Arquitectos de la Paz ante el abismo nuclear

Guerra contra Irán, crisis del orden mundial y la urgencia de una alternativa para la humanidad

Comité de Apoyo a Irán Iberia

La amenaza de una guerra mundial deja de ser una advertencia abstracta para convertirse en una responsabilidad política y moral que ninguna sociedad puede permitirse ignorar. La posibilidad de una escalada nuclear, las guerras abiertas en Asia Occidental y Ucrania, el deterioro de las relaciones internacionales y la creciente fractura social en las propias potencias occidentales dibujan un escenario que exige algo más que declaraciones de preocupación. Exige comprender qué nos ha conducido hasta aquí y, sobre todo, qué podemos hacer para impedir que la humanidad cruce un umbral del que quizá no exista retorno.

Este fue el eje de la reunión número 177 de la Coalición Internacional por la Paz (CIP) promovida por el Instituto Schiller, celebrada el 23 de octubre de 2026, con la participación de especialistas en geopolítica, historia, derecho internacional y estrategia, entre ellos Dennis Small, Georgy Toloraya, Peter Kuznick, Richard Falk, Jacques Cheminade y Larry Johnson. Sus intervenciones, diferentes en sus diagnósticos y planteamientos, convergieron en una advertencia central: el peligro de la guerra no puede separarse de la crisis política, económica y moral del orden internacional.

Irán y el peligro de normalizar lo impensable

Uno de los asuntos más graves abordados durante el encuentro fue la posibilidad de que la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán desembocara en una escalada de consecuencias imprevisibles, incluida la utilización de armas nucleares.

Dennis Small recuperó las advertencias del coronel retirado Douglas Macgregor sobre la posibilidad de que la Administración estadounidense contemplara una opción nuclear frente a Irán. Peter Kuznick, historiador y director del Instituto de Estudios Nucleares de la American University, profundizó en la preocupación: lo alarmante no es afirmar que una guerra nuclear vaya necesariamente a producirse, sino comprobar que su eventual utilización vuelve a discutirse con una seriedad que debería estremecer a cualquier sociedad consciente de lo que significaría.

La distinción es fundamental. Una advertencia sobre un escenario posible no constituye una prueba de que se haya tomado la decisión de ejecutarlo. Pero tampoco sería razonable despreciar los riesgos cuando quienes los plantean señalan que existen sectores con capacidad efectiva para convertirlos en realidad.

Kuznick recordó, además, el deterioro de los mecanismos internacionales de contención nuclear y defendió la necesidad de una movilización ciudadana que obligue a los responsables políticos a retroceder ante semejante amenaza. Su llamamiento a León XIV, respaldado, según explicó, por cerca de 250 personalidades internacionales, pretende que la autoridad moral del pontífice contribuya a reunir a los dirigentes mundiales en favor de la paz y el desarme.

La cuestión de fondo es tan sencilla como inquietante: cuando las armas capaces de destruir sociedades enteras pasan a contemplarse como instrumentos disponibles para resolver conflictos, no estamos ante una evolución normal de la estrategia militar, sino ante una peligrosa degradación de los límites políticos y morales que deberían contenerla.

La guerra no termina en el campo de batalla

La intervención de Richard Falk, catedrático emérito de Derecho Internacional de la Universidad de Princeton y antiguo relator especial de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos en los territorios palestinos, situó la discusión en otro terreno imprescindible: la legalidad internacional y la responsabilidad de las instituciones.

Falk cuestionó la respuesta de los organismos internacionales ante la guerra contra Irán y denunció lo que considera una aplicación selectiva de los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Su planteamiento apunta a una contradicción que merece ser examinada sin concesiones: ¿qué legitimidad puede conservar un sistema internacional que proclama la prohibición del uso de la fuerza y la defensa de los derechos humanos mientras sus principales instituciones son incapaces de responder con criterios coherentes ante las agresiones y la devastación de poblaciones civiles?

La Carta de las Naciones Unidas establece, en su artículo 2.4, la obligación de abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. No es una formalidad diplomática ni una recomendación que pueda aplicarse según las conveniencias de cada potencia. Constituye uno de los pilares jurídicos del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial.

Falk relacionó esta crisis de legitimidad con la devastación de Palestina, la complicidad política que atribuye a los gobiernos occidentales y el debilitamiento de la autoridad moral de las instituciones tradicionales. Su advertencia trasciende la denuncia de una guerra concreta: cuando los derechos humanos se invocan para unos y se relativizan para otros, el derecho deja de funcionar como límite al poder y corre el riesgo de convertirse en una herramienta de legitimación selectiva.

Ucrania, Rusia y la necesidad de una arquitectura de seguridad

La reunión también abordó la guerra en Ucrania y las posibilidades de abrir una vía diplomática entre Moscú y Washington.

Georgy Toloraya, director del Centro de Estrategia Asiática del Instituto de Economía de la Academia Rusa de Ciencias, defendió la importancia de las negociaciones, aunque expresó reservas sobre las posibilidades de alcanzar un acuerdo duradero mientras persistan las divergencias estratégicas fundamentales. A su juicio, una suspensión temporal de las hostilidades no resolvería por sí misma los problemas de seguridad que alimentan el conflicto.

Su planteamiento apunta a una cuestión que Europa debería afrontar con mayor seriedad: la paz no puede reducirse a una pausa entre enfrentamientos. Requiere acuerdos capaces de proporcionar seguridad a las partes y de evitar que las causas de la confrontación vuelvan a desencadenar una guerra.

Dennis Small, por su parte, señaló la importancia de un posible diálogo entre Estados Unidos, Rusia y China, así como de las iniciativas diplomáticas promovidas desde distintos ámbitos, incluido el Vaticano. En su análisis, la crisis actual no se resolverá mediante arreglos coyunturales si no se modifica el marco estratégico que reproduce las tensiones.

Ambos intervinientes, pese a sus diferencias de énfasis, sitúan una cuestión decisiva en el centro del debate: la seguridad internacional no puede construirse de forma estable contra otras potencias, como si la seguridad de una nación exigiera necesariamente la inseguridad de las demás.

La alternativa que se planteó durante el encuentro es una arquitectura internacional de seguridad y desarrollo en la que las naciones puedan participar en condiciones de respeto mutuo. No se trata de ignorar los conflictos de intereses ni de idealizar a los gobiernos, sino de reconocer que la supervivencia colectiva exige mecanismos de negociación que no conviertan cada desacuerdo en una prueba de fuerza.

La crisis europea y el coste social de la militarización

Jacques Cheminade, presidente de Solidarité et Progrès y tres veces candidato a la presidencia de Francia, relacionó la situación francesa con una dinámica internacional más amplia. En su intervención examinó el malestar social, las protestas y la crisis de representación política, interpretándolos como expresiones de un conflicto entre amplios sectores de la población y un sistema económico y político que, a su juicio, subordina las necesidades sociales a los intereses financieros y militares.

Su reflexión conecta con una de las advertencias más importantes de Peter Kuznick: las nuevas generaciones no quieren que su futuro quede hipotecado por una carrera armamentística permanente. Reclaman recursos para la educación, la vivienda, la sanidad y el transporte, es decir, para las condiciones materiales que hacen posible una vida digna.

Esta cuestión debería ocupar un lugar central en cualquier debate sobre seguridad. El gasto militar no es una cifra aislada de los presupuestos públicos, del mismo modo que las guerras no son acontecimientos separados de la vida cotidiana. Sus consecuencias alcanzan a los precios de la energía, la producción, el empleo, los servicios públicos y las posibilidades de desarrollo de millones de personas.

Una política que presenta la militarización como única respuesta posible termina por reducir el horizonte de las sociedades: se exige a la población que acepte sacrificios crecientes en nombre de amenazas exteriores, mientras se estrecha el espacio para discutir alternativas diplomáticas y económicas. La seguridad de los pueblos, sin embargo, no puede medirse exclusivamente por el número de armas disponibles, sino también por la capacidad de garantizar sus derechos y sus condiciones de existencia.

La paz como responsabilidad colectiva

Uno de los aspectos más significativos del encuentro fue la reivindicación de una movilización social capaz de influir en las decisiones políticas. Kuznick defendió la necesidad de ampliar la oposición ciudadana a la guerra y de hacer de la prevención nuclear una prioridad internacional. Falk, desde el derecho internacional, reclamó una autoridad moral que las instituciones políticas tradicionales no parecen estar ejerciendo con suficiente claridad. Toloraya y Small insistieron en la necesidad de abrir espacios de diálogo entre potencias enfrentadas.

No son propuestas idénticas, pero comparten una convicción: la humanidad no está condenada a aceptar como inevitable una espiral de confrontación.

La paz no consiste en pedir a las poblaciones que se resignen ante los hechos consumados, ni en sustituir una propaganda por otra. Consiste en recuperar la capacidad de examinar las causas de los conflictos, exigir responsabilidades, defender el derecho internacional y reclamar que los recursos materiales y científicos de nuestras sociedades se pongan al servicio de la vida.

La reunión de la Coalición Internacional por la Paz deja así una pregunta que interpela directamente a la ciudadanía europea: ¿vamos a aceptar que la preparación para la guerra se convierta en el horizonte permanente de nuestras sociedades, o vamos a exigir una política exterior que sitúe la diplomacia, el desarrollo y la seguridad compartida por encima de la lógica de bloques?

La respuesta no depende únicamente de los gobiernos. Depende también de la capacidad de los pueblos para organizarse, cuestionar los discursos que presentan la guerra como inevitable y construir una presión social sostenida en favor de soluciones políticas.

Ante el riesgo nuclear, la devastación de Palestina, la confrontación en torno a Irán y la prolongación de la guerra en Ucrania, la neutralidad moral no puede confundirse con la indiferencia. Defender la paz exige rechazar la agresión, proteger a la población civil, exigir el cumplimiento del derecho internacional y trabajar para que las diferencias entre naciones encuentren una salida negociada.

Porque la alternativa no es entre la victoria de una potencia y la derrota de otra. La alternativa es entre una seguridad concebida como dominación y una paz que permita a los pueblos vivir, desarrollarse y decidir su futuro.

La humanidad debe ser lo primero.

Comité de Apoyo a Irán Iberia, a 27 de octubre de 2026

Escucha el programa íntegro aquí:


Participantes de la reunión n.º 177 de la Coalición Internacional por la Paz

Dennis Small. Responsable de la sección iberoamericana de Executive Intelligence Review (EIR), publicación de análisis político y económico internacional. Sus trabajos se centran en las relaciones entre Iberoamérica y las grandes potencias, el desarrollo económico y las consecuencias estratégicas del sistema financiero internacional.

Georgy Toloraya. Diplomático ruso retirado y doctor en Ciencias Económicas, dirige el Centro de Estrategia Asiática del Instituto de Economía de la Academia Rusa de Ciencias. Especialista en Asia oriental, política exterior rusa y relaciones intercoreanas, ha desempeñado diversos cargos diplomáticos, incluido el de cónsul general ruso en Sídney.

Peter Kuznick. Historiador estadounidense y profesor de Historia en la American University de Washington, donde dirige el Instituto de Estudios Nucleares, fundado por él en 1995. Especializado en la historia de la era atómica, es coautor junto a Oliver Stone de The Untold History of the United States y mantiene una larga trayectoria en el movimiento contra las armas nucleares.

Richard Anderson Falk. Profesor emérito de Derecho Internacional en la Universidad de Princeton y presidente del Consejo de Administración de Euro-Mediterranean Human Rights Monitor. Entre 2008 y 2014 fue relator especial de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados. Es autor y coautor de numerosas obras sobre derecho internacional, guerra, derechos humanos y política mundial.

Jacques Cheminade. Político francoargentino y presidente del partido francés Solidarité et Progrès. Formado en la escuela de negocios HEC Paris y en la Escuela Nacional de Administración francesa, trabajó en la Administración económica del Estado antes de dedicarse a la actividad política. Ha sido candidato a la presidencia de Francia en tres ocasiones: 1995, 2012 y 2017.

Larry Johnson. Exanalista de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) y antiguo responsable adjunto de la Oficina de Contraterrorismo del Departamento de Estado. Trabajó en la CIA entre 1985 y 1989 y posteriormente participó en tareas de análisis de terrorismo, seguridad y gestión de crisis internacionales. Es miembro de Veteran Intelligence Professionals for Sanity (VIPS), una asociación de antiguos profesionales de inteligencia que cuestiona determinadas políticas de seguridad estadounidenses.

François Martin. Analista francés de geopolítica, periodista y ensayista, formado en ESSEC y HEC y auditor del Instituto de Altos Estudios de Defensa Nacional de Francia (IHEDN). Ha desarrollado durante cuatro décadas su actividad profesional en el comercio internacional, con experiencia en más de un centenar de países. Preside el Club HEC Géostratégies y es copresidente del área de Globalización de HEC Alumni.

Anastasia Battle. Moderadora de la reunión n.º 177 de la Coalición Internacional por la Paz. Participa en la coordinación de estos encuentros internacionales, concebidos para reunir a personas y organizaciones de distintas tradiciones políticas, culturales y religiosas en torno a iniciativas contra la guerra y en favor de una paz duradera.

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