Mario Silva 11 de septiembre de 2026

Vanidad, ego, clasismo inconsciente, deslealtad, inconsistencia, mentira, intereses, “fines superiores”, indisciplina, son nuestros males permanentes.
Cito a Isabel Vileya en su último artículo, “La Dialéctica de Marx”:
“A todo esto, hay que añadirle, que la esencia del lumpen proletariado en el sistema capitalista, tiene en cada momento histórico, una constante en común. Ésta es, ser un resultado del propio sistema de producción que, como de las otras capas de la clase trabajadora, saca provecho en determinadas circunstancias.
El lumpenproletariado, no es lumpen por capricho, sino porque las condiciones de vida impiden que sea otra cosa y de eso el sistema se vale para apuntalar aspectos que necesita para existir. Mientras más ignorante y desvalido sea un desposeído material, más dúctil y eficiente será para los propósitos de la élite burguesa y más dañino para los intereses del proletariado.”
Tenemos una desventaja insalvable con el poder dominante. Mientras nosotros vamos como “cristos redentores”, calculando qué podemos obtener de las circunstancias apremiantes, ellos, el poder dominante le importa una mierda quién los acompaña, mientras preserven el poder.
Nosotros prejuiciosos, respondiendo a la agresión con argumentos y ellos aprovechando nuestras debilidades, pues se puede ser muy decente, probo e impoluto -que eso está por verse en la acción-, pero la indecencia con poder manejará hasta el más mínimo detalle, para convertirte en enemigo de las más estúpidas normas del manual de Carreño. Así, tu vida personal, será observada microscópicamente mientras la vida del agresor es un burdel calamitoso reprobable.
Alguien me dijo por allí -no hay necesidad de citar autores que en la práctica poco hacen lo que pregonan-, que no siempre era bueno decir la verdad tan crudamente. Que había que edulcorarla, hacerla digerible, pues una verdad a medias políticamente digerible, beneficiaría el discurso hacia las masas. Si José Tomás Boves no hubiera muerto de un lanzazo en Úrica, estaríamos contando otra historia. Ese carajo arrastró a campesinos, negros, zambos y mulatos, ignorando qué carajo era la lucha de clases. Entendió perfectamente quién era el enemigo. Vio el terror en los rostros de la oligarquía mantuana que, sin ningún rubor, le ofrecieron sus hijas a cambio de no morir, en medio de agasajos, recibimientos honoríficos y valses en los salones de las mansiones palaciegas que regentaban. Solo que, José Tomás, el Urogallo, consciente de la basura que tenía en frente, mandaba a cerrar ventanas y puertas, ordenaba que tocaran el “Piquirico” y culminaba el agasajo honorifico en degüello.
Después de la muerte de el Urogallo, Bolívar, entendió que no había otra vía para incorporar aquellos extraordinarios combatientes a la causa por la Independencia y firmó el Decreto de Guerra a Muerte el 15 de junio 1813:
«Españoles y canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de Venezuela. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables»
En 1816, Bolívar, decreta la libertad de los esclavos y no fue sino hasta 1854, treinta tres años después, que se hizo efectivo este decreto con la presidencia de José Gregorio Monagas. José Tomás, el Urogallo, tenía razón. Esa casta mantuana, que sólo servía para conspirar y joder al pueblo, siguió dominando con manuales, ademanes, bailes, leyes, decretos y sus ilustrísima sociedad.
¿Qué pasó con Zamora? ¿Recuerdan su himno?
“El cielo encapotado anuncia tempestad.
¡Oligarcas temblad, Viva la Liberta!”
“¡Tierra y hombres libres!”
Y lo mataron, como mataron o derrocaron a todos los que osaron desafiar al poder dominante.
Así mataron a Chávez para poder hacer lo que están haciendo, arrodillados, simples bocadillos de las mesas gringas e instrumentos de los genocidas sionistas.
Lo que da vergüenza es la repetición de la historia de tirios y troyanos. Los excrementos se unen en las cloacas. Unos, creyendo que se puede conciliar con los herederos de nuestra repetición histórica. Otros, vanidosos incapaces de validar sus propias vidas y los últimos, los más peligrosos, aprovechándose del desmadre que tenemos debatiendo sobre el parto de los montes.
Somos indisciplinados, arriendos de nuestras propias incapacidades y no nos damos cuenta que la indisciplina en tiempos de combate, cuestan vidas. No basta con tener íconos y fetiches que nos llevan a ser desleales y traicioneros con nuestros principios, sino que somos incapaces de entender que algunas fantasías tendrán consecuencias nefastas e irremediables. Un maldito círculo vicioso que no deja de ser una noria patética. Hasta dónde podemos ser ejemplos de qué y para qué, sino practicamos lo que predicamos.
“Mientras más ignorante y desvalido sea un desposeído material, más dúctil y eficiente será para los propósitos de la élite burguesa y más dañino para los intereses del proletariado.”
Qué verdad más desoladora.
El robo y el expolio recorre los pasillos de Miraflores, así no más, sin prurito alguno. Qué queda para quienes a muy corto plazo empezarán a sentir la PAX IMPERIAL en sus casas, en sus mesas, en su rutina, en su día a día, cuáles serán sus urgencias, cuáles serán sus prioridades, quiénes pondrán los muertos, quiénes serán los responsables y cuántos de ellos volverán al escenario político como si nada ha pasado y cuántos pendejos dirán: “¡Ah! ¡Qué bien habla el candidato!”
Luego no digan por qué Nerón incendio Roma y, acaso Roma incendie a Nerón.