El liderazgo y el pensamiento del ayatolá Jamenei, desde la perspectiva de las Relaciones Internacionales

«La independencia no equivalía al aislamiento, sino a cooperar sin ceder el derecho soberano a decidir.»

Sirous Soghadi — Especialista en asuntos de América Latina. Publicado por la Agencia de Noticias Irna


Durante casi cuatro décadas, el ayatolá Seyed Alí Jamenei desempeñó un papel central en la definición de la política exterior de la República Islámica de Irán. En este ensayo, Sirous Soghadi examina su pensamiento desde la perspectiva de las Relaciones Internacionales, analizando conceptos como la autonomía estratégica, la resistencia, la disuasión asimétrica, la paciencia estratégica y el multilateralismo contrahegemónico. El resultado es un estudio sobre la concepción iraní del poder, la soberanía y el orden internacional a través de una de las figuras que más profundamente ha marcado la política exterior de Irán en las últimas décadas.

Comité de Apoyo a Irán Iberia 2026

El legado internacional del Líder mártir de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jamenei se sostiene en cinco pilares, la autonomía estratégica, resistencia, diplomacia activa, disuasión asimétrica y multilateralismo contrahegemónico, según un estudio que reivindica su papel como líder de la independencia iraní frente a las presiones de EE.UU. y Occidente. También en este artículo, se evalúa su visión sobre América Latina desde la perspectiva de las relaciones internacionales.

1. La autonomía estratégica como fundamento de la política exterior iraní

En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso

El análisis de la personalidad y del liderazgo del gran ayatolá Seyed Ali Jamenei —líder mártir de la Revolución Islámica de Irán— desde la perspectiva de las Relaciones Internacionales no puede limitarse a descripciones emotivas, ideológicas o biográficas. Para comprender su lugar en la historia, es necesario examinar de qué manera su concepción del poder, las amenazas, la independencia, el orden mundial y la posición de Irán influyó durante varias décadas en la conducta exterior de la República Islámica. Desde esta óptica, el imam Jamenei puede ser definido como el «líder de la autonomía estratégica»: un dirigente cuya preocupación central fue preservar la capacidad soberana de decisión de Irán en un entorno desigual y sometido a la presión de las grandes potencias.

En su pensamiento, la estructura internacional tenía un carácter jerárquico y se sustentaba en una distribución desigual del poder. No consideraba que el orden mundial dominante fuese neutral ni exclusivamente jurídico; lo entendía, más bien, como un sistema en el que las normas, las instituciones, las sanciones, los medios de comunicación e incluso conceptos como los derechos humanos y la seguridad podían ponerse al servicio de los intereses de las potencias hegemónicas.

Por ello, a su juicio, la política exterior no consistía únicamente en administrar las relaciones diplomáticas: formaba parte de una lucha más amplia por preservar la independencia política, económica, cultural y de seguridad de Irán.

Esta visión se aproximaba a la tradición realista de las Relaciones Internacionales, pues atribuía al poder, la disuasión, el equilibrio de fuerzas y la autosuficiencia un papel esencial en la supervivencia del Estado. Sin embargo, su realismo no era meramente material ni se reducía al cálculo de intereses. La identidad islámica, la experiencia histórica del pueblo iraní, la memoria del colonialismo y de las intervenciones extranjeras, así como el principio de respaldo a los pueblos oprimidos, también incidían en sus decisiones. Su enfoque puede entenderse, por tanto, como una combinación de «realismo de seguridad» e «identidad revolucionaria»: realismo al interpretar la lógica del poder y de las alianzas, e idealismo al definir los objetivos y las responsabilidades más allá de las fronteras nacionales.

Uno de los rasgos centrales de la personalidad internacional del imam Jamenei fue su profunda sensibilidad ante cualquier forma de dependencia. Para él, la cuestión no consistía simplemente en que Irán mantuviera relaciones con Oriente o con Occidente, sino en impedir que una potencia extranjera pudiera apropiarse de la voluntad política del país.

La independencia, por consiguiente, no equivalía al aislamiento, sino a cooperar sin ceder el derecho soberano a decidir.

Desde esta perspectiva, la negociación, el comercio y los acuerdos con las potencias mundiales podían resultar aceptables; lo peligroso era hacer depender la seguridad y el desarrollo del país de las garantías ofrecidas por esas potencias.

2. Diplomacia, poder nacional y disuasión asimétrica

El ayatolá Jamenei no rechazaba la diplomacia, pero consideraba que solo podía ser eficaz cuando estaba respaldada por el poder nacional.

En esta concepción, la negociación no sustituía al poder: constituía uno de sus instrumentos.

Un país carente de cohesión interna, capacidad defensiva, progreso científico y recursos de influencia regional se encontraría en una posición de debilidad incluso en la mesa de negociaciones. De ahí que el desarrollo de la capacidad misilística, la defensa autóctona, los avances nucleares, la influencia regional y el respaldo a actores aliados no fueran elementos aislados de distintas políticas, sino componentes de una misma arquitectura iraní de disuasión.

Otro rasgo destacado de su pensamiento fue la «paciencia estratégica». El líder mártir solía evaluar los acontecimientos en horizontes de largo plazo y evitaba las reacciones inmediatas dictadas enteramente por la emoción. Esa paciencia no significaba pasividad; suponía conservar capacidades, escoger el momento adecuado, evitar el terreno diseñado por el adversario e imponerle costos de manera gradual. Este enfoque permitió a Irán responder con mayor flexibilidad y resistencia ante presiones orientadas a provocar una retirada repentina de Teherán o una reacción precipitada y carente de cálculo.

Según la teoría de las Relaciones Internacionales, los Estados suelen recurrir al equilibrio de poder para hacer frente a potencias superiores. Sin embargo, la capacidad económica y militar de Irán no le permitía establecer un equilibrio clásico, en pie de igualdad, con Estados Unidos. La respuesta del líder mártir a esta asimetría fue ampliar la «disuasión asimétrica»: convertir la geografía, las redes regionales, la capacidad misilística, la profundidad estratégica, la posición energética y la capacidad de movilización política en instrumentos capaces de compensar las desventajas materiales.

El objetivo de esta estrategia no era necesariamente derrotar militarmente a una potencia superior, sino elevar el costo de cualquier acción contra Irán e impedir que el adversario pudiera alcanzar una victoria rápida, barata y segura.

3. El Eje de la Resistencia y la cuestión palestina

En ese mismo marco, su respaldo al Eje de la Resistencia no debe interpretarse únicamente a partir de afinidades ideológicas.

Además de su dimensión ética, esta política cumplía para Irán una función geopolítica y disuasoria.

La conformación de una red de actores aliados alejaba la presión de seguridad de las fronteras iraníes, ampliaba las opciones de respuesta y permitía a Teherán influir en los cálculos de sus adversarios sin entrar directamente en una guerra total. En el lenguaje de las Relaciones Internacionales, esa red constituía una modalidad de equilibrio asimétrico y de disuasión distribuida.

En la cuestión palestina también convergían las dimensiones ética y estratégica. El imam Jamenei consideraba que apoyar a Palestina era un deber religioso y humano y, al mismo tiempo, entendía a Israel como parte de la estructura de influencia e intervención de Estados Unidos en Asia Occidental. Por tanto, para él Palestina no constituía simplemente un conflicto local, sino el punto de intersección entre la búsqueda de justicia, la seguridad regional y la oposición al orden respaldado por Washington.

4. Principios permanentes y multilateralismo contrahegemónico

Su perfil internacional correspondía al de un dirigente firme en sus objetivos y prudente y adaptable en la elección de los medios. Mostraba escasa flexibilidad respecto de principios fundamentales como la independencia de Irán, la oposición a la dominación, el respaldo a Palestina y la preservación de la capacidad disuasoria; sin embargo, mantenía abierta la posibilidad de modificar las tácticas. La aceptación de negociaciones en determinados momentos, el apoyo a acuerdos limitados, la ampliación de las relaciones con los países vecinos y una mayor orientación hacia Oriente pueden entenderse en este marco. Los objetivos permanecían, pero los instrumentos podían adaptarse a las circunstancias.

Desde el punto de vista de la diplomacia multilateral, respaldaba la transición hacia un orden multipolar, porque consideraba que reducir la concentración del poder en manos de un solo actor favorecía la independencia de Irán y de otros países en desarrollo. El fortalecimiento de las relaciones con China, Rusia, América Latina, África y las organizaciones no occidentales buscaba ampliar las opciones estratégicas iraníes. No obstante, la orientación hacia Oriente en su pensamiento no debía interpretarse como la sustitución de una dependencia de Occidente por otra de Oriente.

El criterio fundamental era diversificar los vínculos y evitar que cualquier potencia extranjera monopolizara la influencia sobre Irán.

5. América Latina en la visión estratégica de Jamenei

Para el Imam Jamenei, América Latina no era simplemente una región distante de la geografía iraní, sino un escenario relevante de la lucha mundial contra el unilateralismo, la hegemonía y la intervención de las grandes potencias. La concebía como una región integrada por pueblos con profundas raíces históricas, vocación de libertad y una experiencia compartida de colonialismo, dependencia y búsqueda de una independencia efectiva. Venezuela ocupaba un lugar especial en esta visión, porque la relación entre Teherán y Caracas representaba, a sus ojos, un ejemplo concreto de cooperación entre dos países soberanos, más allá de las distancias geográficas, culturales y lingüísticas. No entendía el vínculo entre Irán y Venezuela como una alianza política coyuntural frente a las presiones de Estados Unidos, sino como una asociación estratégica fundada en el respeto mutuo, el derecho de los pueblos a decidir su destino, la defensa de la soberanía nacional y la resistencia frente a las sanciones y la injerencia extranjera. Desde esta óptica, Venezuela era para Irán tanto un socio confiable como un símbolo de la posibilidad de construir un orden multipolar, en el que los países independientes del Sur Global pudieran poner sus capacidades políticas, económicas y humanas al servicio del progreso mutuo, sin quedar subordinados a la órbita de las potencias dominantes.

A juicio del imam Jamenei, la cooperación con Venezuela demostraba que dos países situados en espacios geográficos muy diferentes, pero unidos por una experiencia común de presiones e intervenciones externas, podían colaborar sobre la base de la independencia y de los intereses recíprocos. Dentro de su concepción estratégica, Venezuela formaba parte de la geografía política de resistencia al unilateralismo y constituía, además, una muestra de la capacidad de Irán para establecer una presencia en un espacio que Estados Unidos había considerado tradicionalmente como su esfera de influencia.

6. El legado internacional desde la perspectiva de las Relaciones Internacionales

Un análisis riguroso de este enfoque exige, desde luego, tomar en consideración sus limitaciones y costos. Aunque la política de resistencia reforzó la autonomía decisoria, la capacidad disuasoria y la influencia regional de Irán, también estuvo acompañada de presiones económicas, amplias sanciones, restricciones en una parte de sus relaciones exteriores y una intensificación de la competencia en materia de seguridad. Sus críticos sostenían que los costos de la presencia regional y la tensión prolongada con Occidente habían reducido las oportunidades de desarrollo económico del país. Sus defensores, por el contrario, argumentaban que ceder ante la presión no habría puesto fin a las sanciones, sino que habría expuesto a Irán a exigencias más amplias y a amenazas más profundas para su seguridad.

En consecuencia, la divergencia fundamental en torno a la política exterior del imam Jamenei no se planteaba entre diplomacia y confrontación, sino en torno a la mejor manera de garantizar la seguridad y el desarrollo de Irán dentro de un orden desigual. ¿Una mayor integración en el orden dominante habría reducido los costos, o habría erosionado la independencia y la capacidad disuasoria del país? Jamenei consideraba claramente más peligrosa la segunda posibilidad y sostenía que no podía existir un desarrollo sostenible sin soberanía nacional.

Desde una perspectiva histórica, su principal influencia sobre la posición internacional de Irán consistió en contribuir a la transformación de la República Islámica —hasta entonces un Estado fundamentalmente volcado hacia el interior y ocupado en afrontar las secuelas de la guerra— en un actor dotado de capacidad de influencia regional, recursos de disuasión asimétrica y una extensa red de relaciones extrarregionales. Durante su liderazgo, y pese a las intensas presiones, Irán no pudo ser excluido de las ecuaciones de seguridad de Asia Occidental; muchas decisiones relativas a los acontecimientos de la región no podían adoptarse sin tomar en consideración el papel de Teherán.

Desde la óptica de las Relaciones Internacionales, el legado del imam Jamenei puede sintetizarse en cinco conceptos: «autonomía estratégica, resistencia y diplomacia activa, disuasión asimétrica, paciencia estratégica y multilateralismo contrahegemónico».

Quizá su rasgo más significativo fue no concebir la política exterior únicamente como el arte de adaptarse a las grandes potencias, sino como el arte de preservar la libertad de acción de una nación frente a estructuras desiguales de poder.

Por ello, el imam Jamenei debe ser considerado no solo como un líder nacional, sino también como el arquitecto de una modalidad de actuación internacional que procuraba articular ideales y poder, identidad y seguridad, resistencia y diplomacia, principios permanentes e instrumentos flexibles. Es posible mantener opiniones distintas sobre el grado de éxito, los costos y las consecuencias de este modelo; sin embargo, resulta innegable que, durante varias décadas, su personalidad, su pensamiento y sus decisiones fueron factores centrales en la configuración de la posición internacional de Irán y del equilibrio de poder en Asia Occidental.

Deja un comentario