciaperiodista@gmail.com. Sus columnas son de código abierto y pueden reproducirse libremente (con la debida referencia a la publicación original aquí en MLT) sin necesidad de permiso previo.

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