Seyed M. Marandi: El tablero global se quema – Irán no negocia, exige

Entrevista de Glen Diesen al Seyed Mohammad Marandi el 31 de agosto de 2026



Comité de Apoyo a Irán Iberia, septiembre de 2026

Hay un momento en la entrevista de Glen Diesen a Seyed Mohammad Marandi que condensa todo el estado de ánimo de la región. No es cuando Marandi dice que Irán está más preparado para la guerra que nunca. Tampoco cuando habla del colapso del mercado de bonos estadounidense. Es cuando, con la frialdad de quien sabe que el tiempo juega a su favor, el profesor de la Universidad de Teherán afirma que Netanyahu será enviado al infierno, y que no será el único.

El mensaje de Marandi, exasesor del equipo nuclear iraní, es tan claro como implacable: Irán no está en posición de defensa. Está en posición de disuasión ofensiva, y la ventana de oportunidad de Trump se está cerrando.

La mentira del «día D» económico

La administración Trump vende la narrativa de que el asfixiamiento económico de Irán está dando frutos. Marandi lo desmonta con un dato que debería hacer saltar todas las alarmas en Occidente: el flujo de petróleo por Ormuz es menos de la mitad de lo que era antes de la guerra. No porque Irán haya sido incapaz de bloquearlo, sino porque no le conviene hacerlo todavía.

Irán permite el paso a Irak, a China, a los Emiratos —con quienes mantiene acuerdos no escritos— y a sus propios buques. No por debilidad, sino por cálculo estratégico. Marandi lo explica con una claridad que duele: «Irán no quiere crear una crisis inminente para todo el globo, incluidos sus amigos». Pero la presión, advierte, se está acumulando sobre Trump, no sobre Irán.

¿Y cómo se mide esa presión? En el mercado de bonos. En la caída del yen. En el hecho de que los países del Golfo ya no tienen el excedente de riqueza para comprar deuda estadounidense. Al contrario: van a tener que empezar a vender sus activos en EE.UU. para sobrevivir. La guerra económica contra Irán es un boomerang que ya está golpeando a quien lo lanzó.

La guerra económica: un callejón sin salida

Marandi traza un panorama que los medios occidentales se niegan a ver: la escasez no es solo de petróleo, sino de azufre, productos petroquímicos, helio, aluminio, fertilizantes y gasóleo. Las refinerías no pueden exportar, y eso está encareciendo todo. Pero Irán, lejos de doblegarse, se está rearmando a un ritmo que, según fuentes militares citadas por el profesor, no tiene precedentes.

«Irán es mucho más fuerte hoy de lo que nunca ha sido», dice Marandi. Y lo respalda con hechos: misiles más precisos, drones fabricados a gran velocidad, bases subterráneas en expansión, I+D activa. Mientras EE.UU. gasta cantidades infinitas de dinero en sistemas antimisiles que no dan abasto, Irán fabrica capacidad ofensiva a bajo costo y con una eficiencia que humilla al Pentágono.

Pero aquí está la clave: Irán no quiere una guerra total, pero no le teme. Marandi es explícito: si Trump intenta estrangular la economía iraní, «Irán no tendrá más remedio que contraatacar». Y el contraataque no será simbólico: cierre total o parcial de Ormuz, ataque a Fujairah, bloqueo de las exportaciones saudíes en el Mar Rojo, bombardeo de centros de IA y bancos estadounidenses en la región.

¿Es una amenaza? Es un escenario plausible, y Marandi deja claro que la decisión está en manos de Trump, no de Teherán.

Netanyahu, en la mira: la deuda de sangre

La pregunta de Diesen sobre si Irán irá a por líderes políticos no es ociosa. EE.UU. ha normalizado los «ataques de decapitación» y el asesinato de líderes iraníes. Marandi, sin aspavientos, recuerda que los israelíes han asesinado artistas, escritores, intelectuales, religiosos, científicos nucleares y altos mandos militares durante décadas.

La respuesta de Irán, según el nuevo presidente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, es quirúrgica y nominal: «Netanyahu será enviado al infierno». Y Marandi especula, con la prudencia de quien no quiere adelantar un comunicado oficial, que no será el único. «Han asesinado a colegas míos», dice. «Se lo han buscado ellos mismos».

Este no es un discurso de campaña. Es la culminación de una lógica de retaliación acumulada. Irán no ha respondido antes por una razón de escalada, no por incapacidad. Marandi recuerda que ya han atacado buques estadounidenses con drones durante la operación de apertura de Ormuz. No los hundieron: les mostraron que podían. Y los barcos se retiraron.

La capacidad está allí. La voluntad también. Solo espera el momento.

Trump, las elecciones y la trampa del calendario

Aquí Marandi introduce un factor que nadie en la Casa Blanca quiere admitir: Irán está pendiente de las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre. Y no para interferir, sino para aprovechar el miedo de Trump a que el conflicto explote antes de los comicios.

«Los iraníes quieren complicarle la vida a Trump en los próximos dos meses», dice sin ambages. Saben que los demócratas son ahora más críticos con Israel y contrarios a la guerra. Saben que el odio a Trump es inmenso. Y saben que cualquier escalada antes de noviembre sería un suicidio político para el presidente estadounidense.

Por eso, la estrategia iraní es presión gradual, no explosiva. Dejar que el dolor económico y militar se instale en la percepción pública sin que estalle una guerra total que una a la opinión pública estadounidense detrás de la bandera. Es una partida de ajedrez de alto vuelo, y Marandi deja claro que Irán está jugando a ganar, no a sobrevivir.

Erdogan: el socio incómodo que destruyó su propia barrera

El análisis de Marandi sobre Turquía es de una dureza poco común en un académico. Dice sin rodeos que Erdogan cooperó con EE.UU. en la destrucción de Siria, que fue parte de la operación «Timber Sycamore» junto a ISIS y Al Qaeda, y que ahora, al haber eliminado el muro que era Siria entre Turquía e Israel, ha debilitado su propia posición estratégica.

Pero el golpe más bajo es el económico: Turquía sigue transportando petróleo desde Bakú, el norte de Irak y Siria a Israel. Esa relación comercial, dice Marandi, no se ha interrumpido. Y eso genera desconfianza en Teherán: «Si estás a punto de ser invadido, no le das combustible a tu enemigo».

Sin embargo, Marandi es tajante en un punto: si Israel ataca Turquía, Irán acudirá en su ayuda. Aunque Erdogan no ayudara a Irán. Aunque haya sido un socio traicionero. Porque, para Irán, la agresión israelí es el enemigo común, y la solidaridad con los pueblos —no con los gobiernos— es un principio que Marandi subraya con insistencia: «No hablo de Erdogan, hablo del pueblo turco».

Y aquí hay una lección: Irán distingue entre regímenes y naciones. Algo que Occidente, con su islamofobia estructural, nunca ha sido capaz de hacer.

La caída del imperio: no es retórica, es diagnóstico

Marandi cita a Robert Kagan —un neoconservador que odia a Trump, pero que reconoce la realidad— para sostener que EE.UU. está sufriendo su derrota más devastadora desde la Segunda Guerra Mundial. Y no es un exabrupto: la Armada estadounidense no puede abastecer sus propios barcos en el Golfo Pérsico porque su presencia ha sido devastada. La inteligencia, las bases de la CIA en Irak y Arabia Saudí, han sido destruidas.

«EE.UU. tendrá que retirar sus fuerzas armadas y también una parte significativa de su capacidad de recogida de información», dice Marandi. Y la razón es simple: toda su infraestructura en la región es vulnerable a Irán.

El petrodólar, la alianza con el Golfo, la proyección militar… todo se está desmoronando porque la economía estadounidense ya no puede sostenerlo. La guerra de asedio contra Irán está devastando a EE.UU. tanto o más que a su objetivo. Marandi lo dice sin ambages: «Irán se reconstruirá, pero Estados Unidos no podrá reconstruir su imperio».

Conclusión: el mundo ya no es unipolar

La entrevista de Diesen y Marandi no es una pieza de propaganda. Es un diagnóstico geopolítico de alguien que está dentro de la toma de decisiones iraní y que no tiene ningún interés en vender humo. Lo que describe es un mundo en el que la hegemonía estadounidense se desvanece, no por un ataque externo, sino por su propia incapacidad para sostener un imperio en guerra perpetua.

Irán no quiere la guerra total, pero está listo para ella. Netanyahu está en la mira, Trump está atrapado en su propio calendario electoral, y Erdogan ha cavado su propia tumba estratégica. La región es un polvorín, y la mecha la tiene quien menos la controla.

Marandi lo resume con una frase que debería resonar en todos los think tanks de Washington: «La presión se está acumulando sobre Trump y Estados Unidos». No al revés.

El tablero se quema. Y el fuego no se apaga con discursos.

Fuente Canal Glen Diesen en inglés: https://www.youtube.com/watch?v=eFxHFv_hSA8

Canal en español: https://youtu.be/Hmk9GbUt0iM?si=oHrZdnJ2nZ7WIFDY

Deja un comentario