El Memorando de Entendimiento que Washington no consigue mantener vivo ni declarar muerto. Pepe Escobar y Zulfiqar Ali en Transition Protocol

En Asia Occidental, la diplomacia parece haberse convertido en un ejercicio singular: Estados Unidos presenta ultimátums, los llama propuestas de negociación y espera que sus destinatarios agradezcan la cortesía. Al menos, así describe Pepe Escobar el estado de las relaciones entre Washington y Teherán. «Los estadounidenses no quieren una negociación. Los estadounidenses quieren una capitulación».
«El MoU de Schrödinger: vivo, muerto y resucitado en bucle»
Desde Teherán, siguen sobre la mesa los siete puntos que Irán plantea como condición para retomar las negociaciones. Y aquí reaparece uno de los recursos irónicos habituales de Escobar: el gato del Memorando de Entendimiento, que pasa de estar vivo a estar muerto y resucita para volver a morir, en un bucle diplomático digno del célebre gato de Schrödinger, aquella paradoja cuántica en la que un animal encerrado en una caja permanece, en términos simplificados, en una superposición de estados hasta que se realiza la observación. Solo que, en este caso, el gato de Pepe, el MoU, no está en un laboratorio, sino en los despachos donde se decide si sigue vivo el espacio para la negociación o si alguien pretende dar por concluida la partida antes siquiera de empezarla.
Este es el escenario que nos presenta el periodista, quien, desde Bangkok y pasada ya la medianoche, comparece en Transition Protocol para desgranar una serie de informaciones procedentes, según afirma, de fuentes próximas a los principales centros de decisión iraníes.
La más delicada concierne a una reunión de alto nivel en Teherán, en la que una fuente de Escobar asegura haber estado presente. La dirección iraní habría autorizado preparativos de guerra que incluyen planes de contingencia ante un eventual ataque nuclear israelí. En ese supuesto, la respuesta contemplaría la destrucción de las instalaciones de Dimona mediante misiles iraníes. Escobar introduce una precisión que no admite equívocos: «Estos planes no significan que Irán ya tenga un arma nuclear o una serie de pequeños dispositivos nucleares». La distinción es fundamental, tanto como la necesidad de recordar que la existencia y el alcance de ese supuesto plan no cuentan, por ahora, con confirmación independiente.
La segunda revelación llega, literalmente, por vía aérea. Escobar asegura que catorce aviones de carga rusos Ilyushin aterrizaron en Irán apenas veinticuatro horas después de la salida de Serguéi Lavrov de Teherán. ¿Qué transportaban? «Un montón de artilugios y juguetes», ironiza el periodista, antes de señalar que sus fuentes hablan de misiles o componentes relacionados con ellos. El contenido de los aparatos no ha podido verificarse, aunque Escobar considera que se trataría de material militar de considerable importancia. Rusia, por su parte, difícilmente facilitaría una lista de embarque para satisfacer la curiosidad de Washington.
Mientras tanto, las monarquías del Golfo parecen haber descubierto por fin las virtudes de mantener conversaciones con sus vecinos. Escobar menciona tres contactos recientes entre representantes de Emiratos Árabes Unidos y dirigentes civiles iraníes, en los que, según sus informaciones, habría dinero de por medio. «Podría ser un pago por protección», especula, antes de traducir la hipotética operación al lenguaje llano, bastante menos solemne que el de los comunicados diplomáticos: «Vale, os pagamos y no nos bombardeáis».
El recorrido continúa por Pakistán, donde las iniciativas de cooperación regional se entrecruzan con las presiones saudíes y la cuestión yemení. Escobar se muestra especialmente mordaz ante la idea de que Teherán pueda dictar a Ansar Alá las decisiones que debe adoptar. Refiriéndose a Mohamed bin Salmán y a quienes le asesoran, ironiza: «Él cree que, porque quienes le asesoran son unos completos imbéciles, Irán coge el teléfono y le dice a Ansar Alá lo que tiene que hacer. Pero no funciona así». La pulla resume una de las tesis que atraviesan su intervención: los actores regionales no son piezas que puedan desplazarse a voluntad desde una capital extranjera, ni sus decisiones responden necesariamente a las instrucciones de un supuesto aliado o patrocinador.
A ese panorama se añaden las informaciones aportadas por el presentador Zulfiqar Ali sobre la reapertura de seis corredores comerciales vinculados a Pakistán e Irán, así como las conversaciones entre Teherán y Tokio para establecer una cooperación económica a largo plazo. De confirmarse, estas últimas podrían tener consecuencias importantes para los suministros energéticos japoneses y la circulación marítima por el estrecho de Ormuz. También aquí conviene distinguir las informaciones atribuidas a fuentes de los acuerdos formalmente anunciados.
Escobar contempla todos estos movimientos como parte de una reorganización de los equilibrios regionales, en la que la preparación militar iraní convive con una actividad diplomática que alcanza a Rusia, China, Pakistán, las monarquías del Golfo y Japón. Frente a lo que denomina «la lógica interna de las guerras perpetuas», identifica una red de relaciones que busca abrir espacios de cooperación al margen de las imposiciones estadounidenses.
La paradoja es difícil de ignorar: mientras unos preparan sus arsenales y otros ensayan nuevas alianzas, la negociación sigue sobre la mesa, aunque nadie parezca ponerse de acuerdo sobre si negociar significa alcanzar compromisos o firmar una rendición con membrete diplomático.
Te recomendamos escuchar la intervención completa y atender a los argumentos de sus protagonistas, Pepe Escobar y Zulfiqar Ali. Porque lo que aquí te ofrecemos es una síntesis de sus planteamientos, pero son sus propias voces, con sus informaciones, sus interpretaciones y sus matices, las que permiten seguir el hilo de un escenario cuya evolución merece toda nuestra atención.
Comité de Apoyo a Irán Iberia, a 25 de octubre de 2026