Mario Silva denuncia en Geopolítica TV la desactivación del plan de defensa, la negociación secreta y la colonización silenciosa que vive Venezuela tras el secuestro de Nicolás Maduro

Con Ariel Umpiérrez – Geopolítica TV
«No soy yo, es todo un pueblo. No está en juego Venezuela nada más. Está en juego toda América Latina.»
Hay entrevistas que se escuchan. Y hay entrevistas que se sienten. Esta conversación con Mario Silva —histórico comunicador popular, militante fundador del PSUV, acompañante del Comandante Chávez desde sus inicios— pertenece a la segunda categoría. Y no deberías leer solo estas líneas de presentación: deberías escucharla.
Porque lo que Mario Silva tiene que decir no es un texto más para consumir apresuradamente. Es un testimonio vivo, doliente, valiente, de alguien que ha visto desde dentro cómo se desmorona lo que tanto costó construir. Es una advertencia. Es un grito. Es, también, una esperanza.
Si has seguido el proceso venezolano con simpatía, con preocupación, con incredulidad, esta conversación te ayudará a entender lo que no se dice en los titulares. Silva desmenuza sin concesiones:
Cómo se gestó el 3 de enero, negociaciones secretas, los saqueos de recursos, la transformación política, la infiltración de la CIA...
Escuchar la emoción quebrada cuando recuerda a Chávez. La rabia contenida cuando describe la rendición. La lucidez fría cuando desmonta cifras y engaños. La ternura inesperada cuando habla de un pueblo que "es como el cuero seco: lo pisas por un lado y se levanta por el otro". La determinación cuando afirma que la Revolución Bolivariana no ha muerto porque está en la calle, en los barrios, en las semillas.
Silva habla como quien ya no tiene nada que perder porque ya lo ha perdido todo, salvo la verdad. Y esa verdad —incómoda para unos, dolorosa para otros, imprescindible para todos— merece ser escuchada con atención, con respeto, sin mediaciones.
Te prometo que no es una hora cualquiera. Es una hora que te removerá, que te hará preguntas incómodas, que te desafiará a tomar partido. Porque como dice Silva al final, "hay que resistir, porque si no resistimos vamos a ver a toda América Latina siendo el patio trasero de Estados Unidos".
Y la resistencia empieza por saber. Por escuchar. Por no cerrar los ojos.
De confiar en el imperialismo, pero ni tantito así, nada.
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Ariel Umpiérrez:
Han pasado ocho meses desde aquel 3 de enero que cambió el rumbo de la Revolución Bolivariana. Ocho meses en los que, desde este espacio, hemos guardado prudencia ante un proceso complejo, confuso para quienes no vivimos en Venezuela. Pero la prudencia no puede confundirse con silencio cómplice. Por eso hemos querido traer a Mario Silva, comunicador popular, militante histórico, acompañante del Comandante Hugo Chávez desde sus inicios. Alguien que no tira piedras desde afuera, sino que desde dentro de la propia revolución alza la voz con la valentía de quien ha visto cómo se desmorona lo que tanto costó construir.
Y lo que Silva revela es demoledor.
Una rendición sin disparos
El 3 de enero de 2026, a las dos de la madrugada, fuerzas estadounidenses secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a Cilia Flores. Pero lo que convierte este acto criminal en algo aún más grave es lo que no ocurrió: no hubo respuesta militar. No hubo defensa. No hubo ni un solo disparo.
Silva lo dice con crudeza: «Ni siquiera el secuestro del Presidente justificaba la rendición y humillación de nuestro pueblo. Nada.»
Venezuela contaba con el Plan Nacional de Defensa Integral de la Nación. Tenía más de tres mil misiles Igla, sistemas S-300, RPG-2, radares, helicópteros. Cinco millones de milicianos activos. Una Fuerza Armada Nacional Bolivariana formada en las filas del pueblo. Suficiente capacidad para responder ante cualquier agresión imperialista.
Todo fue desactivado.
No hubo orden de ataque. El Alto Mando Cívico Militar Policial no respondió. Y el pueblo, disciplinado, esperó en sus casas.
Lo que vino después fue la justificación: la «diplomacia de paz». El relato de que había una «pistola en la cabeza». Pero Silva no lo acepta. ¿Justificaría la pistola en la cabeza entregar el país? ¿Justificaría la pistola en la cabeza arrodillarse ante el Imperio?
La negociación que venía gestándose
Silva insiste: el 3 de enero no fue casualidad. Fue el final de una larga negociación.
Reuniones secretas en Doha entre Delcy Rodríguez y representantes estadounidenses. Un año de advertencias ignoradas. Un Alto Mando al que se dio permiso de vacaciones justo antes del ataque.
Y luego, la evidencia: la OFAC —el Tesoro de Estados Unidos— administra ahora la distribución, cobro y control del dinero del petróleo venezolano. La soberanía, aquella palabra que tantas veces escuchamos en los discursos de Chávez, se ha volatilizado.
«No tenemos soberanía», sentencia Silva. «Estamos hipotecando Venezuela por cien años.»
El saqueo disfrazado de acuerdo
El acuerdo petrolero firmado con Estados Unidos promete 209.000 millones de dólares. La cifra suena colosal, pero Silva desmonta el engaño con aritmética simple: dividido entre cien años, son apenas 2.090 millones anuales. Menos del 9% de lo que correspondería por ley.
La reforma de la Ley de Hidrocarburos, aprobada sin consulta popular, viola la Constitución. La regalía del 30% establecida se ha reducido al 8,6%. El petróleo es nuestro, dicen, pero el beneficio se lo lleva otro.
«Nos están empobreciendo e hipotecando por cien años.»
Y no es solo petróleo. También se reformó la Ley de Minas para dar acceso al oro venezolano. El oro que Chávez protegió como reserva estratégica. El oro que ahora, sin explicación, ha desaparecido de las cuentas del Banco Central.
El borrado del chavismo
Mientras el saqueo económico avanza, también lo hace la transformación política.
Se está borrando a Chávez. Cerraron el mausoleo del Cuartel de la Montaña. Retiran sus retratos de las calles. La Ley de Amnistía —una «cachetada a la Revolución»— ha beneficiado a más de nueve mil personas vinculadas a la oposición golpista.
Los poderes del Estado se están renovando: Judicial, Electoral, Ejecutivo, todos en manos de una transición orquestada por la administración Trump y supervisada por John Barret, el encargado de negocios que ya fue cuestionado en Guatemala por su injerencia.
«Estados Unidos está tomando el control», alerta Silva. «Y su principal enemigo no es Maduro: es la Constitución.»
El fantasma del Plan Cóndor 2.0
Silva analiza el contexto regional con crudeza. Todos los gobiernos progresistas de América Latina —dice— fueron infiltrados por la CIA. Todos cometieron el mismo error: conciliar con el poder económico y la burguesía en lugar de transferir el poder al pueblo.
Ahora, la derecha avanza. Milei en Argentina, Bolsonaro de vuelta en Brasil. Se están creando las condiciones para un Plan Cóndor 2.0: represión institucional, persecución de las izquierdas radicales, dictaduras disfrazadas de democracia.
Y Venezuela es el ensayo general. Si la transición funciona aquí, el modelo se extenderá a Cuba, a Nicaragua, a México. «Está en juego toda América Latina», advierte.
Pero la Revolución no ha muerto
A pesar de todo, Silva no se rinde.
«La Revolución Bolivariana no la representa el gobierno interino. Está en el pueblo.»
Y el pueblo está rabiando. Las condiciones que se viven hoy —dice Silva— son peores que las de 1989, cuando el Caracazo estalló. El descontento no es contra Chávez, sino contra quienes no hicieron lo que debían hacer.
«Mi pueblo va a reaccionar. Tiene el derecho legítimo a reaccionar, a reclamar, a movilizarse.»
Pero advierte: el peligro es que esa reacción se incline hacia el fascismo. Para evitarlo, hay que construir desde las bases. Hay que abandonar la idea del caudillo salvador y entender que la revolución solo puede ser colectiva. «Si seguimos pensando que vamos a necesitar un nuevo líder, estamos equivocados. La revolución tiene que ser colectiva.»
Un llamado a la resistencia
Silva cierra la entrevista con un mensaje a los camaradas del mundo:
«No es Mario Silva, es todo un pueblo. No está en juego Venezuela nada más. Está en juego toda América Latina.»
Las revoluciones —dice— no se hacen con uno que arenga y al final no responde. Se hacen con el pueblo organizado, con el poder popular, con la semilla que Chávez dejó y que aún no ha muerto. «Estados Unidos no tiene capacidad militar para invadirnos. Podrá tener superioridad aérea, pero capacidad militar para ingresar y hacer lo que le dé la gana, no la tiene.» La batalla, entonces, no es militar. Es política. Es organizativa. Es de resistencia. Es de construcción de una nueva correlación de fuerzas que pueda disputar el poder a la nueva oligarquía —esa burguesía depredadora que nació dentro de la revolución— y al Imperio que la respalda.
El tiempo de la verdad
Puede que este texto incomode a unos y otros. A quienes aún niegan la evidencia. A quienes prefieren el silencio cómodo. A quienes creen que el acuerdo con Estados Unidos traerá desarrollo y bienestar.
Pero la verdad, como dijo Chávez, no se negocia. Y hoy, en Venezuela, la verdad es que el país ha sido entregado. Que el petróleo se administra desde Washington. Que la Constitución se ha violado. Que la soberanía es un cascarón vacío.
La pregunta que nos deja Mario Silva es la que deberíamos hacernos todos los que simpatizamos con el proceso bolivariano: ¿vamos a quedarnos de brazos cruzados mientras el pueblo venezolano es sometido a una colonización silenciosa?
Como decía el gran argentino, de confiar en el imperialismo, pero ni tantito así, nada.
Mario Silva continúa su resistencia desde los medios populares. Pueden seguirlo en La Hojilla TV (YouTube) y en sus canales de Telegram La Hojilla en TV Nuevo Canal– La Hojilla en TV Mario Silva. La batalla de Venezuela es la batalla de toda América Latina.