Dos voces, una misma lucha
Conferencia a cargo de Mai Al Bayoumi y Mona Borghei celebrada en el Salón de Actos de la Facultad de Ciencias Sociales de Valencia el 18 de junio de 2026
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El 18 de junio de 2026, la Facultad de Ciencias Sociales de València acogió un acto que no fue una conferencia al uso. Bajo el título «Dones en la Resistència antiimperialista. Trencant mites Iran/Palestina», dos mujeres, dos voces, dos experiencias nacionales compartieron un mismo eje: el antiimperialismo y la resistencia.
Mona Borghei, pedagoga, profesora de literatura persa y activista iraní, y Mai Al Bayoumi, activista gazatí, dialogaron desde sus respectivas realidades para desmontar los relatos hegemónicos que Occidente ha construido sobre sus pueblos. No se trató de un intercambio de impresiones, sino de un testimonio documentado, cifrado en datos y vivencias, sobre lo que significa ser mujer en un país sometido a sanciones, guerras e intervenciones extranjeras.
Este documento recoge la intervención de Mona, fiel a su guion y a su voz, y reserva el espacio para la palabra de Mai. Juntas, ofrecen una mirada necesaria para entender el presente y, sobre todo, para no olvidar que la resistencia tiene rostro de mujer.


Mai Al Bayoumi
La voz de Mai: Palestina, una historia de resistencia que no empieza ni termina en el 7 de octubre
Un saludo y una advertencia
Mai Al Bayoumi, activista gazatí nacida en un campo de refugiados en Egipto y criada entre desplazamientos, abre su intervención con un agradecimiento sincero y una advertencia necesaria: lo que está pasando en Palestina no es algo aislado, ni una moda, ni algo que haya empezado hace tres años y vaya a terminar. Tiene un recorrido larguísimo, una historia que se arrastra desde hace más de un siglo. Y aunque la violencia se haya normalizado tanto que Palestina parece estar ahí, resistiendo, existiendo, casi como un fondo de pantalla, Mai no va a permitir que esa normalización siga operando sin ser cuestionada.
Por eso, antes de nada, pide paciencia. Va a hacer un repaso histórico, rápido pero necesario, porque sin contexto no se entiende nada.
Los orígenes del sionismo: una idea, cuatro países y una elección
El sionismo, explica Mai, nace como idea en 1897, cuando su fundador propone la creación de un estado judío. En aquel momento se barajaron cuatro opciones: Mozambique, Uganda, Argentina y Palestina. Después de varias conferencias, se decidió Palestina.
La declaración de Balfour, en 1917, fue el momento clave. Gran Bretaña, con intereses estratégicos en la puerta de Asia, cerca del canal de Suez, declaró que apoyaba la creación de un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina. Pero Mai subraya algo que los relatos oficiales suelen omitir: la causa palestina no tiene nada que ver con religión. Siempre ha habido judíos viviendo en Palestina, y también en Irán, en Irak, en otros países. El problema no es religioso. El problema es colonial.
Mai muestra carteles de propaganda sionista de la época: imágenes de un señor británico elegante señalando Palestina en blanco, con textos en hebreo que dicen «allí vamos a vivir, esa es nuestra tierra». Propaganda que repetía una y otra vez que Palestina era una tierra sin gente para una gente sin tierra. Y, como dice Mai, todo mentiras.
El mandato británico y la revolución árabe de 1936
En 1920, Gran Bretaña establece el mandato británico sobre Palestina. Empiezan a llegar colonos, a cambiar nombres de calles, leyes, monedas. Empieza la ocupación sionista, poco a poco.
Mai sitúa la fecha de 1936 como un punto de inflexión: la revolución árabe. En ese año, explica, el pueblo palestino y los países árabes empiezan a tomar conciencia de lo que realmente es el plan sionista. Y no es solo un plan para ocupar un territorio, es el plan del Gran Israel que hoy vemos en los mapas que enseña el propio Netanyahu. Es un proyecto colonial, racista, que no reconoce la existencia del pueblo palestino.
Mai enfatiza que esa conciencia no nació en las altas esferas, sino en la calle, en los colegios, en los hospitales, en los movimientos feministas, en la clase obrera. Porque la causa palestina, dice, es una causa de clase. Una causa internacionalista y antiimperialista.
La bandera y el plan del Gran Israel
La bandera sionista, explica Mai, tiene un significado muy concreto. Las dos franjas azules representan los ríos Tigris y Éufrates, que delimitan el llamado Gran Israel. La estrella de David, un estado judío. Es un proyecto profundamente racista, porque pretende crear un estado exclusivo para una religión, en un territorio donde conviven múltiples religiones y pueblos enteros.
Ese es el estado que han querido construir desde el principio: un estado colonial, racista, que no deja espacio para los que no encajan en su proyecto.
La Nakba y los campos de refugiados
En 1948 llega la Nakba, la catástrofe. Se reconoce el Estado de Israel, y comienza el desalojo forzado de pueblos enteros. La gente sale de sus casas con lo puesto, con la llave en la mano. Esa llave se convierte en el símbolo del derecho al retorno.
Mai nació en un campo de refugiados en Egipto, a las afueras de El Cairo. Eran tres kilómetros cuadrados, donde vivían más de 10.000 personas. Sin derechos, sin nacionalidad, sin posibilidad de estudiar en la universidad porque los refugiados pagan el triple. Sin poder trabajar en la administración, como médicos, como abogados. Solo una escuela, un hospital, un mercado en medio. Supervivencia básica.
Ella explica que hay más de 70 campos de refugiados palestinos dentro y fuera de Palestina: en Egipto, Jordania, Líbano, Siria y también dentro de la propia Palestina. Pero cada país trata a los refugiados de manera diferente. Jordania es el único país que concede nacionalidad a los palestinos. El 80% de la población palestina del mundo es refugiada. Y la causa principal es que no existe el derecho al retorno. Ni siquiera los palestinos que son desplazados dentro del mismo territorio, como en Gaza, dejan de ser refugiados.
«El pueblo palestino, el 80% somos refugiados, por una causa principal: no existe el derecho al retorno.»
Las Intifadas y la vergüenza de Oslo
Mai repasa la primera Intifada, la de la piedra, que estalló en 1987. Un día cualquiera, en un checkpoint, un colono israelí pasó por encima de cuatro trabajadores palestinos con su coche. El pueblo se levantó con piedras. Esa fue la primera Intifada.
Después llegó el acuerdo de Oslo, en 1993. Mai lo menciona con un solo adjetivo: vergüenza. Para ella, y para muchos palestinos, negociar con el enemigo es inaceptable. Sus demandas son claras. Y no tienen nada que ver con la religión de los colonos, sino con sus actos. Los israelíes no tienen la culpa de haber nacido allí, dice, pero sí tienen la culpa de lo que hacen.
¿Quién es el colono israelí?
Mai dedica una parte central de su intervención a explicar cómo se construye al colono israelí. No es un ser humano cualquiera. Todos hacen el servicio militar obligatorio, hombres y mujeres, de dos a cuatro años. No existe un colono antifascista ni anticolonial, porque todos pasan por el mismo adoctrinamiento militar.
Mai muestra imágenes de soldados israelíes: rubios, sonrientes, con aspecto de «gente buena». Pero esa imagen, dice, es propaganda. Son los mismos que en los territorios ocupados matan palestinos y luego se van de vacaciones a relajarse y contar sus batallas. Y cuando hablan, nunca dicen «palestinos», dicen «árabes». Porque no reconocen que los palestinos existen.
Mai también denuncia el doble rasero mediático. Las mujeres palestinas con pañuelo son presentadas como terroristas, mientras que las mujeres soldado israelíes, armadas hasta los dientes, son presentadas como fuertes, poderosas, atractivas.
«De repente una terrorista, pero ¿por qué? Por la propaganda anti-Islam. Estas mujeres están tapadas, son religiosas, sí, pero no son terroristas, son libres también.»
La lucha armada como derecho
Mai defiende la lucha armada como un derecho legítimo. Pero también recuerda algo que Occidente ha olvidado: el niño palestino que veis con una piedra frente a un tanque, ese niño ha crecido. Ha vivido toda la injusticia. Y la lucha va a cambiar. La piedra se cambia por un arma, por dignidad, por justicia.
Nota del editor: El derecho de los pueblos bajo ocupación a la resistencia armada está reconocido en el marco del derecho internacional. La Resolución 37/43 de la Asamblea General de la ONU (1982) reafirma "la legitimidad de la lucha de los pueblos por la independencia, la integridad territorial, la unidad nacional y la liberación de la dominación colonial y extranjera y de la ocupación extranjera por todos los medios disponibles, incluida la lucha armada" . Este reconocimiento se fundamenta en el derecho a la autodeterminación, recogido en la Carta de las Naciones Unidas y en resoluciones anteriores como la 2625 (XXV) .
Para Mai, el 7 de octubre no fue un acto aislado. Fue una acción revolucionaria. El pueblo palestino lleva más de 80 años viviendo bajo ocupación militar. Hay 10.000 personas secuestradas en cárceles sionistas, niños de 6 y 7 años. Pero Occidente ha normalizado tanto la violencia que solo ve el 7 de octubre, no lo que lo provocó.
Mai pone un ejemplo que debería hacer reflexionar a cualquiera: en 2011, un soldado israelí capturado por Hamás fue intercambiado por 1.027 prisioneros palestinos. Uno por 1.027. Esa cifra, dice, muestra el valor que el Estado de Israel da a sus soldados y el desprecio absoluto que siente por los palestinos.
Hamás, las elecciones de 2006 y la revolución islámica
En 2006, Hamás ganó las elecciones en Gaza. Mai lo explica con claridad: no fue por una cuestión religiosa. Fue porque el pueblo palestino estaba hasta las narices de la Autoridad Palestina, que tras el acuerdo de Oslo había empezado a negociar con el enemigo y a hacer concesiones que no llevaban a ninguna parte.
Mai se declara personalmente no religiosa. Pero respeta la cultura y la religión de su pueblo. Su madre es religiosa. Y entiende que la revolución islámica, hoy, es la revolución contra el imperialismo. Eso es lo que hay que entender.
«El Palestino es religioso. Así es. Mi madre es religiosa. Pero tenemos que entender al pueblo, su cultura, su religión y hay que respetarlo.»
El genocidio y la caída del mito del Mossad
Mai denuncia que el genocidio en Gaza fue posible porque Israel tenía luz verde. Pero también advierte: el imperialismo actúa con violencia, con terror. Su lenguaje es el terror. Pero la guerra, dice, la han perdido. El Mossad, que se creía el más fuerte del mundo, ha perdido su imagen. No saben luchar en la tierra. Solo saben usar aviones y tanques. Los palestinos, en cambio, están en la tierra, y no la van a abandonar.
Mai celebra que la ocupación de Siria, Líbano, Yemen y los ataques a Irán demuestran que el imperio está en su fin. Y que gracias a la revolución islámica y a la resistencia, Palestina sigue en el mapa y sigue siendo un tema del que se habla.
Las clases de ciudadanía en Israel y el abandono de los colonos
Mai explica el sistema de castas en Israel: hay cuatro categorías de ciudadanos. Primero, los judíos blancos. Luego, los judíos latinos. Los argentinos. Luego los árabes. Y al final, los africanos. Todos tienen doble nacionalidad. Todos menos los palestinos.
Y ahora, dice Mai, 80.000 colonos han abandonado Palestina, como ratas, porque no tienen amor a la tierra. Están armados hasta los dientes, pero en cuanto la cosa se pone fea, hacen las maletas y vuelven a sus países de origen. Mai lo dice con contundencia: que se vayan todos. Palestina es anti-racista, cualquier persona puede vivir en ella, pero como palestina.
Un cierre personal: la lucha por una Palestina laica
Mai se declara personalmente no religiosa. Lucha por una Palestina laica, donde la religión no gobierne. Pero apoya la revolución islámica porque es el poder que va a poner fin al imperialismo y al sionismo.
Termina su intervención mostrando imágenes de mujeres luchadoras palestinas: las hermanas Mugrab, que empezaron como enfermeras durante el mandato británico, fundaron un centro cultural y luego la primera organización de mujeres palestinas.

Mona Borghei
La voz de Mona: mujeres iraníes, entre el progreso y el cerco imperialista
Un legado de resiliencia
Mona, pedagoga, profesora de literatura persa y vicepresidenta del Congreso Iraní Canadiense, abre su intervención con una advertencia que es también una declaración de principios: lo que va a compartir no es un relato escrito por otros, sino la historia viva de las mujeres de su país. Una historia que Occidente ha contado muchas veces, pero casi siempre desde fuera, desde el estereotipo o desde la conveniencia política.
Frente a esa narrativa impuesta, Mona propone otra: la de las mujeres iraníes como protagonistas de un largo camino de resiliencia, educación, logros, activismo y progreso. Pero también advierte que ese camino no puede entenderse sin reconocer las sombras que lo han acompañado: sanciones económicas, guerras e intervenciones extranjeras que han moldeado —y siguen moldeando— las condiciones de vida de las mujeres en Irán.
Su objetivo no es hablar de geopolítica ni de seguridad nacional. Su objetivo, dice, es analizar qué han significado para las mujeres esos períodos de inestabilidad y agresión.
Un repaso necesario: el activismo femenino en Irán
Para entender el presente, Mona retrocede más de un siglo. El activismo femenino en Irán no nació con la Revolución Islámica ni como reacción a ella. Ya en la Revolución Constitucional de 1906-1909, las mujeres se organizaron. En 1906 se fundó la primera escuela para niñas. En 1910 apareció la primera revista femenina. Sin embargo, cuando se redactó la Ley Constitucional, a las mujeres se les negó el derecho al voto. Una contradicción que marca el inicio de una larga lucha.
Durante el reinado de Reza Shah, el Estado absorbió y controló las organizaciones femeninas. En 1936, la política de desvelamiento obligatorio prohibió el uso del hiyab. Mona subraya algo que suele omitirse: aquella imposición coercitiva no fue un gesto de liberación, sino uno de los factores que, décadas después, alimentaron la Revolución de 1979.
Tras la caída de la dictadura de Reza Shah, entre 1941 y 1953, Irán vivió un período de apertura. Surgieron organizaciones de mujeres independientes con orientaciones diversas: izquierdistas, nacionalistas y religiosas.
Mona no puede hablar de esta historia sin mencionar el golpe de Estado de 1953, respaldado por Estados Unidos, que derrocó al primer ministro Mohammad Mossadegh. Aquel golpe, señala, fue otro factor determinante que contribuyó a la Revolución de 1979.
En 1963, las mujeres obtuvieron el derecho al voto. En 1967, se aprobó la Ley de Protección Familiar. Pero en 1979 llegó la Revolución Islámica, y con ella un nuevo escenario.
La paradoja postrevolucionaria
Occidente ha insistido en presentar la Revolución de 1979 como un retroceso para las mujeres iraníes, como un retorno forzado al hogar y a la invisibilidad. Mona desmonta esa imagen con datos. Las estadísticas muestran que, en las décadas posteriores a la Revolución, la alfabetización femenina pasó del 35 % a cifras cercanas al 80 o 90 %. Desde finales de los años 90, la participación de las mujeres en la educación superior no ha dejado de crecer.
Mona aporta cifras concretas por áreas académicas que subrayan la magnitud del cambio:
- En Ciencias Naturales y Humanidades, dos de los campos con mayor demanda, las mujeres representan el 67 % del total de solicitantes, aproximadamente dos tercios.
- En Artes, el nivel de participación femenina alcanza el 79 %.
- En Lenguas Extranjeras, alrededor del 68 % de los solicitantes son mujeres.
- En Matemáticas e Ingeniería, el único campo donde los hombres aún superan en número a las mujeres, ellas representan el 37 % de los solicitantes.
Pero hay un matiz que Mona considera esencial, y que la sociología ha señalado en repetidas ocasiones: el ambiente más religioso y tradicional que siguió a la Revolución hizo posible que muchas familias conservadoras, que antes se resistían a enviar a sus hijas a la universidad por temor a un entorno occidentalizado y moderno, se sintieran finalmente cómodas haciéndolo. De este modo, mujeres de todos los estratos sociales accedieron a la vida pública en cifras sin precedentes. Y esas mujeres educadas se convirtieron, con el tiempo, en las principales defensoras de sus propios derechos y del cambio social.
Las mujeres iraníes no solo han avanzado en educación. Están presentes en la medicina, en las industrias del conocimiento, en las startups, en la dirección de empresas, en el profesorado universitario, en la literatura, en el cine. Y también, como subraya Mona con especial énfasis, en el deporte.
«Creo que sería una pena no mencionar los logros de las mujeres iraníes en el atletismo, especialmente durante un año en el que el país sufrió dos grandes guerras contra potencias imperialistas.»
Solo en el último año, en medio de dos guerras, las mujeres iraníes ganaron 868 medallas en competiciones internacionales, en disciplinas como el voleibol, el balonmano y múltiples pruebas individuales.
El precio de los logros: bombas y misiles
El imperialismo occidental, dice Mona, celebró esos logros bombardeando.
El 28 de febrero de 2025, una nueva arma fue testeada sobre la gente indefensa de Irán. Una bomba explotó en el cielo y esparció 700.000 fragmentos sobre la ciudad de Lamerd mientras las jugadoras de voleibol entrenaban. Doce atletas femeninas fueron asesinadas, mártires, y muchas niñas resultaron heridas o fallecieron.
En la escuela de niñas Shajareh Tayyebeh de la ciudad de Minab, dos misiles Tomahawk acabaron con la vida de 168 niñas y sus profesoras.
El 5 de marzo, en un gesto que Mona califica de profundamente irónico «en apoyo a las mujeres iraníes», Estados Unidos destruyó el estadio cubierto de Teherán, con capacidad para 12.000 espectadores, mediante una serie de ataques con misiles. El complejo, que incluía instalaciones deportivas, academias y residencias de estudiantes, quedó completamente arrasado. Sus principales usuarias: mujeres y niñas.
«Todos estos eventos revelaron el vacío y lo falso de los eslóganes que dicen apoyar a las mujeres.»
Mona no se detiene en el relato del horror por el horror mismo. Lo hace para mostrar una contradicción evidente: los mismos países que dicen defender los derechos de las mujeres iraníes son los que bombardean sus escuelas, sus estadios y sus espacios de vida.
El impacto silencioso de las sanciones
Mona dedica una parte central de su intervención a las sanciones económicas, un régimen que califica como «uno de los más complejos, exhaustivos y multifacéticos del mundo». No se trata de sanciones impuestas por una sola institución, sino de una maraña de medidas internacionales y leyes nacionales de distintos países que, en su conjunto, han paralizado la economía iraní.
Y el impacto, advierte, no es abstracto. Recae con especial dureza sobre las mujeres que han dedicado años a esforzarse por sobresalir en la educación, el deporte, las artes y muchos otros campos.
1. Seguridad laboral y desafíos en el mercado de trabajo
La recesión económica provocada por las sanciones afecta primero al sector privado, los servicios, las pequeñas empresas y los talleres artesanales, áreas en las que las mujeres representan una parte significativa de la fuerza laboral.
- En tiempos de crisis, las mujeres son las primeras en perder sus empleos y las que menos oportunidades tienen en los procesos de contratación.
- Muchas se ven empujadas a la economía informal: venta ambulante, trabajo a domicilio, empleos sin protección legal ni seguridad social.
2. Mayor presión sobre las mujeres jefas de familia
La inflación estructural y la disminución del poder adquisitivo afectan directamente a las mujeres que asumen la responsabilidad financiera y administrativa de sus familias.
- Proporcionar vivienda, ropa y afrontar el creciente coste de la vida diaria ejerce una presión psicológica y física sin precedentes sobre las mujeres que encabezan hogares.
- En estas condiciones surge la inseguridad alimentaria. Las familias de bajos ingresos se ven obligadas a eliminar alimentos nutritivos y proteínas de su dieta; la salud de madres e hijas es la primera en sufrir las consecuencias.
3. Atención médica
Si bien los medicamentos y equipos médicos están técnicamente exentos de sanciones, las restricciones bancarias y las barreras financieras han hecho que la importación de materias primas y medicamentos especializados sea extremadamente difícil y costosa.
- El acceso a medicamentos para enfermedades femeninas como el cáncer de mama y de cuello uterino se ha visto gravemente restringido, y el suministro de equipos de detección se ha interrumpido.
- El aumento vertiginoso de los precios de los suplementos prenatales, los gastos del parto y la leche de fórmula ejerce una enorme presión sobre las familias, especialmente sobre las madres jóvenes.
4. El impacto en la edad de matrimonio de las niñas
En familias de bajos ingresos que sufren una grave presión económica debido a las sanciones, lamentablemente, en algunos casos, esto lleva a que las niñas abandonen la escuela y contribuye al aumento del matrimonio infantil como estrategia para reducir los gastos familiares.
El matrimonio infantil es uno de los temas que los medios occidentales suelen destacar al hablar de Irán. Sin embargo, el papel de las dificultades económicas y la privación cultural —condiciones intensificadas por estas amplias sanciones económicas— a menudo se ignora por completo en estos debates.
El efecto dominó y la complicidad de ciertos discursos
Las sanciones funcionan como un efecto dominó. Primero paralizan la economía general; luego, su impacto más devastador recae sobre los más vulnerables: las mujeres.
Y aquí Mona introduce una de sus críticas más punzantes. Las mismas mujeres educadas que han logrado abrirse camino en la tecnología, la medicina o el emprendimiento son ahora presentadas por el imperialismo occidental como el grupo al que dicen defender a través de iniciativas como la campaña contra el «apartheid de género». Hillary Clinton, menciona Mona explícitamente, ha apoyado e impulsado estos proyectos.
Pero dentro de esos movimientos, dice, apenas se presta atención a los efectos reales de las sanciones sobre las mujeres que buscan independencia y autosuficiencia.
«Estos movimientos afirman que las sanciones debilitan a los gobiernos. Sin embargo, las mujeres emprendedoras y fundadoras de startups —mujeres que en las últimas décadas se han labrado un lugar en el ecosistema tecnológico de Irán gracias a su formación, experiencia y creatividad— se encuentran ahora en la primera línea de la crisis provocada por esas sanciones.»
El impacto de las sanciones en las mujeres emprendedoras y las startups
1. La principal barrera: la falta de acceso a herramientas internacionales (bloqueo tecnológico)
Muchas startups dependen de herramientas globales para su desarrollo, marketing y gestión. Las sanciones tecnológicas, ya sean impuestas por gobiernos o por grandes empresas tecnológicas, han asestado un duro golpe a las mujeres emprendedoras.
- Acceso restringido a servicios en la nube e inteligencia artificial: Plataformas esenciales como Google Cloud, Amazon Web Services (AWS), así como herramientas analíticas y de marketing como Google Analytics y plataformas de desarrollo de IA, han bloqueado las direcciones IP iraníes. Las mujeres emprendedoras a menudo se ven obligadas a invertir grandes sumas de dinero en servidores intermediarios y soluciones alternativas, como servicios VPN dedicados, lo que también aumenta el riesgo para la seguridad de los datos.
- Eliminación de las tiendas de aplicaciones internacionales: La eliminación de aplicaciones iraníes de Google Play y la App Store ha limitado gravemente la capacidad de las startups lideradas por mujeres en los sectores minorista y de servicios para llegar a un público más amplio.
2. La crisis de financiación y la salida de inversores extranjeros
Una startup requiere inversión continua para sobrevivir y crecer.
- A medida que se intensificaron las sanciones, los inversores extranjeros de capital riesgo interesados en invertir en ideas innovadoras desarrolladas por mujeres iraníes se retiraron del mercado iraní.
- Dentro del propio Irán, la inflación estructural causada por las sanciones ha redirigido la inversión hacia mercados tradicionales como el oro, las divisas y el sector inmobiliario. Como resultado, los fondos de inversión nacionales se han mostrado menos dispuestos a asumir riesgos en ideas innovadoras propuestas por mujeres emprendedoras.
Esto ha contribuido a lo que podría describirse como la «muerte de las startups» en su fase inicial.
3. El cierre de los mercados internacionales y los ingresos en divisas
Muchas mujeres emprendedoras han trabajado en áreas como las industrias creativas, el marketing de resultados, el diseño moderno de alfombras y moda, y la consultoría en línea, campos con un gran potencial para la exportación de servicios.
- La crisis de las pasarelas de pago: Debido a las sanciones bancarias, el acceso a sistemas de pago internacionales como PayPal y Stripe es imposible. Como resultado, las startups lideradas por mujeres no pueden atender a clientes internacionales ni generar ingresos en divisas. Su potencial de crecimiento se ve limitado al reducido mercado nacional.
4. Fuga de cerebros y pérdida de equipos de startups
Las mujeres emprendedoras informan que, tras meses de esfuerzo dedicados a capacitar y formar equipos de startups, pierden miembros clave debido a la continua fuga de cerebros. Los presupuestos limitados les impiden competir con salarios en dólares o con grandes empresas internacionales.
La otra cara de la moneda: resiliencia e innovación bajo sanciones
A pesar de todos estos obstáculos, el emprendimiento femenino en Irán no se ha detenido por completo. Por el contrario, estas presiones han dado lugar a un fenómeno que podría denominarse «emprendimiento en tiempos de crisis».
- Localización de herramientas: Las mujeres que trabajan en tecnología han intentado desarrollar alternativas nacionales a las plataformas internacionales sancionadas.
- Enfoque en las economías locales y el marketing directo: Muchas mujeres han adaptado sus modelos de negocio utilizando plataformas sociales nacionales e internacionales, priorizando las ventas directas y las cadenas de suministro locales para reducir la dependencia de las importaciones.
Las sanciones no han mermado la motivación, la creatividad ni la determinación de las mujeres emprendedoras iraníes.
La guerra como continuidad de las sanciones
Mona traza una conexión directa entre la presión económica y la guerra. Las sanciones, dice, sentaron las bases de un conflicto que ha ensombrecido la vida del pueblo iraní durante años.
El 12 de junio de 2025, Israel violó el espacio aéreo de Irán. De las 1.062 personas fallecidas, 700 eran civiles, entre ellas 126 mujeres y 47 niños. Las enfermeras, en su mayoría mujeres, trabajaron turnos extenuantes para atender a los 5.800 heridos.
La creciente inflación y los graves daños a las empresas digitales también socavaron la independencia financiera de muchas mujeres, especialmente de las jefas de familia.
En la Guerra del Ramadán, el conflicto más reciente —conocido en Irán como la Tercera Guerra Impuesta, porque gran parte transcurrió durante el mes sagrado—, solo Teherán fue alcanzada por 650 bombas y misiles, y 13.000 en distintos puntos del país. Cerca de 4.000 personas murieron y 30.000 resultaron heridas. 220 niños perdieron la vida y 1.997 niños y adolescentes resultaron heridos.
Las consecuencias psicológicas, subraya Mona, recaen con toda su fuerza sobre las madres.
Los datos que aporta son abrumadores:
- 170.000 viviendas completamente destruidas.
- 480 instalaciones industriales y manufactureras arrasadas.
- 2.200 unidades de producción dañadas.
- 1.200.000 personas sin empleo, de las cuales 550.000 son mujeres.
A eso se suman docentes, cuidadores de guarderías, empleados de clínicas privadas, trabajadores del comercio minorista y muchas otras personas que han perdido sus medios de vida.
«En tiempos de guerra, la supervivencia se convierte en la prioridad; las expectativas se reducen y los movimientos sociales pasan a ser un lujo en comparación con la lucha por la supervivencia. La guerra transforma todas las reivindicaciones sociales —incluidos los derechos de las mujeres, los trabajadores y los docentes— en preocupaciones secundarias.»
La falsa promesa del imperialismo
Mona no oculta su indignación, pero la expresa con una claridad que trasciende el simple alegato. Ha compartido todos estos datos, dice, para recordar algo que muchos ya saben pero que a menudo se silencia: lo que el imperialismo ofrece bajo el eslogan de apoyo a las mujeres iraníes no es más que un engaño.
El imperialismo occidental sigue justificando la agresión militar y la presión económica presentando a las mujeres iraníes como prisioneras de la tradición y la religión. Pero las estadísticas —las cifras de alfabetización, de participación universitaria, de medallas deportivas, de emprendimiento— cuentan una historia muy diferente.
«Si las mujeres iraníes, libanesas, palestinas, iraquíes, sirias, afganas y yemeníes no hubieran soportado años de guerra, sanciones y presión económica, sin duda habrían participado, junto con las mujeres de otras partes del mundo, en la producción de conocimiento, ciencia e innovación.»
Mona denuncia la obsesión occidental por el hiyab y la vestimenta femenina como un mecanismo de distracción que ignora las raíces históricas, las tradiciones y las diferencias culturales, mientras sirve de coartada para la intervención militar y la financiación de proyectos como el llamado «apartheid de género».
Pero las mujeres no occidentales, enfatiza, no son seres pasivos sin capacidad de acción. Sin depender de la ayuda humanitaria que llega a través de golpes de Estado, bombas y misiles, han forjado sus propios caminos de progreso, moldeados por sus historias, sus culturas y sus entornos.
La resistencia como respuesta viva
La última parte de la intervención de Mona es un testimonio de resistencia viva. Desde el 28 de febrero, cuando el líder iraní fue asesinado en lo que puede describirse como un ataque terrorista en su casa y oficina, junto con miembros de su familia y varios comandantes y asesores militares, las mujeres se reunieron en las plazas de las ciudades todas las noches durante 100 noches consecutivas. Sin descanso. Sin interrupción. Para que el enemigo supiera que, bajo cualquier circunstancia, el pueblo —y especialmente las mujeres— apoya a sus fuerzas armadas y a su gobierno.
A través de puestos y centros comunitarios, mujeres profesionales ofrecieron servicios médicos y educativos gratuitos a sus conciudadanos. Prepararon comida para los niños que asistían a las concentraciones con sus padres. Organizaron juegos y actividades para ellos.
Mona concluye con un símbolo que trasciende las palabras: una bandera, teñida con la sangre de una mujer asesinada en el atentado durante la marcha del Día de Al-Quds, el 13 de marzo. Esa mujer, y todos los que participaron en aquella marcha, sabían que el enemigo podía atacar. Aun así acudieron. Aun así dieron sus vidas.
«Esta es la belleza de la resistencia y el martirio.»
Dos voces, una misma verdad
Cuando el relato de Mai se encuentra con el de Mona —la voz de Palestina y la voz de Irán—, este documento cumple su propósito: ofrecer un testimonio fiel, documentado y respetuoso de dos mujeres que, desde dos experiencias nacionales distintas, comparten un mismo eje temático: el antiimperialismo y la resistencia.
No se trata de fundir sus voces en una sola, sino de ponerlas una al lado de la otra, como se hizo en aquel acto en València el 18 de junio de 2026, para que el lector pueda escucharlas por separado y, al mismo tiempo, comprender cómo dialogan.
Mai habla desde la Nakba, los campos de refugiados, las Intifadas y el cerco sobre Gaza. Mona habla desde las sanciones, las guerras impuestas y la resistencia de las mujeres iraníes frente al imperialismo. Pero ambas coinciden en lo esencial: el imperialismo no libera, oprime. No defiende, bombardea. No escucha, impone.
Ambas denuncian el doble rasero de los medios y los discursos hegemónicos. Ambas reivindican la agencia de sus pueblos. Ambas afirman que las mujeres no son víctimas pasivas, sino protagonistas activas de la resistencia.
Porque, como Mai y Mona han dejado claro, las mujeres de Palestina, Irán, Líbano, Siria, Irak, Afganistán y Yemen no son sujetos pasivos de la historia. Son protagonistas. Y sus voces, aquí recogidas, son un documento de referencia para quienes quieran entender, dentro de unos años, qué se dijo, por qué se dijo y cómo dos experiencias de resistencia encontraron un espacio común para compartir su verdad.

Este texto respeta fielmente el contenido de las intervenciones de Mai Al Bayoumi y Mona Borghei, basado en su guion original y en la transcripción de su ponencia, con el objetivo de ofrecer un relato informativo, riguroso y accesible, sin perder la fuerza ni la profundidad de su mensaje.