«Nuestra posición es firme, clara y pública: defendemos el derecho del pueblo palestino a resistir la opresión y conquistar su libertad, y defendemos a sus prisioneros».

Seguiremos defendiendo a los prisioneros palestinos, abriendo espacios de encuentro y trabajando por la liberación de nuestro pueblo

Asistentes a una manifestación pro Palestina convocada por Samidoun – Lorena Sopêna / Europa Press
Por Jaldía Abubakra
Mientras somos testigos de un genocidio en vivo y en directo, documentado por las víctimas y exhibido por sus propios verdugos, hay medios y periodistas que tienen el descaro de señalar a quienes se organizan por la libertad de Palestina. Convierten la defensa de los prisioneros en motivo de sospecha y ofrecen tribuna a quienes reclaman nuestra prohibición. Contribuyen así a criminalizar la solidaridad y a justificar su persecución.
Nuestra posición es firme, clara y pública: defendemos el derecho del pueblo palestino a resistir la opresión y conquistar su libertad, y defendemos a sus prisioneros. No vamos a pedir disculpas por ese compromiso. Organizamos actos, publicamos nuestras posiciones y construimos relaciones políticas abiertamente. No han descubierto nada: nuestras actividades y convicciones son públicas.
El procedimiento del señalamiento es sencillo. Se juntan nombres, fotografías, reuniones y sanciones extranjeras; se añaden las acusaciones de quienes quieren prohibirnos y se presenta todo como una prueba de culpabilidad. Compartir una tribuna, visitar una organización palestina o recibir a un prisionero liberado se vuelve sospechoso. La acusación está decidida de antemano y cada hecho se cuenta para reforzarla.
Así se señala a Samidoun, Masar Badil, Alkarama y Al‑Yudur. Compartimos espacios, actividades y militantes porque nos organizamos por Palestina y construimos alianzas. Cada organización tiene su historia, sus posiciones y su trabajo. La colaboración entre ellas expresa una voluntad política que asumimos abiertamente. Ninguna cabecera tiene autoridad para decidir nuestras relaciones ni para convertirlas en delitos mediante insinuaciones.
Los palestinos tenemos voz, pensamiento y capacidad de organización. No estamos para aparecer únicamente en fotografías de dolor ni para repetir lo que otros consideran aceptable
Hasta el vocabulario resulta familiar. En octubre de 2024, el Ministerio de Exteriores israelí describió España como un «paraíso para sembrar el odio» por acoger el congreso de Masar Badil. Ahora, el «paraíso español» reaparece como reclamo periodístico contra Samidoun. Cambia la firma, pero permanece el enfoque: presentar la organización palestina y la solidaridad como una amenaza.
La pregunta que ese relato evita es elemental: ¿Qué debe hacer el pueblo palestino para liberarse? ¿Existe una colonización o no? ¿Existe una ocupación o no? Entonces, ¿por qué se le niega el derecho a luchar contra su sometimiento? ¿Debe confiar su libertad a los gobiernos que entregan armas, financiación y protección política a Israel?
Se estudia la lucha de Argelia contra el colonialismo francés, la de Vietnam, la lucha contra el apartheid sudafricano y las resistencias francesa frente a la ocupación nazi y española frente a la ocupación napoleónica. Se reconocen sus razones y sus objetivos de liberación. Cuando se trata de Palestina, determinados medios sustituyen esa comprensión por una etiqueta. Utilizan la palabra «terrorismo» para borrar la historia y negar el carácter político de la lucha palestina.
Los palestinos tenemos voz, pensamiento y capacidad de organización. No estamos para aparecer únicamente en fotografías de dolor ni para repetir lo que otros consideran aceptable. Tenemos derecho a explicar nuestra historia, defender nuestras posiciones y construir nuestro futuro.
La defensa de los prisioneros forma parte de ese compromiso. Son parte de nuestro pueblo, de nuestra historia y de nuestra lucha. Pronunciamos sus nombres, contamos sus trayectorias, escuchamos sus testimonios y reclamamos su libertad. No vamos a abandonarlos para obtener la aprobación de quienes preferirían que nadie hablara de ellos.
Organizamos encuentros con prisioneros liberados para escuchar su experiencia: el cautiverio, la organización dentro de las cárceles, la separación familiar y la deportación. Quienes presentan esos encuentros como celebraciones de una masacre deben demostrar esa acusación con lo que allí se dijo y se hizo. Un titular no les concede el derecho a decidir el sentido de nuestras actividades.
Mientras hay organizaciones serviles que se ponen del lado del opresor, muchas otras organizaciones y colectivos valientes mantienen su solidaridad con Palestina
Las entidades que nos señalan utilizan la acusación de antisemitismo para desacreditar la defensa de los derechos palestinos y presentar la oposición al sionismo como odio a los judíos. No las vemos denunciar las masacres, el asesinato de niños o los bombardeos de hospitales en Gaza con la contundencia con la que reclaman nuestra prohibición. Su indignación se dirige contra quienes denunciamos esos crímenes y nos organizamos para detenerlos. Esa doble vara de medir deja clara su posición política.
Rechazamos que se identifique a los judíos con las decisiones de Israel y que se utilice esa identificación para proteger a su gobierno y a su ejército de la crítica. Nuestra lucha se dirige contra la colonización, el despojo y las estructuras que los sostienen. La acusación de antisemitismo no borra los crímenes israelíes ni responde a nuestras denuncias.
Quienes reclaman la prohibición de Samidoun intervienen con un objetivo político. Presentarlos como autoridades indiscutibles les permite acusar y dictar sentencia desde una tribuna periodística. Lo mismo ocurre cuando las sanciones de Estados Unidos se utilizan como certificación de culpabilidad. Hablamos del principal patrocinador de Israel, un poder directamente implicado en el sostenimiento de sus políticas. Reproducir sus acusaciones sin examinar sus fundamentos convierte al periódico en su transmisor.
Quienes pretenden silenciarnos e impedir nuestras libertades de expresión, reunión y organización nos van a encontrar de frente, unidas y organizadas
El servilismo de esos medios puede juzgarse por lo que publican: las fuentes que eligen, los hechos que omiten y las asociaciones que construyen. Conocemos ese tratamiento y decidimos con quién hablamos. No tenemos obligación de conceder entrevistas a medios en los que no confiamos. Nuestras posiciones están disponibles públicamente; negarnos a una entrevista no demuestra ocultamiento ni autoriza a atribuirnos intenciones.
Mientras hay organizaciones serviles que se ponen del lado del opresor, muchas otras organizaciones y colectivos valientes mantienen su solidaridad con Palestina. Conocen los intentos de señalamiento y aun así abren sus puertas, convocan encuentros, defienden a los prisioneros y expresan públicamente su compromiso. Actúan con criterio propio, sin conceder a una cabecera ni a un gobierno extranjero autoridad para decidir con quién pueden organizarse.
Esa solidaridad tiene raíces en los barrios, los sindicatos, las universidades y los movimientos sociales. Se construye compartiendo trabajo, recursos y experiencias de lucha. La sostienen personas que reconocen la injusticia y asumen la responsabilidad de combatirla. Es una fuerza colectiva que seguiremos cuidando y ampliando.Quienes pretenden silenciarnos e impedir nuestras libertades de expresión, reunión y organización nos van a encontrar de frente, unidas y organizadas. Seguiremos defendiendo a los prisioneros palestinos, abriendo espacios de encuentro y trabajando por la liberación de nuestro pueblo. No vamos a pedir permiso ni a renunciar a nuestras convicciones para satisfacer a quienes exigen nuestro silencio.