LAS MENTIRAS DEL IMPERIO: EL GFS GALAXY Y LA ESCALADA PLANIFICADA

El GFS Galaxy: la sombra que desafió el control del Estrecho al servicio del imperio

El Substack de Ana Muñoz de la Torre


El sábado, el portacontenedores GFS Galaxy navegaba por el estrecho de Ormuz con el sistema de identificación AIS apagado. Sin señal. Sin bandera. Convertido en una sombra errante en un radar que debía haber estado lleno de luces.

El artículo 5 del memorándum de Islamabad, firmado por Estados Unidos para salir de una guerra que no podía ganar, otorgaba a Irán 30 días para desminar el estrecho y 60 para garantizar el paso gratuito de buques, con la Guardia Revolucionaria como único garante de ejecutarlo. Washington nunca tuvo intención de respetarlo: la tregua era una pausa, y el objetivo siempre fue recuperar el control del estrecho que ha perdido para siempre.

Antes de que expirara el plazo de desminado, los barcos ya habían comenzado a navegar sin identificación, violando las normas que el propio Trump había aceptado.

El sábado, la Guardia Revolucionaria siguió con la mirada ese punto negro que se movía sin emitir código ni identificarse, y lanzó la orden de detenerse. El barco no varió su rumbo, ni siquiera cuando los disparos de advertencia levantaron espuma contra su proa, ni siquiera cuando el eco de los impactos resonó en el agua. El impacto llegó después, y el portacontenedores se incendió. 23 tripulantes fueron rescatados. Uno desapareció en el estrecho, una cifra que flota como un nombre sin rostro.

Trump lo ha llamado “buque civil”, como si el estrecho de Ormuz fuera una ruta de cruceros y la flota, turistas en cubierta. Como si un barco que navega sin identificación en la vía marítima más estratégica del planeta fuera un error, y no la violación de un acuerdo firmado por el propio Trump.

El GFS Galaxy no es un barco cualquiera. Su propietario registrado es Frendale Navigation, con sede en Chipre, el país que ha puesto sus bases al servicio de la coalición durante toda la guerra. Su operador es Global Feeder Shipping, con sede en Dubái, propiedad mayoritaria de AD Ports Group de Abu Dhabi, que en junio de 2026 aumentó su participación al 81%. La bandera chipriota, la propiedad emiratí y el transpondedor apagado en pleno estrecho encajan en el modus operandi del imperio: utilizar activos de sus aliados para provocar incidentes que justifiquen la escalada.

Cuando Irán denuncia que Estados Unidos está induciendo a buques a violar las normas de navegación para crear coartadas, no se equivoca: conoce la firma de la CIA cuando la ve.

Fuente: IRNA / Al-Mayadeen / World Ports / The National.

EL CIERRE DE ORMUZ: LA GEOGRAFÍA NO NEGOCIA

La Guardia Revolucionaria ha anunciado el cierre del estrecho hasta nuevo aviso. No habrá paso mientras las operaciones militares de Estados Unidos sigan en la región. La orden ha sido clara y no admite matices.

Al otro lado del océano, Trump afirma que el estrecho sigue abierto, que los barcos circulan, que Irán no controla nada. Lo dice mientras los buques se desvían, mientras los armadores prefieren rodear toda la península arábiga antes que cruzar un punto donde la Guardia Revolucionaria vigila cada metro. Lo dice mientras las imágenes muestran un tráfico marítimo desplomado, y los mercados, que no escuchan ruedas de prensa, han empezado a descontar lo que Trump se niega a aceptar.

Porque la geografía no negocia. El estrecho no es un comunicado de la Casa Blanca ni una declaración del Pentágono. Es un paso de 33 kilómetros que separa dos aguas y concentra el 20% del crudo mundial. Y quien lo controla no necesita convencer a nadie. Basta con que los precios suban, con que el Brent supere los 80 dólares, con que cada dólar de subida se convierta en una factura para las economías atadas al dólar. El imperio puede mentir, pero el precio del petróleo no.

Fuente: IRNA / Tasnim.

LA TERCERA OLEADA Y LA VERSIÓN DEL PENTÁGONO

Horas después del incidente del GFS Galaxy, el Pentágono lanzó su mayor oleada de bombardeos desde el inicio de la escalada. 140 objetivos militares, según su versión.

Las imágenes desde el terreno muestran otra historia. Los puentes ferroviarios hacia Mashhad han quedado reducidos a hierro retorcido. El perímetro de la central nuclear de Bushehr tiene marcas de impacto. En Juzestán e Ilám, las escuelas están sin techo y los centros de salud son silencio y polvo.

El Pentágono insiste en que fueron 140 objetivos militares. Los escombros son lo que queda de aulas, camillas, vidas. El Pentágono da su versión. Las imágenes muestran la realidad.

Irán respondió. Los misiles y los drones alcanzaron bases en Qatar, Kuwait, Baréin, Emiratos, Omán y Jordania. En Jordania, la base aérea Príncipe Hassan ardió. Qatar confirmó heridos por metralla. Así comenzó el intercambio que Estados Unidos había provocado.

Fuente: IRNA / Press TV.

LA COMPLICIDAD DE LA OTAN: BASES, VUELOS Y UNA GUERRA QUE EUROPA FINANCIA PERO NO RECONOCE

La cumbre de la OTAN en Ankara fue el escenario de una comedia que la Alianza se empeña en representar una y otra vez. Trump llegó exigiendo apoyos y se encontró con evasivas. La UE, que financia su propia defensa con compras millonarias de armamento estadounidense, le negó frente a las armas a su amo lo que no podía concederle en público sin romper su fachada de paz. Pero la farsa duró lo que tardó Trump en subir al Air Force One. Horas después de la cumbre, Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, se presentó en la Casa Blanca con un ramo de cifras bajo el brazo: entre 4.000 y 5.000 aviones estadounidenses habían despegado de bases europeas para bombardear Irán. Los mismos países que se negaban a participar participaron, los mismos gobiernos que se desvinculaban facilitaron, los mismos líderes que se escandalizaban autorizaron, las mismas bases que se declaraban cerradas abrieron sus pistas. Europa no quería aparecer, pero quería estar. Quería que Trump ganara, pero no quería que se supiera.

Trump cargó contra España, la llamó “caso perdido” y amenazó con cortar el comercio. Pero al día siguiente, la historia cambió. Trump aseguró que España se había redimido por completo al aceptar una “importante solicitud de pago” a la OTAN. Esa solicitud fue una transferencia de crédito de 6.287 millones de euros para el Ministerio de Defensa, autorizada durante la cumbre. El conflicto por el 5%, que venía de muy atrás y por el que Sánchez ya había sido señalado por Trump y Rutte, quedó zanjado con ese gesto. Trump, que horas antes insultaba, bendecía el pago. El dinero fluye. El imperio sonríe… Y la guerra sigue su curso.

Fuente: IRNA / EFE / The National / BBC / RTVE / Euronews / Euractiv / Escudo Digital.

https://x.com/ana_m_delatorre/status/2076694781799846118?s=20

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